Archive for Enero, 2008

Mendoza: Habrá una oficina de enlace con las iglesias

Viernes, Enero 25th, 2008
Fuente: Diario Los Andes Sección: Política
Fecha del Articulo: 06-11-2007
Celso Jaque se autodefine, sobre todo, como un hombre de fe. Y por eso ahora que será gobernador quiere llevar esa convicción a las decisiones políticas. Una de las innovaciones que quiere introducir el malargüino en el Gobierno es incluir dentro del organigrama provincial una oficina encargada de la relación con las religiones.
La idea de Jaque es tener llegada directa a los referentes de los distintos credos para consultarlos sobre sus políticas (como la educativa y la social) antes de ejecutarlas. Incluso tiene pensado delegar algunas responsabilidades en las iglesias. “Voy a trabajar mucho con las iglesias, vamos a ver cómo instrumentamos dentro del Estado un lugar para trabajar con todos los credos. Los voy a consultar en las políticas”, explicó Celso Jaque. Aún no hubo contacto oficial entre las iglesias y Jaque luego de las elecciones, aunque se espera que el mandatario electo se reúna con el arzobispo José María Arancibia y los pastores evangélicos luego de su regreso de Buenos Aires. Sí hubo reuniones previas al 28 de octubre con varios sacerdotes y con los principales pastores evangélicos. Allí, Jaque no sólo presentó su plan de gobierno ante los religiosos, sino que también manifestó su deseo de incorporar su visión de los temas al gobierno. De esa manera Jaque intenta cambiar el rumbo en la relación con los credos, luego de que el actual gobernador, Julio Cobos, llegara al final de su gestión con algunos roces. Es que la relación entre el Gobierno y las iglesias, especialmente la Católica, ha sentido fricciones en los últimos tiempos. Cobos también es un hombre cercano a la religión. Pero mientras se volvió mas “político”, esa relación se resintió, sobre todo cuando se cruzaron opiniones sobre temas de coyuntura. De manera automática las iglesias cobraron más protagonismo. Este año varios sacerdotes encabezaron y encaminaron algunos de los reclamos por la inseguridad. Y de cara a las elecciones se organizaron foros y hubo duras críticas de parte de la cúpula de la Iglesia Católica con respecto al panorama político de Mendoza. Allí se produjo el último enfrentamiento entre el gobernador Julio Cobos y monseñor Arancibia. La cuna evangélica Jaque aparece con un perfil más cercano. Entre las políticas que serán consultadas con las iglesias está la educativa y la de salud reproductiva. Pero también delegará algunas de las responsabilidades de Desarrollo Social. La religión atraviesa todo para el justicialista. Sus padres son evangélicos y desde chico estuvo cerca de ese credo. Pero el gobernador electo se casó por la Iglesia Católica (la ceremonia fue en San Nicolás) y participa de esa religión junto a su esposa e hijas. De igual manera dice que “habla con todos”. También por eso al hablar de religión siempre lo hace en plural y no sólo direccionando su mensaje a los católicos. “Soy de los que tienen mucha fe, pero no de los que va permanentemente a misa. Creo en Dios, soy cristiano. Tengo cosas en las que creo y las hago en forma permanente, como la oración”, asegura. La relación entre el nuevo gobierno y los credos podría concretarse en una dirección o coordinación de culto. Aunque también podría armarse un consejo. En Mendoza, los distintos credos tienen un espacio de encuentro común en el Consejo Interreligioso. Allí hay representantes de la comunidad católica, de la evangélica, de la judía y de la musulmana. “Vamos a trabajar mucho con las iglesias, siendo intendente trabajé mucho con ellas, con todas”, aseguró Jaque. “Si es así, está sosteniendo lo que dijo antes de las elecciones. Sería muy bueno que nos consulten y nos tengan en cuenta, porque las iglesias evangélicas han crecido mucho en Mendoza. Creo que podemos aportar en temas relacionados con educación, servicios públicos y seguridad. Hay muchos trabajos que ya los estamos haciendo sin que trascienda demasiado”, explicó, ante la consulta de Los Andes, el pastor Eduardo Bresci, presidente de la Asociación Social de Pastores Evangélicos.
Comentario
Los obispos analizan pedir una audiencia con Cristina Un centenar de obispos argentinos iniciaron ayer en Pilar su segundo y último plenario del año, durante el que analizarán la futura relación con la presidente electa, Cristina Fernández de Kirchner. Una de las principales decisiones que podría tomar el plenario sería instruir a su “mesa chica”, que encabeza el cardenal Jorge Bergoglio, para que solicite una audiencia con Cristina, para presentarle sus saludos luego de su triunfo en los comicios. La eventual decisión constituiría una fuerte señal de distensión con el kirchnerismo. En la misa de apertura de las deliberaciones, Bergoglio no hizo ninguna alusión directa a la relación con el Gobierno, sino que, previsiblemente, se ciñó al carácter religioso de la homilía. No obstante, efectuó una serie de sugestivas citas evangélicas relacionadas con el perdón, el diálogo y el encuentro.

¿Ciencia vs ética? Cuando en el debate se va la vida.

Jueves, Enero 24th, 2008
23/01/2008 07:33  

http://www.derf.com.ar

| Fuente:  23 de enero de 2008 Infobae-ei

El nacimiento de la beba española para favorecer el tratamiento contra la leucemia de su hermana encendió la polémica.
“Si pudiera salvar a un hijo y eso implica manipular células lo haría”, dijo un profesional consultado por Infobae.com.
El caso se dio a conocer al mundo esta semana. La pequeña Erine Cabrera tiene cuatro años y padece leucemia. Sus padre decidieron traer al mundo a Izel, su hermana, que nació para ser la donante de células madre provenientes de su cordón umbilical.

“Es un tema de debate; hoy la ciencia permite que una pareja que tiene riesgo de descendencia anómala pueda seleccionar un embrión sano y hacer que se convierta en su hijo”, explicó a Infobae.com el doctor Román Bayo, médico hematólogo y director médico de Matercell, el primer banco de células madre de cordón para uso propio de América del Sur.

El banco funciona en el país desde octubre de 2003 y su puesta en funcionamiento fue posible luego de que el profesional contara con un largo antecedente en trasplante de médula ósea.

“La sangre de cordón me pareció que era la fuente del futuro de provisión de células para trasplante”, contó Bayo, quien agregó que no tuvo demasiadas posibilidades de armar un banco público hasta pares suyos advirtieron que “estos bancos funcionaban en el ámbito privado” y lo desarrollaron.

Consultado acerca de las controversias que este tipo de procedimientos genera respecto al “uso” que se hace de la ciencia, el profesional destacó: “Si la ciencia permite –por ejemplo- cortar una cadena de transmisión anómala y que nazca una persona sin problemas es más que positivo”.

“Creo que lo que no está bien es no hacerlo si existe la necesidad de los padres de mejorar su descendencia”, destacó el profesional, quien preguntó: “¿Seleccionar un embrión para darle a un niño enfermo la chance de salvarle la vida, está mal?”

Para Bayo, otro tema a tener en cuenta será “cómo se sentirá el niño traído al mundo para salvar a su hermano”, por lo cual los padres deberán estar preparados para responderle –por ejemplo- cuando el menor se pregunte si lo querían a él o ansiaban tanto el bienestar del otro que fueron capaces de traerlo al mundo para salvarlo.

“Si yo tuviera un hijo gravemente enfermo y podría salvarlo lo haría aunque eso implique manipular células”, aseguró el médico sin dudarlo, a lo que agregó que “una persona no es un conjunto de células”, por más que le queramos dar esa categoría. Y explicó: “un embrión tiene la potencialidad de transformarse en persona, pero no lo es, a diferencia de cuando es feto que sí ya tiene vida”.

En ese sentido, Bayo consideró que “lo que uno no tendría que hacer es dañar; crear un feto para hacer uso de su hígado y después descartar el individuo me parece espantoso, pero si elijo entre un conjunto de células amorfas que no tienen sensaciones ni nada que se le parezca las más adecuadas para llevar adelante la generación de una persona completa no me parece mal”.

“Si no hay donante para mi hijo enfermo, ¿voy a dejarlo morir?”, insistió el profesional.

