ERRORES Y FALACIAS HISTÓRICAS DE JOSEPH RATZINGER SOBRE EL ISLAM
ERRORES Y FALACIAS HISTÓRICAS DE JOSEPH RATZINGER SOBRE EL ISLAM
FEDERACION INTERNACIONAL DE ATEOS
J.C. Ãlvarez
El pasado 12 de septiembre, Joseph Ratzinger (alias Benedicto XVI, Papa de Roma) pronunció en Ratisbona un discurso en el que, además de denunciar nuevamente como “impÃos†al racionalismo ateo y al empirismo cientÃfico, lanzó un furibundo ataque contra la religión islámica, presentando en contraste a un cristianismo supuestamente respetuoso con la libertad de conciencia y preocupado por fundamentar racionalmente sus creencias. Para ser justos con el islamismo (aunque uno sea ateo o precisamente por ello), hay que señalar en el discurso del Papa una serie de visiones erróneas sobre el Islam y también sobre el cristianismo histórico, que son errores objetivos y no sólo falsas interpretaciones.
Ratzinger habla de una polémica contra el Islam emprendida por un emperador bizantino, Manuel II Paleólogo, y en este contexto cita el versÃculo 2:256 del Corán: “No existe coacción en la religión”. Ratzinger sostiene que éste fue un verso escrito tempranamente, cuando Mahoma aún no estaba en el poder. Sin embargo, tal afirmación es incorrecta. La Surah 2 es una Surah de Medina, escrita cuando Mahoma ya se habÃa establecido como lÃder de la ciudad de Yathrib (más tarde conocida como Medina o “la ciudad” del Profeta). El Papa se imagina que un joven Mahoma, que vivÃa en La Meca antes de 622 y aún carecÃa de poder, permitió la libertad de conciencia, pero más tarde ordenó que su religión fuera extendida por medio de la espada. Sin embargo, dado que la Surah 2 fue escrita a partir del perÃodo de Medina, cuando Mahoma ya se encontraba en el poder, esa teorÃa del Papa no se sostiene.
Muchos fieles musulmanes afirman que el Corán no dice en ningún punto que la fe religiosa deba ser impuesta por la fuerza. Para probar dicha alegación, estos fieles citan las palabras del Corán sobre las religiones: “[2:62] Los que creen (en el Corán), los que siguen a los judÃos (Escrituras), y los cristianos y sabianos –cualquiera que crea en Dios y en el Juicio Final, y en la honradez del trabajo–, tendrán su recompensa con su Señor; sobre ellos no caerá ningún temor, ni tampoco sufrimiento alguno”. Estos mismos fieles (asà como algunos historiadores laicos) sostienen que la idea de la guerra santa o jihad (entendida como defensa de la comunidad islámica o, en general, como el establecimiento y creación de gobiernos controlados por los musulmanes, antes que como una imposición de la fe por la fuerza a los individuos) no es tampoco una doctrina coránica. La doctrina habrÃa sido elaborada mucho más tarde, en la frontera entre Umayyad y Bizancio, bastante tiempo después de la muerte del Profeta.
El filósofo Michel Onfray, en su Tratado de AteologÃa, dice lo siguiente: “Lo peor de libros como la Biblia o el Corán es que ahà se puede encontrar todo y su contrario, las proclamas de misericordia y la instigación al crimen”. Todos los libros “sagrados†están plagados de incoherencias, contradicciones y sofismas. De cualquier modo, sea o no estrictamente coránica la doctrina de la guerra santa o jihad, e independientemente de cómo se entienda ésta, lo cierto es que en los primeros siglos de expansión del Islam era bastante difÃcil que los infieles fueran aceptados como miembros, y a los cristianos que querÃan convertirse en musulmanes habitualmente no se les permitÃa hacerlo. El tiránico gobernador de Irak, Al-Hajjaj, se destacó por este rechazo a los aspirantes, puesto que obtenÃa impuestos más altos de los no musulmanes.
Lo anterior parece favorecer la tesis de que, aunque la jihad pudiera tener alguna base (contradictoria) en el Corán, la doctrina de la guerra santa propiamente dicha fue elaborada más tarde. En los primeros siglos, al menos, la “jihad ofensiva” se entendió más bien como la necesidad de instaurar y mantener gobiernos musulmanes. Para ello, los pueblos musulmanes no vacilaron en atacar, invadir y someter por la fuerza a otros pueblos, pero por lo general no pretendieron convertirlos en masa al Islam: de hecho, preferÃan no hacerlo ya que cobraban mayores tributos a los vasallos no musulmanes. Los musulmanes árabes conquistaron Mesopotamia, que entonces era en gran parte pagana, zoroástrica, cristiana y judÃa; pero no buscaban convertir, y seguramente no impusieron su religión.
