LEERÃ RATZINGER NUESTRO OBSERVATORIO ATEO?
Domingo 7 de enero de 2007
El cardenal llegará hoy a Roma para reunirse con Benedicto XVI y sus colaboradores; la situación social, tema de la agenda
Tres de los cuatro integrantes de la conducción del Episcopado argentino se entrevistarán desde hoy, en Roma, con el Papa y con sus principales colaboradores.
El propósito de la reunÃón será darle fluidez al diálogo para armonizar criterios pastorales relativos al papel de la Iglesia en la sociedad.
El cardenal Jorge Bergoglio encabezará esta inusual visita, la primera de la cúpula argentina desde que Benedicto XVI tomó el timón de la Iglesia.
Entonces el encuentro se producirá en un momento en que la relación de la Iglesia argentina con el gobierno de Néstor Kirchner no es la mejor: los recelos y las sospechas entre el Presidente y el cardenal provocaron un corte virtual en la comunicación.
Los vicepresidentes primero y segundo del Episcopado, monseñores Luis Villalba (Tucumán) y AgustÃn Radrizzani (Lomas de Zamora), y el secretario general, Sergio Fenoy, recientemente designado obispo de San Miguel, se adelantaron por un par de dÃas a Bergoglio.
Aunque sobradamente explicable desde la perspectiva propia de la vida de la Iglesia, fuera de las quinquenales que canónicamente deben realizar todos los obispos a la Santa Sede, no hay antecedentes de una visita colegial como la que la Ejecutiva decidió hace meses y puso en conocimiento del conjunto de los obispos para recoger opiniones y criterios que serán expuestos en la ronda de entrevistas que mantendrán en los diferentes dicasterios.
Se entiende que este paso que lleva el sello del cardenal Bergoglio cobre especial significación para los medios católicos que, no obstante el exagerado empleo del secreto, conocen de qué modo durante el último perÃodo del pontificado de Juan Pablo II -cuando la curia vaticana amplió aún más su peso en el gobierno- crecieron los chisporroteos entre la jerarquÃa argentina y la poderosa SecretarÃa de Estado, a cargo entonces del cardenal Angelo Sodano.
Algunos cortocircuitos son de larga data, como los de raigambre pastoral o de estilo en el ejercicio del servicio episcopal. Otros afloraron ostensiblemente con ocasión del nombramiento de algunos obispos, cuando las propuestas entregadas por la Conferencia Episcopal por medio de la Nunciatura no siempre fueron tenidas en cuenta.
Orientada a recomponer el diálogo y a aunar criterios, la gestión episcopal sin precedente se produce cuando Benedicto XVI ya ha iniciado los cambios en su elenco de colaboradores en el gobierno de la Iglesia, entre ellos la designación del cardenal Tarcisio Bertone como secretario de Estado, un salesiano bien conocido por Radrizzani, que también pertenece a los religiosos fundados por Don Bosco.
Bertone será de los primeros interlocutores de los obispos argentinos que durante más de una semana recorrerán varias congregaciones, en dos de las cuales, cuando menos, Bergoglio se encontrará con otros dos cardenales con los que mantiene una cordial y amistosa relación: el italiano Giovanni Battista Re y el brasileño Claudio Hummes.
La relación con Kirchner
La decisión y las gestiones en Roma merecerán enfoques y juicios más politizados, que pondrán como telón de fondo no sólo la relación con la curia sino también la de los obispos con el Gobierno y más aún la ostensiblemente recelosa y cargada de mutuas sospechas que mantienen el presidente Kirchner y el cardenal Bergoglio.
En ese mar de prejuicios naufragó hace pocas semanas el último intento de concretar una visita de la comisión ejecutiva de la Conferencia -la misma que ahora estará por casi dos semanas en el Vaticano- a la Casa Rosada, como lo informó LA NACION.
Recogiendo la voluntad mayoritariamente expresada en la asamblea realizada en noviembre en Pilar, favorable a solicitar una audiencia al Presidente, la conducción episcopal hizo a principios de diciembre una visita protocolar a la Corte Suprema y gestionó entrevistas con los titulares de ambas ramas del Congreso, el vicepresidente Daniel Scioli y el diputado Alberto Balestrini.
El secretario de Culto, Guillermo Oliveri, que mantiene un fluido y permanente diálogo institucional con la Conferencia, supo por monseñor Fenoy que los obispos tenÃan tomada la decisión de completar esa ronda con una visita a Kirchner, pero no asignó el carácter de pedido formal a esa comunicación.
En rigor, hace ya tiempo que el Presidente y el cardenal parecen jugar a las escondidas y que en sus respectivos entornos se mueven y aconsejan tanto quienes procuran tender puentes y facilitar el diálogo como quienes estimulan los prejuicios y azuzan la confrontación.
AsÃ, una vez más, pudieron más estos últimos y ganaron los recelos y las sospechas.
No faltaron los que alentaron la idea de que el pedido de audiencia a la Casa Rosada nunca llegarÃa y que deliberadamente se habÃa dejado a Kirchner para el final.
Esa interpretación fue la que dejó sin respuesta las llamadas que se hicieron desde el Episcopado a los despachos de Scioli y Balestrini para concertar la visita. Uno y otro, presos de las suspicacias, optaron por descolgar los teléfonos antes que aparecer desairando al Presidente.
También por teléfono fue el cordial saludo navideño del embajador Oliveri al cardenal, pero ninguno hizo mención de la entrevista frustrada. En los dÃas finales del año, quien sà pidió audiencia y accedió al despacho de la Casa de Gobierno fue el nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini, para entregar al presidente Kirchner copia del mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz.
Lo cierto es que obispos que habÃan despejado sus agendas a la espera de que se concretara la ronda de visitas, cuando sobrevino la pausa navideña aún se preguntaban qué habÃa ocurrido; por qué, finalmente, habÃan cerrado el año sin quebrar la imagen de distanciamiento con el Gobierno.
Quizás en los diálogos que menos urgidos y a la distancia mantendrán desde hoy en Roma encuentren la respuesta.
Por José Ignacio López