Por qué guardar células madre
Bayo observó que hace unos años, “la gente conserva las células madre porque tiene expectativas; porque saben que es importante y que la importancia va a ser más con el tiempo”.

“La utilización de células de cordón para regenerar células de medula ósea no es la mayor”, comentó el hematólogo, quien destacó que “la posibilidad de regenerar tejidos en general (cardiaco, renal, hepático) es la que más interesa”.

“Lo primero que se supo en la materia es que en la médula había células capaces de regenerar médula ósea y que tomando una porción pequeña de médula y trasplantándola a otra persona, ésta recuperaba su función de fabricar sangre”. Así fue que empezaron los trasplantes de medula ósea en los años ´60.

Así funcionaron las cosas hasta que se descubrió que ésas células eran “capaces de transformarse en otra cosa y que podrían servir no sólo para regenerar medula ósea sino tejido que podría ayudar a revertir una serie de patologías”.

“En la práctica, hay pocas personas que necesitan regeneración de medula ósea, en cambio muchas que necesitan regenerar tejidos neurológicos, cardiológico, endocrinológicos”, dijo Bayo quien concluyó: “La célula autóloga (la de la propia persona) es la mejor que puede recibir un ser humano, si es sana y funcional, por lo que si se la guarda es posible que sirvan para regenerarnos en el futuro y mejorar un estado de salud”.

El procedimiento
Tras el parto, se guarda la sangre del cordón umbilical, la cual se “recolecta en una bolsa similar a las de donación, con anticoagulante e identificada con código de barras”.

Luego se la lleva al laboratorio, donde, además de ver la calidad de la muestra, (a veces es escasa y no se congela porque no va a servir) se cuentan las células y se ven las características, al tiempo que se eliminan la mayor cantidad de glóbulos rojos y plasma.

“En el país tenemos una técnica estandarizada con la utilizada en los bancos de los EEUU”, puntualizó Bayo.

Brasil: la hora de los pentecostales

Jueves, Enero 24th, 2008

Por Luis Esnal

Corresponsal en Brasil

El censo de 2000 indicó que en Brasil hay unos 130 millones de católicos. Pero si se busca entender las tendencias de la fe y sus relaciones con el poder político en Brasil, es hacia las religiones neopentecostales que se debe dirigir la mirada.

El presidente Luiz Inacio Lula da Silva fundó el Partido de los Trabajadores hace 26 años con la participación activa de la Iglesia Católica, muy identificada entonces con la Teología de la Liberación. Al terminar su mandato de cuatro años, la Iglesia muestra un tono crítico en relación a Lula, mientras que las religiones neopentecostales se transforman en un firme respaldo en el Congreso y una fuente de votantes: en los últimos cuatro años creció el 59% el apoyo a Lula entre quienes se dicen seguidores de esas religiones.

Según el último censo, casi el 16% de los brasileños se declaran evangélicos. Y la percepción de que los cultos neopentecostales están en alta es evidente en el espacio electoral televisivo durante los 40 días que anteceden a las elecciones: una multitud de candidatos a legisladores se presentan a la audiencia como “obispo”.

Además, no se puede pasar por alto el hecho de que el mayor partido de izquierda de América latina llegó al poder con un vicepresidente -José Alencar- que representa al Partido Liberal, el partido político de la Iglesia Universal del Reino de Dios, del obispo Edir Macedo. Alencar, que se pasó al Partido Republicano Brasileño (PRB, también vinculado a la Iglesia Universal), será otra vez en octubre próximo compañero de fórmula de Lula.

En Brasil no sólo existen partidos vinculados con las máximas autoridades de las religiones mencionadas. Los demás partidos tienen sus propios “bloques” y dirigentes identificados con religiones evangélicas, como una forma de no perder espacio en esos sectores. De hecho, en el Congreso estas corrientes -Iglesia Universal del Reino de Dios, Asamblea de Dios, Sana Nossa Terra Dios- se transformaron en un factor de poder que define votaciones. Son 61 diputados en total, o poco más del 10% de los 550 diputados. Si bien supuestamente la mayoría de los demás legisladores podría ser identificada con el catolicismo, en realidad apenas 91 de esos parlamentarios se identifica con esa religión en forma militante. Y éstos no votan en bloque, como lo hacen los neopentecostales, que adquieren así un mayor peso de negociación.

Ese peso es lo que fomenta el crecimiento de las nuevas iglesias. A cambio de apoyo político, las religiones evangélicas obtienen licencias para radios, concesiones de canales de TV en el interior, y personerías jurídicas que confieren legitimidad a cultos que son, en muchos casos, vías de enriquecimiento de sus “dueños”.

El caso emblemático es la Iglesia Universal. En Brasil ya controla más de 70 emisoras de TV en todos los Estados, más de 50 radios, un banco, varios diarios y tiene casi 3500 templos. Posee además aviones para transportar a sus obispos, siempre de traje y rodeados de guardaespaldas.

La Rede Record, que hoy disputa el segundo lugar en la audiencia -detrás de la TV Globo- es la empresa líder del grupo y factura poco más de 1000 millones de dólares al año.

En época de elecciones, como la actual, no hay político capaz de rechazar el apoyo de semejante conglomerado mediático, así como no hay quien se atreva a enfrentarse a un adversario tan poderoso. Es más, nadie se atreve a enfrentar o cuestionar la estrecha relación entre religión, negocios y política que parece guiar a muchos de los cultos neopentecostales, cada vez con mayor poder político. Religión y Estado, en Brasil, nunca estuvieron tan cerca desde la declaración de la Independencia.

Los poetas contra la secularización y la idolatría de los objetos

Martes, Enero 22nd, 2008

Dos poetas de la misma generación dialogan acerca del género que han consagrado sus obras. Rafael Oteriño interroga a Santiago Kovadloff, que aporta además su visión de filósofo, sobre la experiencia poética, la presencia de la tradición y las nuevas generaciones de escritores

Sábado 19 de enero de 2008
http://adncultura.lanacion.com.ar/

Tratándose de un escritor que ha hecho su obra en filosofía y poesía, se impone una primera pregunta:

¿cuál es la frontera entre ambas?

-La respuesta, a mi entender, no debe remitir primeramente a algo sino a alguien. ¿A quién puede darle la poesía lo que la filosofía no le puede dar? ¿A quién puede darle la filosofía lo que la poesía no le puede dar? Creo que cada uno de nosotros está llamado a hacer una experiencia determinada de la hondura o de la belleza (para mí, se equivalen) según sus personales recursos perceptivos. A veces, en la poesía primordialmente; a veces, en la prosa de ideas. A veces, en ambas. A veces en ninguna de ellas y sí en otro campo.

Siempre concebí los géneros literarios como registros tonales orientados, de distinto modo, hacia un mismo fin. El del ensayo filosófico busca, a su manera, lo mismo que el de la poesía y no constituye, por lo tanto, una propuesta antagónica a ésta. En la medida de mis fuerzas, trabajo en ambos campos según prepondere, en mi deseo de escribir, el dictado de uno u otro registro tonal. Pero siempre con la impresión de estar obrando con el propósito de sostener la experiencia de la imponderabilidad última de lo real por sobre cualquier otra cosa.

-¿Suscribirías la aserción de que la poesía es un modo de conocimiento? Y en tal caso, ¿de qué conocimiento?

-Yo lo veo así: creo que la poesía no ensancha el campo del conocimiento, si por tal campo se entiende el de los objetos que son materia de discernimiento racional, en lo que hace a su estructura y a su comportamiento legal. Si, en cambio, entendemos el campo de conocimiento como campo de afirmación y producción de valores subjetivos e intersubjetivos, creo que la vivencia poética posibilita una aprehensión y una expresión incomparables de los mismos. Lo real como valor encuentra en la poesía un recurso formidable de conocimiento. Pero este conocimiento no se mide ya por su consistencia objetiva sino por su intensidad afectiva.

-¿Cómo nace, en tu caso, un poema? ¿Cuál es el proceso? Parto de que le das un papel trascendente a la inspiración.