En su discurso de Ratisbona, el Papa intentó demostrar que la coacción de la conciencia es incompatible con la fe auténtica y “razonada”; para ello, utilizó al Islam como un sÃmbolo de la exigencia coactiva de la fe infundada. Pero Ratzinger está engañado por la polémica medieval sobre la que sustenta sus argumentos. Es completamente falso que el Islam haya sido más coactivo que el cristianismo al buscar la difusión y el mantenimiento de sus creencias y al pretender llevar a cabo la conversión de los infieles; de hecho, la realidad histórica fue justamente la contraria. Es igualmente falso que el cristianismo sea racionalista y que el Islam no pretenda siquiera racionalizar sus creencias: tanto el cristianismo como el Islam son creencias irracionales y animistas nacidas de un mismo tronco común, y tanto el uno como el otro han pretendido racionalizar o dar “razón” de sus creencias, apelando a la filosofÃa para construir ese extraño hÃbrido que es la teologÃa, con todos sus sofismas (y aun deliremas) pretendidamente racionales por imitación de la filosofÃa griega. De hecho, el Corán también se muestra favorable a la fe “racionalizada” (en el mismo sentido del cristianismo), y también prohÃbe en ocasiones la obligatoriedad coactiva de la religión. Muchos fieles e intérpretes musulmanes del Corán afirman que la única violencia permitida por éste fue la ejercida en defensa propia de la comunidad islámica contra las tentativas de los paganos de la Meca por eliminarla (en este sentido, no existen demasiadas diferencias respecto a la interpretación que muchos cristianos hacen de su propio libro canónico, la Biblia).
El Papa afirma que, en el Islam, Dios es tan trascendente que se encuentra fuera de la razón y, por lo tanto, no puede esperarse de Él que actúe razonablemente. Ratzinger contrasta este concepto de Dios con el del Evangelio de Juan, donde Dios es el Logos, la Razón inherente al universo. Pero hubo muchas escuelas de teologÃa y filosofÃa islámicas. La escuela Mu’tazilite mantuvo exactamente lo que el Papa dice: que Dios debe actuar conforme a la razón y al bien tal como la gente los conoce. El acercamiento de la escuela Mu’tazilite es todavÃa popular en el zaidismo y en ciertos sectores del shiÃsmo de la clase dirigente iraquà e iranÃ.
La escuela Ash’ari, por el contrario, insistió en que Dios quedaba fuera de la razón humana y, por lo tanto, no podÃa ser juzgado racionalmente. Seguramente el Papa encontrarÃa que Tertuliano, y quizás también Juan Calvino, serÃan más comprensivos que él con esta opinión, dentro del propio cristianismo.
En cuanto al Corán, constantemente apela a la “razón” para conocer a Dios y para refutar la idolatrÃa y el paganismo, y pregunta a menudo: “¿No eres capaz de razonar?”, “¿no lo entiendes? ¿”a fala ta’qilun?). Éste es un ejemplo más de la racionalización tÃpica de todas las religiones monoteÃstas, mucho más parecidas entre sà –dado su común origen– de lo que Ratzinger está dispuesto a reconocer.
Desde luego, el cristianismo tiene una larga historia de imposición obligatoria y violenta de la fe a la gente, incluyendo a los paganos en el Imperio Romano tardÃo, los cuales fueron muy enérgicamente convertidos. Y luego estuvieron los episodios de las Cruzadas, impensables en el mundo musulmán.
Otra ironÃa es que el cristianismo “razonado” y escolástico tiene una herencia importante del Islam. En el siglo X habÃa muy poca escolástica en la teologÃa cristiana. La influencia de pensadores musulmanes como Averroes (Ibn Rushd) y Avicena (Ibn Sina) enfatizó nuevamente el empleo de Aristóteles y Platón en la teologÃa cristiana. De hecho, en cierto momento los teólogos cristianos de ParÃs se dividieron entre los partidarios de Averroes y los de Avicena, y mantuvieron una fuerte polémica entre ellos.
Respecto al emperador bizantino Manuel II Paleólogo, citado por el Papa, hay varias cosas que decir. Los bizantinos habÃan quedado muy debilitados por las depredaciones latinas durante la Cuarta Cruzada, de modo que fue la propia Roma la que en primer lugar buscó la coacción. A Roma le interesaba tanto conquistar Tierra Santa como sojuzgar a la Iglesia Ortodoxa. Manuel II terminó sus dÃas como un vasallo del Imperio Otomano.
