Palabra de vaticanólogo: Se disolverá el Obispado castrense y no habrá embajador ante el Papa
Horacio Verbitsky ha devenido no solamente en un kirchnerista bien informado sino en un estudioso de las relaciones entre la Argentina y el Vaticano. Interesantes algunas de sus acotaciones. De todos modos, en el tema de Alberto Iribarne por estas horas quien lo disfruta es Raúl Padró, su célebre rival de Belgrano y antikirchnerista convencido.
| 03/02/2008 | 09:59Â Â Â Â Â Â Â Â Â http://www.urgente24.info/
 Horacio Verbitsky en Página/12:
“La embajada argentina ante el Vaticano quedará vacante durante cuatro años y una ley del Congreso dispondrá la disolución del Obispado castrense. Al mismo tiempo, el gobierno nacional intentará mantener relaciones de mutuo respeto con el Episcopado argentino, que no participó en la decisión vaticana de rehusar el plácet al designado embajador Alberto Juan Bautista Iribarne, amigo personal de uno de los obispos más influyentes del paÃs e hijo de un piadoso oficial del Ejército. El pequeño estado de 821 habitantes surgido del acuerdo de Letrán que PÃo XI y Benito Mussolini firmaron en 1929 ha hecho saber que no lo aceptará porque antes de unir su vida a la de MarÃa Belén Trigo, hace nueve años, se divorció de Inés Urdapilleta, quien ha explicado en vano qué buen padre es su exposo. Los obispos locales tampoco tuvieron intervención en la crisis que se desarrolló desde febrero de 2005, cuando el ex obispo castrense Antonio Baseotto sugirió resolver las diferencias con la polÃtica sanitaria de Ginés González GarcÃa arrojándolo al mar con una piedra de molino al cuello.
El rechazo vaticano a Iribarne y sus previsibles consecuencias facilitarán la posición beligerante contra el gobierno del presidente de la Iglesia argentina, Jorge Bergoglio, y harán más arduo el empeño de los obispos dialoguistas, como los otros miembros de la Comisión Ejecutiva, AgustÃn Radrizzani y Sergio Fenoy, y el responsable polÃtico del Episcopado, Alcides Casaretto, quienes no ven la conveniencia ni la inevitabilidad de una ruptura, en especial a partir de las reiteradas señales de buena voluntad emitidas por la presidente CFK. (…)”
(…) Cuando se fue insinuando la posibilidad del rechazo, la presidente CFK analizó dos alternativas: dejar la embajada en manos del encargado de negocios Hugo Gobbi, un heredo-diplomático designado allà a solicitud del ex presidente Raúl AlfonsÃn, o escoger un nuevo candidato y someterlo al escrutinio de Benedicto XVI y sus dicasterios romanos. La primera opción era la más simple: la embajada ante el Vaticano sólo tiene funciones protocolares, dado que el pilar de la relación bilateral es el nuncio apostólico en el paÃs. Un obstáculo de la segunda era la reducción del universo de alternativas: cuatro millones de ciudadanos conviven como Iribarne con una persona fuera del matrimonio. Según el censo de 2001, 14,5 millones de los habitantes mayores de 14 años viven en pareja pero sólo 10,6 millones están casados. Es decir que el 27 por ciento de la población adulta de la Argentina entra en la categorÃa de indeseable para la sede apostólica.
Eduardo van der Kooy en ClarÃn:
“(…) Otra relación se volvió a empantanar. La distensión del Gobierno con la Iglesia pareciera no haberse trasladado al Vaticano. Un argumento arcaico aún para la mayorÃa católica —el divorcio— amenaza con dejar en un rango inferior la Embajada ante la Santa Sede. ¿SabÃa Cristina el riesgo que corrÃa cuando postuló a Iribarne como embajador? La Presidenta supuso que no corrÃa tal riesgo. Especuló que el envÃo de un ex ministro de Justicia trasuntaba la intención de jerarquizar el vÃnculo.
¿HabrÃa alguna otra razón oculta en la dureza vaticana? PodrÃa haberla. La Santa Sede querrÃa designar a un nuevo vicario castrense, tras la renuncia que le aceptó el año pasado a monseñor Baseotto luego de su confrontación con el Gobierno. El Gobierno se escurre porque apuntarÃa a eliminar la VicarÃa. Para ello debe denunciar el acuerdo de partes que data de 1957. Hubo consultas con algunos obispos. (…)”
Otra vez Horacio Verbitsky en Página/12:
“(…) Benedicto XVI aceptó la renuncia de Baseotto y propuso para sucederlo una terna integrada por los obispos de Chascomús, Carlos Malfa, de Avellaneda-Lanús, Rubén Frassia y de Rafaela, Carlos Franzini. El gobierno no objetó a ninguno de los tres y el Vaticano escogió entonces a Malfa. La comunicación formulada por el nuncio Bernardini muestra en qué manos inhábiles ha quedado la relación de su gobierno con la Argentina: decÃa que Benedicto XVI habÃa “designado†a Malfa, cuando el convenio vigente establece que antes de designar al obispo castrense el Papa debe solicitar el “previo acuerdo†del presidente de la República. Para borrar las huellas de su gaffe, el nuncio pidió al Poder Ejecutivo que le devolviera la nota y la reemplazó por otra en la que solicitó el acuerdo presidencial para la designación. El Poder Ejecutivo tuvo la discreción de no ventilar el mal paso del nuncio, descalificatorio para un miembro de la más antigua burocracia del mundo, pero le aclaró que necesitaba tiempo para decidir y que el silencio no podrÃa interpretarse como asentimiento tácito.
En marzo del año pasado la senadora frentevictoriana Adriana Bortolozzi, esposa del ex gobernador de Formosa Floro Bogado, presentó un proyecto de ley que denuncia el tratado de 1957 y sus enmiendas de 1992 y dispone el cese en sus funciones el obispo castrense, sus capellanes, los sacerdotes militares de las tres Fuerzas Armadas y de las fuerzas de seguridad. Los miembros de las fuerzas armadas y de seguridad gozarán de libertad para profesar su religión y no podrán ser obligados a participar de ceremonias litúrgicas en actos oficiales, tal como ocurre en el vecino Uruguay desde hace un siglo. En agosto de 2007, Bernardini agradeció por escrito al gobierno “el no avance†del proyecto y sostuvo que la anulación unilateral de un acuerdo bilateral regido por las normas del derecho internacional “no serÃa de interés de ninguna de las partesâ€. En su lugar propuso buscar una solución amistosa, compatible con el derecho a la libertad religiosa y “pleno respeto a la laicidad del Estado y a la libertad de culto de cuantos en las Fuerzas Armadas no pertenecen a la Iglesia Católicaâ€. Citó en la nota un discurso sobre la estabilidad del orden jurÃdico, pronunciado por CFK durante la campaña electoral. El gobierno tomó en cuenta este ofrecimiento, pero cuando comunicó que estaba dispuesto a formar una comisión que estudiara los pasos a seguir para la conclusión del acuerdo, el Vaticano hizo saber que estaba dispuesto a admitir una estructura mÃnima e incluso la designación de capellanes de otras confesiones, pero no la disolución del obispado. Esta suma de rechazos cierra los caminos para la solución consensual. (…)”
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