-El punto de partida casi siempre es una imagen inscrita en un ritmo. Rara vez una palabra. En mi caso, el comienzo es casi siempre visual. Algo veo que termina desencadenando un pensamiento viviente. Ese “algo veo” remite a lo que posibilita su aparición. La inspiración disuelve o arranca esa pátina de previsibilidad que inmoviliza lo real en un solo significado.

-¿Y cuándo aparece el sentido del poema? ¿Aparejado a la imagen o durante la escritura? ¿O escribís para saber cuál es el sentido? ¿Corregís mucho?

-Una vez anoté esto: “No escribo para decir lo que pienso sino para llegar a saber lo que quiero decir.” Voy en busca del sentido entendido como fondo, como instancia última de la enunciación de una vivencia. Pero trato de que ese sentido no se configure como conclusión sino como atmósfera de todo el texto. El poema no enseña porque explique sino que educa porque ilustra. Ejemplifica algo que pide reflexión. Al poema lo desencadena un impacto. La inteligencia no ha mediado aún cuando ese impacto se produce. Interrogo luego las imágenes que se me imponen. Mi poesía, creo, consiste en esa interrogación. Por supuesto: corrijo mucho. Sé que soy un escritor porque corrijo. No sé escribir, sé corregir. La espontaneidad me evidencia mi ineptitud. Escribo mal porque me repito, me imito, me encierro fatalmente en un repertorio de recursos que alguna vez conquisté y que ya están anquilosados. Hay en mí una pobreza constitucional contra la que combato mediante el trabajo. Escribir significa para mí aprender a sentir y a pensar.

-¿Hay alguna tradición literaria de la que te sientas continuador? ¿Reconocés en tu formación la huella de algún maestro?

-El rasgo distintivo de mis maestros es su coetaneidad en mí. Están lado a lado; no se preceden, no se suceden. Son simultáneos en mi veneración y en mi gratitud. No le debo menos a Dante que a Ricardo Molinari. No le debo más a Carlos Drummond de Andrade que a Horacio.

En cuanto a si hay una tradición literaria de la que me sienta continuador, diría que me agradaría que así fuese aunque no puedo asegurar que lo haya logrado. Es la que veo nacer en y con la poesía de Catulo. Es la de los poetas y pensadores (Heráclito, el primero) que descubren la presencia del misterio máximo en las realidades mínimas, lo extraordinario en lo ordinario. Es la de los poetas y pensadores atravesados en su discursividad diaria por el enigma del tiempo, enigma que encarnamos.

-Dice J. Brodsky que los grandes poetas hablan con el lenguaje mismo antes que con la gente. ¿Suscribís la idea?

-El poeta, me parece, no se dirige “a la gente” así, en plural. No se dirige a un público, a un auditorio. Se dirige a alguien, siempre en singular, siempre en la intimidad, siempre a solas. Más radicalmente: el poeta no escribe para alguien, escribe por algo. Por algo que en él ha cambiado de significación. Poeta es aquel que acusa el impacto de ese cambio mediante la urgencia de escribir. Ya se sabe: el poeta embiste contra cierta comprensión cristalizada mediante otra que, inédita hasta allí, lo convoca a hablar. Como se ve, lo primero no parece ser la necesidad de hablar con alguien, sino la de hablar sin más; la de manifestarse.

-Comenzaste escribiendo una poesía de enunciación directa, de algún modo objetivada, que se elevaba desde las ideas, pero en los últimos libros has ido acentuado una expresión, diríamos, más emocional, tributaria de la imagen y de los efectos musicales del verso. ¿Vendrían estos extremos a dar respuesta a la pregunta por los límites y campos de acción de poesía y filosofía?

-La filosofía no conoce: desconoce. Aprende y enseña a desconocer. Conocen las ciencias. El movimiento de la filosofía no es el de acercamiento sino el de distanciamiento. La filosofía se aleja de las cosas entendidas como elementos familiares. Ella quebranta toda familiaridad. Es una pregunta en carne viva.

-Extraigo, entonces, de tus palabras que poesía y filosofía confluyen, efectivamente, en una tarea de deconstrucción, vaciamiento de certezas. Pero siempre se ha hablado de un arte de la poesía; ¿queda éste referido sólo a sus aspectos formales o también estos aspectos desaparecen?

-Ha caído el artificio pero el arte no ha desaparecido en la medida en que ese lenguaje es expresivo, porque aporta una experiencia de lo bello. Lo bello no es espectáculo. Lo bello es lo liberado de intrascendencia por obra del decir. La belleza es liberación significativa o semántica de lo que yacía sepultado por la apatía.

-¿Ello explica el abandono generalizado que se ha hecho de las formas canónicas (también llamadas preceptivas en los cuadernos escolares), hasta el punto de convertir el verso regular poco menos que en un anacronismo?

-No sabría explicar satisfactoriamente por qué las formas canónicas cayeron en desuso. Presiento que hay allí algo que remite al tono que debe ganar una voz para imponerse como creíble. Así como en algún momento de la historia, la diferencia estricta entre el latín literario y el vulgar se disolvió en las lenguas romances, así también en cierto momento lo poético dejó de estar primordialmente asociado a cierta metrificación dogmática y a cierto léxico estricto. Creo, sin embargo, que la indiferencia actual hacia las formas canónicas linda con la ignorancia y priva del acceso a la riqueza de propuestas realizadas a lo largo de casi ochocientos años.

-¿Hay algún poema tuyo del que te sientas verdaderamente feliz?

-Sí. “Hombre en la sinagoga” me brinda esa felicidad. Igualmente me la brinda un texto en prosa: “Mi casa, esta mujer”. También, “Hermano Hugo” y, por supuesto, mi último poema, que es otro siempre y cuyo fulgor, hoy excepcional, tiene los días contados.

-Tengo presente un poema particularmente dramático “Hora libre” del poemario Ben David en el que planteás la condición de la persona como contacto con el otro. Te invito a reflexionar sobre ello.

-Para que el lector de estas líneas nos entienda sugiero transcribir el poema del que hablás.

HORA LIBRE

No ha venido mi alumno de las cuatro.
Solo frente al ventanal,
veo cantar y combatir a los gorriones
en las ramas de noviembre;
pasos tenues cruzan la calzada,
un silencio cordial acuna al barrio.

Solo frente al ventanal,
me abrazan de pronto las tristes evidencias
que arroja la falta de mi alumno de las cuatro:
mi nombre es una puerta que no conduce a nada;
había una vez un hombre debajo de este nombre;
detrás del nombre o dentro de él había una fragancia,
digamos cierta claridad; una o dos ideas como torres
que los días fueron horadando
hasta hacer de la piedra un hábito vacío.

Como un náufrago inminente que busca su madero,
ruego que no falte
mi alumno de las cinco.

Soy buberiano. Creo que ingreso a lo real a través del encuentro con quien, mediante su hospitalidad, me significa como prójimo. Al no venir, “mi alumno de las cuatro” ha impedido no sólo mi encuentro con él sino también conmigo mismo. No sólo ha faltado él. Con él, hemos faltado los dos.

-Has hablado del escritor como hombre de fe (”La fe literaria”, en Sentido y riesgo , pág.158). Voy más allá y te pregunto si en esa fe está contenido tu contacto con lo divino.

-Tal como yo la entiendo, la poesía lucha contra la secularización radical que es manifestación de un empecinamiento demoníaco en lo literal. En lo literal en desmedro de lo metafórico. Ser literal es estar enajenado en los objetos presuntamente desprendidos del lenguaje: idealizados e “idolizados”. La poesía lucha contra esa enajenación, contra esa idolatría. Pero lucha también contra una lectura de lo sagrado que pretende prosperar a expensas de este mundo concebido como fuente eminente de alegrías primordiales, del inconsciente -expresión de la revelación más alta- y de la finitud, a los que se pretende entender, sin embargo, como castigos.

-A principios de los 90 publicaste en Brasil una antología de la poesía argentina de los años 70 (que es la de nuestra generación) con el título La palabra nómade. ¿Creés que la poesía actual es continuadora de aquella palabra acosada por la incertidumbre, la ambigüedad y la pérdida de una imagen uniforme del mundo y de la persona?