Joseph Needham, en su monumental libro Ciencia y Civilización en China, señala que el cristianismo siempre fue más bárbaro que sus rivales –el Islam, el taoÃsmo, el budismo, el hinduÃsmo– porque estas grandes religiones tuvieron siempre un núcleo humanista del que careció el cristianismo, y además pretendieron lograr una nueva forma de unión del ser humano con el mundo, asà como sacralizar la naturaleza y los animales (un tema particularmente fuerte en el Islam, sobre todo en el sufismo, asà como en las religiones hindúes). En cambio, según Needham, el cristianismo nunca pudo salir de sus orÃgenes bárbaros en la superstición y en la magia (o quizás su base judaica chocó de forma tan violenta con el paganismo panteÃsta de las tribus nórdicas que el resultado fue un pastiche amorfo de religión, un chamanismo sin naturaleza).
De acuerdo con la interpretación de Needham, la fe cristiana en la resurrección de los muertos fue siempre vista en el mundo islámico como algo inverosÃmil, anti-natural y absurdo. Este elemento de oscurantismo (la resurrección de los muertos) creaba una división insalvable entre el mundo material y su Creador: Dios aparecÃa como algo completamente distinto y opuesto a la naturaleza, que intervenÃa desde fuera de ella para violar sus leyes. En cambio, en el islamismo, lo mismo que en el budismo o el taoÃsmo, Dios tendÃa a identificarse con la naturaleza. Funcionalmente, la vigilancia inquisitorial sobre tales creencias del cristianismo también explicó la rÃgida ortodoxia y la cruel intolerancia de la iglesia latina en la Alta Edad Media; el monoteÃsmo cristiano creó una cultura europea monolÃtica bastante diferente a la de las prósperas comunidades del mundo árabe y persa, en las que los judÃos, los musulmanes y los cristianos convivieron durante muchos siglos pacÃficamente unos con otros (y con zoroastrianos y hasta con confucianos).
Según Needham, la tendencia humanista presente en el islamismo y en las religiones orientales, junto con su interés por la sacralización de la naturaleza, explica el gran florecimiento de la filosofÃa, las letras y las ciencias en el Islam y en China durante la Edad Media (frente al oscurantismo y la barbarie de las comunidades cristianas), pero curiosamente también darÃa cuenta de su estancamiento definitivo. Cuando el monje Roger Bacon y otros importaron a Europa la ciencia china e islámica (que fue la base para el progreso técnico-cientÃfico europeo), una de dos cosas se veÃa como históricamente inevitable: o bien la Iglesia Católica destruirÃa la ciencia, que tras la confirmación definitiva del heliocentrismo de Copérnico por Galileo se habÃa convertido en enemiga declarada de la ortodoxia; o bien se producirÃa un divorcio mutuamente acordado entre la iglesia y la ciencia. Al final sucedió lo último. La gran cesura moral, filosófica y teológica de la iglesia latina (la separación radical entre Dios y Naturaleza y la total desacralización de ésta, junto con la separación entre la religión y la ciencia) explicarÃa por qué la ciencia plenamente desarrollada fue posible en el occidente cristiano, pero no en China ni en el mundo islámico, que no se decidieron a “profanar” la naturaleza. Los chinos y los islámicos siguieron siendo pre-cientÃficos ya que no llevaron a cabo la separación entre religión y ciencia, pero en Europa la desacralización del mundo natural y el divorcio entre la Iglesia y el Estado permitieron que las ciencias adoptaran su forma moderna y baconiana. Y con el progreso cientÃfico-tecnológico vino el desarrollo de las fuerzas productivas y la sustitución de las relaciones de producción feudales por las capitalistas.
Asà pues, el Papa se ha equivocado en muchos hechos básicos, por lo que deberÃa retractarse de sus palabras.
BIBLIOGRAFÃA:
-Historia de la filosofÃa islámica. Corbin, Henry. Editorial Trotta S.A., 2000.
-Sufismo: una introducción esencial a la filosofÃa y la práctica de la tradición mÃstica del Islam. Ernst, Carl W. Ediciones Oniro S.A., 1999.
-El Islam, historia, presente y futuro. Küng, Hans. Editorial Trotta, S.A., 2006.
-Tratado de AteologÃa. Onfray, Michel. Editorial Anagrama S.A., 2006.
-Cubriendo el Islam: cómo los medios de comunicación y los expertos determinan nuestra visión del resto del mundo. Said, Edward W. Editorial Debate, 2005.
-Lo que Europa debe al Islam de España. Vernet, Juan. El Acantilado, 2006.
-Cien preguntas sobre el Islam. VV.AA. Encuentro Ediciones S.A., 2006.
http://www.federacionatea.org/documentos/jcalvarezerrorbenito230906.htm
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Tags: Benedicto XVI, F.I.D.A., Iglesia Católica, Islam
Diciembre 7th, 2011 at 8:00
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