-Creo que ha tomado otro rumbo. El poeta de hoy, si es que podemos generalizar, parece haber pactado con el desencanto. El desencanto no es lo mismo que el sufrimiento. No encuentro sufrimiento en buena parte de los poetas jóvenes que leo. Hay algunas excepciones, claro, al menos para mí. Entre ellas, Cecilia Romana y Marina Serrano. En esa mayoría de jóvenes poetas, lo que advierto es cierto don de impacto, cierta intensión de impresionar. Pero el extravío del hombre en el mundo, su imposibilidad de saber qué significa y el efecto que esa imposibilidad tiene sobre su proceder, la vulnerabilidad del hombre al dolor, su fragilidad en suma, parecen encontrar al poeta de hoy mucho más como un síntoma que como un protagonista testigo.

-¿Qué experiencia te ha dejado el taller de escritura? ¿Es posible enseñar a escribir? ¿El escritor nace o se hace?

-La enseñanza ha sido para mí una configuración más de mi vocación literaria. Sócrates y la tradición talmúdica, especialmente la lectura de Rashi, me inculcaron la convicción de que sólo enseñamos cuando dejamos aprender. Y dejar aprender es posibilitar que el alumno descubra los recursos auténticos con que cuenta, liberándose de los inauténticos o artificiosos. En muy buena medida la posibilita el talento de quien viene al taller. Parte de ese talento comienza a evidenciarse en el momento en que el aprendiz descubre a su intruso. El intruso es ése que en uno se empeña en hacernos creer que las palabras inauténticas son auténticas. Es un retórico. Es un ser con miedo pero habilidoso. Pienso que el escritor nace. Pero casi siempre nace envuelto en maleza. El trabajo de jardinería es indispensable.

-Sos un hombre comprometido con tu tiempo; más aún, partícipe de tu tiempo y de lo que concierne al país. Basta leer tus artículos en los periódicos. Pero observo que se te señala como filósofo, no como poeta. ¿Qué intervención le cabe al poeta en la gestión de su época y de su país?

-El error de señalarme solo como filósofo, a mi ver, es que mis reflexiones sobre el país o sobre nuestro tiempo no son filosóficas a expensas de lo poético. Ambos aspectos me resultan inseparables en la trama de lo que escribo. Socialmente, sin embargo, pareciera que poco y nada se espera del poeta. Es un prejuicio que es signo de pobreza perceptiva. Los poetas, muchas veces, contribuyen a alentar ese error al prescindir del debate público en torno al país y al presente. Cuando intervienen, sus opiniones suelen ser iluminadoras. Un ejemplo es Octavio Paz. Otro, Juan Gelman. Otro, Brodsky.

-¿Qué es ser escritor?

-Si somos estrictos, no es otra cosa que ser un artista del lenguaje. Y ser un artista del lenguaje es creer que la mejor representación del claroscuro fundamental en que se consiste la logra uno con las palabras. Digo representación en el sentido de juego. Jugamos a decir la verdad para construir de algún modo la enunciación de una verdad que no puede terminar de decirse. Somos escritores para padecer un poco menos la insuficiencia constitucional en que consistimos. Tenemos una vocación, o, mejor: ella nos tiene. Estamos a salvo del desapasionamiento. Pero no de la intemperie. ¿Habremos logrado, al cabo de tantos años, crear alguna belleza? Presumir que lo hemos conseguido sería jactancioso. Desconocer que ése es nuestro máximo anhelo, un acto de hipocresía.

Por Rafael Oteriño y Santiago Kovadloff

El escándalo Von Wernich

Lunes, Enero 21st, 2008

Lunes, 21 de Enero de 2008

OPINION

http://www.pagina12.com.ar

Por Washington Uranga

Transcurrieron más de tres meses desde el 9 de octubre pasado, cuando el Tribunal de La Plata condenó al sacerdote Christian von Wernich por delitos de lesa humanidad. Después de un tibio comunicado de la conducción de la Conferencia Episcopal, en el cual los obispos insistieron en su línea argumental rechazando toda responsabilidad institucional y señalando que el cura actuó “bajo su responsabilidad personal”, el obispo de 9 de Julio, Martín de Elizalde, pidió “perdón” en nombre de la Iglesia por los delitos de Von Wernich, pero pateó la pelota para adelante respecto de las sanciones al cura violador de los derechos humanos. “Oportunamente se habrá de resolver, conforme a las disposiciones del Derecho Canónico (la ley eclesiástica), acerca de la situación de Christian von Wernich”, escribió entonces el obispo.

Hoy, el cura torturador está preso pero sigue gozando de todas las atribuciones y consideraciones de su condición sacerdotal. Para el obispo de 9 de Julio y para la jerarquía de la Iglesia Católica todavía no ha llegado la ocasión para trasladar al fuero eclesiástico las sanciones que podrían caberle a Von Wernich por los cargos de violación de los derechos humanos que se le probaron en la Justicia civil.

Por lo mismo el cura encarcelado sigue ostentando su condición de ministro religioso. O bien las autoridades eclesiásticas creen que lo que se ha probado en juicio no se ajusta a verdad y que, coincidiendo con la opinión de Von Wernich, el tribunal actuó con sentido político y por venganza o, lo que sería igualmente grave, parten de la base de que lo que se le ha probado al ex capellán de Ramón Camps no contradice las enseñanzas de la Iglesia. Ambos argumentos carecen de fundamento válido. El primero porque Von Wernich tuvo un juicio ajustado a derecho, algo de lo que no gozaron sus víctimas y las de sus cómplices. Lo segundo porque el cura hoy condenado atentó contra la vida de muchas personas.

La jerarquía católica se cansa de afirmar el derecho a la vida en todos sus aspectos. Vale preguntarse entonces ¿qué está esperando la jerarquía de la Iglesia para tomar medidas con Von Wernich? ¿O para anunciar a la sociedad, que también necesita saberlo porque ha sido ofendida, si esas medidas se tomaron en sigilo institucional?

Es tan grave que el cura no reciba sanción alguna por parte de la Iglesia como que las eventuales medidas en su contra –si es que existen– se guarden en la reserva institucional.

La “oportunidad” a la que se refirió el obispo Martín de Elizalde en ocasión de su comunicado sobre Von Wernich se vuelve cada vez menos oportuna a medida que transcurre el tiempo sin novedades. Y el escándalo ya generado por el sacerdote torturador a través de sus acciones condenadas por la Justicia se agranda con el paso de los días y, por más que los obispos intenten deslindar responsabilidades, mancha irremediablemente a la institución que, en tanto que lo mantenga en sus filas sin tomar ninguna medida, se puede transformar en cómplice.

¿De qué “oportunidad” habla el obispo de 9 de Julio? ¿Qué implica el trámite eclesiástico de acuerdo con el Derecho Canónico? ¿Supone un nuevo juicio que desconoce lo actuado por la Justicia civil? Sería bueno aclararlo, para que tanto los católicos como la opinión pública puedan conocer cuáles son los pasos que la jerarquía de la Iglesia está dando sobre este tema. Porque si la conducta de Von Wernich constituye por sí misma motivo de escándalo para los cristianos, el silencio y la omisión de la jerarquía católica respecto de sus actitudes instaura también la imagen de un escándalo institucional porque podría leerse como complicidad, salvo por la hoy ya insuficiente aceptación de responsabilidades y pedido de perdón hechos por el obispo de 9 de Julio.

Eppur si muove

Domingo, Enero 20th, 2008

http://www.lemondediplomatique.cl

 Columnas de Luis Sepúlveda
Gijón, 16 de enero de 2008

Se sabe que los ancianos tienen regresiones mentales que los llevan de vuelta a los espacios más felices, plenos o intensos de sus vidas. Algo así le está sucediendo a Ratzinger cuando afirma que en la época de Galileo la iglesia fue más fiel a la razón que el mismo Galileo. Mas eppur si muove. Tal vez retorna a los felices años de inquisidor, durante los que se ensañó, por ejemplo, con los defensores de la Teología de la Liberación, aquel puro ejercicio de razón que aconsejaba colocarse junto a los pobres, so riesgo de perder la clientela en los países misérrimos del tercer mundo, o peor aún, es posible que sus regresiones lo conduzcan a los felices días pardos en la Juventud Hitleriana, cuando la razón del catolicismo aceptaba y daba por buena la patraña fundadora del nacionalsocialismo: “de dios al rey, del rey al volk (pueblo), y del pueblo al Führer”.

La Universidad de Roma, en una impecable demostración de la fuerza que puede y debe tener la sociedad civil y laica, obligó al Vaticano a suspender una visita papal inexplicable, pues si existe un lugar en el mundo que debe permanecer libre de paparruchadas, dogmas y supercherías, es precisamente la Universidad.

En Roma, académicos y estudiantes, investigadores y científicos, han puesto en su justo valor a La Razón, ese formidable invento europeo llamado a regir la convivencia de sociedades y naciones para que el oscurantismo de los “teocon” no vuelva a proponer modelos nacional-católicos de tan triste recuerdo como única forma de gobierno o de Estado.

Y el ejemplo de lo ocurrido en Roma debería desencadenar una serie de respuestas a esas preguntas que están en el aire, pero que, o por cálculos electorales o por sumisión políticamente correcta no se pronuncian en voz alta: ¿Hasta cuándo vamos a permitir que hordas de supersticiosos ofendan la dignidad de la mujer atacando a las clínicas que realizan abortos, y que cumplen con escrupulosidad legal el ejercicio de un derecho? ¿Hasta cuándo vamos a tolerar que un miserable con sotana compare la homosexualidad con la pederastia, y se atreva a decir que hay menores que provocan sexualmente? ¿Hasta cuándo tenemos que soportar al clero autodesignándose paladines de los Derechos Humanos, y declarando urbi et orbe que el laicismo, esencia de la democracia, los vulnera?

Solemos aceptar al patán que presume de doctor, pero no dejamos al gato cuidando la carne que tiraremos a la barbacoa. De la misma manera no podemos conceder autoridad ni tribuna para hablar de sexo, a sujetos que renunciaron a él, y que lo ven como una mera y miserable función reproductora. No podemos permitir que los Derechos Humanos sean invocados por aquellos que no solamente cerraron los ojos cuando estos eran violados, sino que los abrieron muy bien para ver el mal que hacían los criminales y obtener de ellos un botín a cambio del silencio. Eso hizo la iglesia católica en la España de Franco, eso hizo Pío XII durante el auge del nazismo, así actuó la iglesia católica estadounidense bendiciendo el bombardeo con napalm en Vietnam, ese fue el comportamiento de la iglesia católica argentina que absolvía a los torturadores antes y durante la “misión purificadora” en las cárceles secretas.

Con su ejemplo, la Universidad de Roma, nos dice que la defensa del Estado aconfesional y laico vuelve a ser una vez más, una tarea urgente, porque el laicismo es lo último que nos queda para preservar esa serie de conquistas que se llaman Derechos Humanos, que se llaman Libertad.

El constante debilitamiento del Estado como institución, que por la mundialización y consiguiente politización de la economía, va cediendo funciones –por eso se hacen las privatizaciones- a empresas multinacionales que no pueden tener ni moral ni ética pues su objetivo único es el lucro, deja a la sociedad indefensa y en manos de la superchería.

No es casual el desvarío de Ratzinger al menospreciar la razón de Galileo. Tampoco lo fue su participación vía videoconferencia en el primer acto de campaña electoral de la derecha española organizado por los obispos. Nada de lo que hace la iglesia católica, esa poderosa multinacional con sede en el Vaticano, bancos incluidos, conexiones mafiosas incluidas, es casual ni obedece a súbitas inspiraciones divinas. El clero sabe que una profundización de las libertades ciudadanas, de los derechos civiles, de la educación cimentada en valores y no en tradiciones folclóricas, da como fruto sociedades inteligentes, curiosas, capaces de aceptar el futuro como un reto colectivo y no como una fatalidad.

Ratzinger y el vaticano podrán condenar a los jóvenes de la Universidad de Roma -ya lo hizo a su manera el pusilánime Prodi- a las mujeres que ejerciendo de derecho a ser dueñas de su cuerpo abortan, a los chicos que estudian educación para la ciudadanía, a los jueces que casen a personas del mismo sexo, a los científicos que investiguen con células madre, pero, es evidente que, eppur si muove, tal como dijo Galileo: y sin embargo se mueve.

Luis Sepúlveda
Gijón, 16 de enero de 2008

Los chamanes llegan a la ciudad

Domingo, Enero 20th, 2008

Domingo, 20 de Enero de 2008

CRONICA DE UNA CEREMONIA EN EL CONURBANO CON PLANTAS PSICOACTIVAS ABORIGENES

Las ceremonias ancestrales con plantas psicoactivas como la ayahuasca o el San Pedro, utilizadas para “sanación del cuerpo”, ya están a mano de los habitantes de la ciudad. Página/12 participó de una experiencia en una casaquinta del Gran Buenos Aires, junto a otras personas que buscaban reunir “la cabeza con el corazón, el espíritu con el cuerpo”. Un recorrido entre sudores y alucinaciones.

Por Emilio Ruchansky

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“Tenés que traer un propósito y rezarlo”. Es la primera indicación para el discípulo del chamán, inquieto por los preparativos de la ceremonia. El hombre medicina le ha pedido que aprovechara la luz de la tarde para arreglar el temazcal, esa carpa con forma de iglú donde renacen sudando al vapor de las piedras calientes todos los invitados. Antes, servirán el aguacoya o San Pedro, “la medicina de la gente que vive en las alturas de la nación coya, también conocida como ‘el peyote del sur’ por su uso ceremonial para limpieza, curación y sanación del cuerpo”, instruye Arturo, el mapuche chileno a cargo del diseño de este rito ancestral. El iniciado, que llegó temprano para entrevistarlo, intenta pasar desapercibido desde el principio, sin sospechar que en el transcurso de la noche será un personaje más de esta crónica. Es una fecha especial, comentan varios asistentes. Saldrá la primera de las trece lunas del año y abrirá un tiempo de renovación. El iniciado aún no tiene claro cuál es su propósito, más allá de escribir sobre este fenómeno que marca la llegada de las plantas mágicas de los indígenas a la ciudad.

El teatro de operaciones es una antigua casa de campo en Luján, rodeada de un inmenso sembradío de soja. Los anfitriones son una pareja joven con dos hijos y otro en camino. Desde el principio se desviven por el bienestar de los invitados, que han hecho dieta líquida durante el día para “no aliviarse o purgar de más”, eufemismos religiosos para mencionar las evacuaciones que produce el San Pedro. “Esta medicina es la conexión directa con el cielo”, promete la ayudante del chamán, una joven que jura haberse recuperado de una enfermedad grave con las plantas medicinales y reemplaza a la esposa de Arturo, que acaba de ser madre. “Los conquistadores creían que se habían llevado el oro pero solo se quedaron con las monedas –ironiza–, la verdadera riqueza de América son las plantas de medicina”.

Entre los asistentes hay chilenos, uruguayos y argentinos de todas las edades, que suelen juntarse cuando el chamán Arturo trae San Pedro o Ayahuasca. Terminada la entrevista con el chamán, el iniciado busca una labor solitaria para tantear el lugar. Traslada algunas ramas pequeñas para la extensa fogata, hecha a base de quebracho. En la parte de atrás de la casa ve un corral con cuatro entradas cardinales señaladas con distintos colores, adentro está el temazcal, hecho con ramas atadas con hilos. Tiene un gran pozo en el medio para poner las piedras. Del otro lado, sobre la entrada Norte hay un semicírculo de cantos rodados. Al entrar para dejar la leña el iniciado recibe su primera reprimenda: “Poné esa leña fuera del círculo sagrado”, le dice amablemente el anfitrión.

Propósitos

El tamborista mira el temazcal y se ríe. “Si hablara… Está ahí desde hace casi dos años”, comenta durante una ronda de fumadores armada a un costado del círculo. Le dice al anfitrión que el año pasado ha sido muy duro, que tal vez su propósito sea “tener fuerza y que el espíritu ponga la cosa más fácil”. El anfitrión asiente y agrega: “También habría que agradecer haber pasado el mal tiempo”. En ese momento, el iniciado cree haber encontrado su propósito pero no lo dice. Lo confunde con un deseo y prefiere guardarlo para que se cumpla.

Las últimas luces de la tarde se pierden mientras un grupo tapa el temazcal ante las observaciones del chamán Arturo y luego de colocar 36 cintas, 9 de cada color, previamente rezadas. Dos niños se entretienen decorando una tortuga de barro que representa a la Madre Tierra, ubicada en el centro del círculo sagrado. En la cocina, entre mate y jugo, el iniciado comparte silencio con la esposa del anfitrión, a la que gusta imaginar como “la musa afgana”. Una mujer de pelo muy corto, alta y vestida con una especie de túnica. Juntos, desmenuzan ramas de cedro, el condimento aromático de las brasas. El iniciado mira su bolso; como le indicó el anfitrión, ha traído la malla, una remera y la toalla, pero no va a la playa. “Son como las vacaciones químicas de Huxley”, escribe en su libreta. Así nombraba el autor de “Las puertas de la percepción” sus experiencias con la sustancia psicoactiva que comparten el peyote y el aguacoya: la mezcalina.

Ese mismo día, antes de partir a Luján, un terapeuta que trabaja con ayahuasca le había contado al iniciado que estas medicinas llegaron a la ciudad de tres formas. Algunos fueron a la selva o la montaña y buscaron a los curanderos y aprendieron su uso allí; otros montaron una especie de iglesia para que se reconozca legalmente el rito (es el caso del Santo Daime o de Uniao do Vegetal, en Brasil). Por último, están los facilitadores –”la onda new age”, según el ayahuasquero– que pueden ser chamanes pero también terapeutas que no están muy comprometidos con lo que hacen. “A las plantas hay que ponerles el cuerpo”, aconsejó el hombre, discípulo de Juan Flores, un maestro peruano y buscador de visión.

Una chica se acerca a la mesa pidiendo mate. Dice que no es de ningún lugar, “como los gitanos”. Tiene licencia psiquiátrica en el trabajo por su adicción al alcohol y a la cocaína, cuenta que sus jefes se la dieron porque un día explotó en medio de la oficina. Hace una semana que no toma, y el médico le permite una lata de cerveza por día. “Dejé a mi novio por el pibe con el que tomaba; bah, lo dejé por la cocaína”, reconoce la gitana. Está ansiosa por empezar la ceremonia, aunque no se sabe de qué se trata. Ella también es iniciada, vino con una amiga que le recomendó limpiarse.

La noche panza arriba

La ronda tiene 24 personas. El anfitrión y el tamborista sacan las primeras brasas del fuego y forman una flecha que apunta hacia al chamán Arturo, la imagen se completa con un arco de piedras. La ayudante, sentada al lado del iniciado, dice que apunta al lugar por donde se esconde el sol y distribuye “las bolsitas de alivio”, destinadas a las descargas del cuerpo. “Por favor, no las tiren. Vamos a enterrar los alivios después del temazcal y a rezarlos”, dice en voz alta. Con una chala de maíz en la mano y una bolsa de tabaco, el hombre medicina explica cómo debe pedirse el propósito. Todos deberán decir el motivo que los guiará luego de renacer y luego colocar un poco de tabaco en la chala. Terminada la ronda, fumarán ese enorme cigarro. Es una noche muy fría y las luciérnagas titilan en medio del campo.

La ayudante agradece al espíritu con una solemnidad envidiable y pide por su salud. El iniciado recibe la chala y ríe de los nervios, su propósito es recuperar la voluntad. La gitana lo mira fijo. Cuando llega su turno agradece “estar viva”, a pesar de haberse hecho tanto daño y con la mirada perdida en el fuego dice que solo quiere curarse. El chamán Arturo toma la botella con el aguacoya y sirve un vaso a todos los asistentes. El líquido es espeso y tiene feo sabor. El ayudante lo toma en dos sorbos, apretando la bolsita del alivio.

Suena el bombo de agua y algunos cantan: “En espiral hacia el centro, al centro del corazón. Soy el tejido, soy el tejedor. Yo soy el sueño y el soñador”. Varios se quedan tirados boca arriba, se escuchan las primeras arcadas y el iniciado pide permiso para salir al baño. “Por la puerta Sur”, indica el discípulo. El pedido es solo una excusa para fumar y tomar agua, pero al llegar alguien está purgando; el discípulo lo encuentra y advierte que ya no se puede fumar. El camino de regreso confirma el estado de embriaguez: la víctima ha sido uno de los perros de la casa, que resulta pisado accidentalmente. Su aullido se parece al sonido de una sirena.

En el círculo sagrado el chamán Arturo hace las sanaciones individuales frente a la fogata. Luego de pasarse un cuarzo por el cuerpo, los invitados reciben una llamarada que el hombre medicina les aplica en la espalda, piernas y manos, escupiendo alcohol sobre su dedo encendido. “¡Ay carajo!”, grita la ayudante al sentir el fuego sobre su espalda, mientras el chamán susurra sus rezos. Luego de la segunda ronda de aguacoya, el tamborista y el anfitrión ponen el quebracho y calientan las piedras. Siguen los cantos y las chispas parecen estrellas fugaces. Ya no hace frío.

El útero infernal

El iniciado busca su malla y aprovecha para fumar. Nuevamente es reprendido por el discípulo, que se mueve impune en la oscuridad. Es hora de entrar al vientre. Su bolsita de alivio perdió el invicto, ha provocado el vómito porque le duele la cabeza pero solo expulsó líquido estomacal. “Temazcal” es una palabra mesoamericana, de la lengua nahuatl. “Temaztli” quiere decir piedra, y “cali”, casa; es “la casa de las abuelas piedras”. Las piedras simbolizan semillas y el fuego es padre. Es un acto de amor. El chamán Arturo dice que sirve para “dejar las cosas que ya no pueden encontrar una manera de salir de nuestro cuerpo, que están cansadas de nosotros, que quieren renovarse. Y que nosotros no sabemos que quieren salir”.

La ceremonia tiene cuatro tiempos, con un pequeño intervalo. Al principio se honra el aire, después al agua, la tercera vez al fuego y la última vez a la tierra. “Lo que hacen las plantas de medicina y la ceremonia es volver a juntar la cabeza con el corazón, el cielo con la tierra, el espíritu con la materia”, fue la explicación dada por Arturo algunas horas antes.

Solo los anfitriones se quedan fuera de la carpa, es el debut de la menor de sus hijas. El chamán Arturo pide 6 piedras calientes, el tamborista las deposita una a una en el pozo ayudándose con los largos dientes de un rastrillo. Su luz ilumina las caras. Se le echa un poco de hierbas aromáticas, que brillan al quemarse. El anfitrión entra el balde de agua y mientras suena el tambor tira un poco sobre las piedras. El vapor se vuelve insoportable, todos transpiran pero nadie se queja, excepto la niña. El iniciado, sentado al lado del tamborista y de una señora de grandes proporciones, siente caer ambos sudores sobre su cuerpo. Termina el primer round, se abre la carpa y el chamán le aconseja a la señora acostarse sobre el césped.

La segunda ronda es larga y el iniciado, impaciente, pide salir. Arturo dice que no se puede y que no va a tolerar “actitudes soberbias”. El calor y la sed son insoportables. Cuando se abre el temazcal, el anfitrión pasa un botellón de agua; su hija y el iniciado sacan la cabeza afuera, se miran y se compadecen. Los siguientes dos rounds son más cortos, el iniciado pone su cuerpo sobre el pasto y saca uno de sus pies fuera de la carpa, provocando la entrada de la débil luz del amanecer. Arturo se aviva, pide que la cierren y agrega una vuelta, dejando en libertad de irse a los que quieran. Arrastrándose, el iniciado sale del útero, seguido de la niña, bañado en su sudor y viendo por la luz del amanecer como si fuera la primera vez. En al carpa, los invitados gritan y cantan. No sabe si ha renacido o sobrevivido, piensa mientras se seca con la toalla.

Terminada la ceremonia del renacimiento, vuelven al círculo por la entrada del Norte. El discípulo arma un gran cigarro con chala de maíz y lo prende. “Esto es lo que querías, mirá. Ahora tenés un montón, solo tenías que pedirlo”, dice. Faltan las palabras finales de Arturo que le agradece su ayuda: “Eres un gran hombre de medicina, ojalá, y sé que será pronto, tú estés aquí y yo allá”. El grupo de desintegra. La mayoría ataca la cocina. El tamborista apoya el pie en una de las piedras de la medialuna para atarse los cordones. “Estás pisando el altar”, desafía el discípulo. “Ya terminó la ceremonia”, replica sonriente mientras saca el pie.

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HERNAN LOMBARDI, MINISTRO DE CULTURA PORTEÑO:“Si hubiera una oportunidad, volvería a exponer a Ferrari”

Domingo, Enero 20th, 2008

Domingo, 20 de Enero de 2008
ENTREVISTA CON HERNAN LOMBARDI, MINISTRO DE CULTURA PORTEÑO

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El funcionario del gobierno de Macri asegura que enfrentaría “desde el diálogo” las posturas de los grupos ultracatólicos. Critica los fallos de la jueza Liberatori, defiende la política de “oxigenar los festivales” de cine, teatro y danza. Y promete “revertir los prejuicios que existen” con el macrismo.

Hernán Lombardi es el único que se queja en su oficina por el aire acondicionado. Sucede que el frío pronuncia el dolor de espalda que tiene por estos días. No es peor que los dolores de cabeza que sintió en el primer mes de gestión, cuando tuvo que salir a desmentir los rumores sobre la cancelación de los festivales de cine, teatro y tango. “Estamos orgullosos de haber podido oxigenar los festivales”, dice el ministro de Cultura porteño, mientras apura un cortado. En diálogo con Página/12, Lombardi cuestiona a la jueza Elena Liberatori por atribuirse facultades del Ejecutivo. “Es evidente que había gente que no trabajaba y le hicimos caer los contratos”, remarca.

Lombardi entró al radicalismo al final de la dictadura, pero lo abandonó en 1989 en rechazo a las leyes de impunidad. En 2003 fue candidato a gobernador bonaerense de Ricardo López Murphy, luego de un derrotero político en el que sobrevivió al gobierno de Fernando de la Rúa, quien lo convenció primero para que fuera su secretario de Turismo en la Ciudad y luego su ministro de Turismo, Cultura y Deportes de la Nación.

–¿Macri es más activo que De la Rúa?

–Estuve en la administración de la Ciudad nada más que nueve meses y fue muy poco tiempo como para que yo le tomara el pulso a De la Rúa.

–Pero en el gobierno nacional compartió varios años.

–Son circunstancias muy distintas. La administración de la crisis en ese momento, después de la devaluación de Brasil en enero de 1999, fue la lenta agonía de un sistema. Es distinto, porque había que administrar en condiciones de extrema necesidad.

–Eran situaciones distintas, pero ¿cuál de los dos es más ágil como gobernante? ¿Macri?

–Sí, a mí me parece… Obviamente, hay montones de diferencias. Por mi estilo y mi forma de ver más cosas, me aboco fuertemente a las áreas y opino sólo lo necesario sobre las cuestiones generales.

–¿Entonces?

–Sí, no, no, no agrega demasiado…

De contratos y titiriteros

–¿Cómo analiza los tres fallos de la jueza Liberatori?

–En general, pienso que estamos todavía en una democracia joven. Y está claro que se tienen que acentuar los mecanismos de división de poderes. Acá hay como una acción de la jueza que, desde mi punto de vista, es claramente del Ejecutivo. Muestra todo lo que tenemos que evolucionar en cultura institucional.

–¿Se reincorporaron contratados en Cultura?

–No. Acá el tema está muy tranquilo, porque se conversó mucho cada caso. Es evidente que había gente que no trabajaba y le hicimos caer los contratos.

–De los 18 mil contratos que se van a revisar, ¿cuántos son de Cultura?

–Es parte de la desorganización: no hay números exactos. Y tampoco sobre la masa de contratados. Pero está en el orden de los 800 contratos… Es importante recuperar un Estado al servicio de la gente, más allá de cualquier ideología. Con esto, no quiero decir que no haya ideología. Todo tiene ideología, pero a veces nos quedamos demasiado en las palabras. Si la gente no recibe servicios útiles por sus impuestos, estamos alimentando una bomba de tiempo donde los cambios van a ser más drásticos.

–Hablando de ideologías, ¿cómo se lleva con Federico Young, que defiende los juicios a “los terroristas subversivos”?

–A este gobierno lo eligieron para gobernar la Ciudad. Dentro de eso, evidentemente hay un abanico de opiniones. Sí me involucra en tanto y en cuanto el área que yo manejo, que es Cultura, tiene una posición muy abierta, muy tolerante y muy respetuosa de todas las expresiones.

–En el ambiente cultural, ¿es una mochila pesada ser ministro de Macri?

–Bueno, se notó con las declaraciones de Filmus, con eso de que la “gente culta” había perdido las elecciones. Creo que, con una gestión profundamente transformadora, vamos a poder revertir los prejuicios que existen en algunos lados. Pero la mayoría de la gente busca oxigenación en el sistema cultural. Y hay que hablarle a la mayor cantidad de gente posible y no sólo a algunos grupos.

–Con la designación del ex titiritero Luis Hernán Rodríguez Felder, ¿no empezaron con el pie izquierdo?

–No, a mí me parece que sí, que ahí evidentemente la designación no fue bien tomada. Y lo veo como una buena señal de Mauricio el haber retrocedido. Eso muestra capacidad de interactuar con la sociedad.

–¿No fomentó eso la mala imagen sobre Macri?

–Es probable, pero también es cierto que en este primer mes pusimos en marcha tantas cosas que se va a ir revirtiendo esa primera aproximación que alguna gente tiene.

–¿Qué piensa de las vanguardias artísticas?

–Con esto hay que ser cuidadoso…

–Muy cuidadoso, porque Felder sostiene que “lo echaron las vanguardias”.

–Poco importa lo que a mí me guste más o menos estéticamente. La idea es que un ministro de Cultura les tiene que dar voz a todas las expresiones, en una sociedad plural. A mí en particular me gustan las vanguardias, pero no por eso voy a sesgar en el sentido inverso.

–¿Se va a volver a exponer la obra de León Ferrari en el Centro Cultural Recoleta durante la gestión de Macri?

–Sí, si hubiera una oportunidad, seguro. No tiene por qué no hacerse. Pero no lo quiero centralizar en León Ferrari.

–Fue una exposición que generó polémica con sectores católicos.

–Mientras nos movamos en una atmósfera de respeto, ésta es una sociedad plural… Lo peor que tenemos los porteños es que por todos lados tenemos bolsones de autoritarismo. A veces nos transformamos en xenófobos: siempre el enemigo es el extranjero.

–Y, a veces, incluso el extranjero es el bonaerense, que ya no tiene prioridad para usar los hospitales…

–Es evidente que ahí hay un tema de organización.

–¿Usted pasó el filtro eclesiástico que no pudo pasar Ignacio Liprandi, el primer referente de Cultura de PRO?

–No creo en esa historia. No creo que sea verdad. Son esos rumores que se empiezan a correr…

–¿Qué haría si enfrenta las protestas de grupos ultracatólicos por una muestra como la de Ferrari?

–Trataría de construir desde el diálogo. Yo creo que se enriquece la condición de porteño al valorar la identidad plural. Por eso queremos una política cultural que robustezca la ciudadanía.

–¿Cómo sería eso?

–Una política cultural tiene que tener visión estratégica a largo plazo, pero a la vez contaminarse con los problemas que tiene el país. No es casualidad que, dos días después de que asumimos, firmamos un acuerdo con Mauricio Rosencof, secretario de Cultura de Montevideo. La cultura se tiene que dejar atravesar por la realidad, casi citando a León Gieco. No podemos dejar de percibir que hay un problema que tendría que resolverse sin afectar las relaciones entre los orientales y porteños. En el Bafici van a pasarse películas uruguayas. Tenemos que robustecer ese contacto y esa unión, porque vemos un riesgo de hermanos que se diferencian.

Despidos tras bambalinas

–¿Por qué hubo tanta polémica con los festivales?

–Creo que la nueva gestión se tiene que manejar siempre en el par dialéctico continuidad-cambio. Tenemos un criterio con respecto a los directores de festivales: tienen que estar en manos de realizadores y no de productores. Esto es así porque un festival tiene que ser el lugar de la vanguardia, la experimentación, un lugar donde vos puedas ver lo que en otro lugar no podés. Y no es bueno que sea un collage de lo que podrías ver en otra situación. No es una acumulación de películas, obras de teatro o de tangueros, sino un lugar de transgresión. Eso filosóficamente es mucho mejor que lo lleven realizadores. Ese fue el criterio del cambio.

–La ex titular del Festival de Teatro, Graciela Casabé, aseguró que le pidieron que desalojara su oficina en 48 horas, de mala manera.

–No hubo ningún episodio traumático. Nada. Entiendo que gente que estuvo durante diez años en algunos lugares tiene que elaborar su salida. Trato de ser respetuoso, pero exijo respeto para los que entran. Se han dicho enormidades: que el Festival de Teatro corría riesgo. ¿Sabés cuánto falta para ese festival? Un año y medio.

–¿Por qué Fernando Martín Peña no continuó en el Bafici?

–Nosotros le ofrecimos continuar porque estaba muy cerca el festival y somos tipos racionales y pensamos en no cambiar de caballo en el medio del río. Le ofrecimos la continuidad en éste y los siguientes Bafici.

–El dijo que sintió que “no había apoyo político”.

–No puedo saber lo que le pasó. Pero estamos orgullosos de poder oxigenar los festivales.

–¿Por qué despidieron a siete bailarines del San Martín que se habían sindicalizado?

–Fue una decisión que se tomó antes que asumiéramos. Mauricio Wainrot, que es el responsable, creyó –y nosotros lo acompañamos en su decisión– que el cuerpo del ballet tiene una instancia de continuidad y otra de renovación. Es bueno y saludable que haya renovación, con un criterio artístico. Qué grado de autoritarismo tendría yo si le digo a Wainrot que no tiene decisión sobre el elenco. ¡El hecho artístico requiere libertad!

–Pero los bailarines denuncian que fueron echados por pedir mejores condiciones de trabajo: una obra social y una ART.

–No, fue un tema eminentemente artístico. Pero, a su vez, creo que tenemos que garantizar a los bailarines el derecho a cubrirles los riesgos de trabajo. Eso no estaba cubierto. Nadie nunca se ocupó. Y hay que pensar en los temas jubilatorios. Nos parece lógico ocuparnos de las condiciones laborales. Pero no podemos convertir a un bailarín en un empleado municipal, en el sentido de la estabilidad. Destruiríamos el hecho artístico.

Umberto Eco: La cocaína de los pueblos

Domingo, Enero 20th, 2008

Mendoza, 20 de enero

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En un reciente debate sobre semiótica de lo sagrado, acabamos hablando de esa idea que va desde Maquiavelo a Rousseau, y sigue, de una “religión civil” de los romanos, entendida como conjunto de creencias y de obligaciones capaz de mantener unida a la sociedad. Alguien notó que partiendo de esta concepción, que de por sí es virtuosa, se llega fácilmente a la idea de la religión como “instrumentum regni”, expediente que un poder político (representado incluso por escépticos o no creyentes) usa para controlar a sus súbditos.

La idea estaba ya presente en autores que tenían experiencia en la religión civil de los romanos y, por ejemplo, Polibio (Historia, VI) escribía a propósito de los ritos romanos que “en una nación formada únicamente por sabios sería inútil recurrir a métodos como esos, pero puesto que la muchedumbre es por naturaleza voluble y está subyugada por pasiones de todo tipo, por una avidez desenfrenada y una ira violenta, no queda más remedio que atajarla con semejantes instrumentos y con misteriosos temores. Por este motivo, soy de la opinión de que nuestros antepasados introdujeron con razón entre las multitudes la fe religiosa y las supersticiones sobre el Hades y que son bastante necios los que intentan eliminarlas en nuestros días. … Los romanos, aun manejando cantidades de dinero mucho mayores en los cargos públicos y en las embajadas, se mantienen honestos sólo por respeto hacia el vínculo del juramento; mientras que en los demás pueblos raramente se encuentra a nadie que no toque el dinero público, entre los romanos es raro encontrar que alguien se ha manchado con semejante culpa”.

Aunque los romanos se portaran de forma tan virtuosa en época republicana, desde luego a un cierto punto dejaron de hacerlo. Y se puede entender por qué, unos siglos más tarde, Spinoza daba otra lectura del “instrumentum regni”, y de sus ceremonias espléndidas y cautivadoras: “Así pues, si es verdad que el mayor secreto y el máximo interés del régimen monárquico consiste en mantener a los hombres en el engaño y ocultar bajo el falaz nombre de religión al miedo con el que deben ser sometidos para que combatan por su esclavitud como si fuera su salvación … es igualmente verdad que en una comunidad libre no se podría ni pensar ni intentar realizar nada más funesto” (Tratado teológico-político).

A partir de ahí no era difícil llegar a la célebre definición marxista de que la religión es el opio de los pueblos.

Pero ¿es verdad que las religiones tienen todas ellas y siempre esta “virtus dormitiva”? José Saramago, por ejemplo, tiene una opinión absolutamente contraria, y más de una vez ha arremetido contra las religiones como instrumento de conflicto: “Las religiones, todas ellas, sin excepción, nunca han servido para aproximar y congraciar a los hombres; que, por el contrario, han sido y siguen siendo causa de sufrimientos inenarrables, de matanzas, de monstruosas violencias físicas y espirituales que constituyen uno de los más tenebrosos capítulos de la miserable historia humana” (El País, 18 de setiembre de 2001).

Saramago concluía en otras declaraciones que “si todos fuéramos ateos, el mundo sería más pacífico”. No estoy seguro de que tenga razón, pero lo cierto es que parece que el papa Ratzinger le ha contestado indirectamente en su reciente encíclica Spe salvi donde nos dice que, al contrario, el ateísmo de los siglos XIX y XX, aunque se ha presentado como una protesta contra las injusticias del mundo y de la historia universal, ha logrado que “de esta premisa se hayan derivado las más grandes crueldades y violaciones de la justicia”.

Tengo la sospecha de que Ratzinger pensaba en esos descreídos de Lenin y de Stalin, pero se olvidaba de que en las banderas nazis estaba escrito “Gott mit uns” (que significa “Dios está con nosotros”); que falanges de capellanes militares bendecían los gallardetes fascistas, que el carnicero Francisco Franco (dejando de lado los crímenes de sus adversarios, al fin y al cabo empezó él) estaba inspirado por principios religiosísimos y sostenido por los Guerrilleros de Cristo Rey; que religiosísimos eran los vandeanos contra los republicanos que bien habían inventado una Diosa Razón (”Instrumentum regni”); que católicos y protestantes se han masacrado alegremente durante años y años; que tanto los cruzados como sus enemigos estaban empujados por motivaciones religiosas; que para defender la religión romana se arrojaban cristianos a los leones; que por razones religiosas se han encendido muchas hogueras; que religiosísimos son los fundamentalistas musulmanes, los terroristas de las Twin Towers, Osama y los talibanes que bombardearon los Budas; que por razones religiosas se oponen India y Paquistán y, para acabar, que Bush invadió Irak invocando “God bless America”.

Por todo lo cual, estaba reflexionando que, si a veces la religión es o ha sido el opio de los pueblos, más a menudo, quizá, ha sido su cocaína. Al final va a resultar que el hombre es un animal psicodélico.

(Umberto Eco es autor de la novela “La Misteriosa Llama de la Reina Loana”, además de “Baudolino”, “El Nombre de la Rosa” y “El Péndulo de Foucault”.)

Decisión prohibida, Acceso de las mujeres a los anticonceptivos y al aborto en Argentina

Jueves, Enero 17th, 2008

Resumen
II. Recomendaciones

III. Marco general y antecedentes

IV. Obstáculos generalizados en el acceso a los anticonceptivos

V. Ligadura tubaria voluntaria: Un estudio de caso sobre la denegación de acceso a anticonceptivos

VI. Obstáculos al derecho a decidir en asuntos relacionados con el aborto

VII. Derecho internacional de derechos humanos y aborto

VIII. Conclusión
IX. Agradecimientos
junio de 2005 Vol. 17, No. 1(B)

http://www.hrw.org/