Fuente: Los Andes - Por Susana Tampieri
La autora nos recuerda a Giordano Bruno, ejecutado por la Inquisición el 17 de febrero de 1600, a fin de rescatar la lucha por la libertad de conciencia, pensamiento y religión.
La “Associazione Nazionale del Libero Pensiero†y la “Consulta Torinese per la Laicità delle Istituzioni†organizaron sendos actos, uno en Roma, otro en TurÃn, el pasado 17 de febrero. Se trató de homenajes a Giordano Bruno, muerto en la hoguera de la Inquisición, en Campo dei Fiori, en 1600. El propósito es instituir esa fecha como DÃa de la Libertad de Conciencia, de Pensamiento y de Religión.
En 2000, en el cuarto centenario de muerte tan abominable, la Asociación Humanista-Ética Argentina “Deodoro Roca†-que presido- organizó algo similar, frente a la Biblioteca Nacional, en Buenos Aires. Hablaron Hugo Estrella Tampieri, secretario ejecutivo de la entidad; Emilio Corbière, (fallecido) vicepresidente, investigador prestigioso; Abel Alexis Latendorf, Legislador porteño; Alfredo Kohn Loncarica, de la UBA, a los que se agregó Ricardo Monner Sans, quien se encontraba entre el público y fue invitado a hacerlo. El epicentro del homenaje estaba en Roma, donde se mencionó nuestra iniciativa, entre las numerosas en todo el mundo.
Giordano Bruno, nacido en Italia en 1548, fue un fraile dominico, filósofo, poeta y dramaturgo, quien, por defender la tesis heliocéntrica del Universo, sufrió la persecución y cárcel de la Inquisición. Fue condenado, luego de siete años de languidecer en las mazmorras de Castel Sant’Angelo. En el camino al cadalso se le perforó la lengua con un perno, atornillado a sus mejillas.
Sus palabras y pensamientos eran peligrosos. ContradecÃan a las Sagradas Escrituras. ¡Anatema! Tal vez, Benedicto XVI, quien considera que Galileo Galilei tuvo un juicio justo, piense que también lo tuvo Giordano. Y, para Benedicto XVI, el gran hombre se estará rostizando en el Infierno, que es un lugar real.
Me pregunto, porque para eso estoy dotada de libertad de conciencia y de pensamiento, cómo se compadece esa afirmación con lo expresado por Juan Pablo II en 1999, respecto del Infierno: “No es un lugar sino la situación de quien se aparta de Dios†(Los Andes, 9 de febrero, pag. A18).
¿Y la “Infalibilidad Pontificiaâ€, proclamada como dogma, en el Concilio Vaticano I, en 1870? Se estableció que regÃa para temas de fe, como éste. Era un mal año para el Vaticano, pero muy bueno para Italia… José Garibaldi habÃa entrado a Roma por la Puerta PÃa y vencido. La penÃnsula se unificó polÃticamente y los enormes Estados Pontificios pasaron a integrarla. Sólo quedó el Vaticano, ratificado por el tratado de Letrán, firmado por Mussolini y PÃo XI en 1929, más una indemnización de 85 millones de dólares.
La infalibilidad se estableció como dogma, aunque por un ajustado margen y mucha resistencia. ¿Y ahora?, me pregunto, ¿cuál concepto de ambos es dogma? Este papa, eliminó el Limbo para que hasta los embriones vayan al Cielo.
Usted se dirá -tal vez- que esto no es importante para alguien que no es católico. Pero no es asÃ, porque inicia una campaña, cada vez más fundamentalista entre creyentes y no creyentes o disidentes o librepensadores o fieles de otros credos, por más que se hable de ecumenismo.
La intromisión clerical en la vida privada de las personas: en sus creencias, sus estados civiles, sus elecciones sexuales, el dominio sobre sus cuerpos, se amplÃa.
Se actúa como si el catolicismo fuera la única religión a la que una persona debe adscribirse y se asocia la patria a la Iglesia.
No hay más que leer las palabras de monseñor Candia, administrador apostólico del Obispado Castrense, al bendecir los sables de los miembros de las FFAA instituyéndolos, como argentinos, en soldados defensores de la religión católica. Se va al choque con las nuevas disposiciones respecto del ingreso a las mismas, de cualquier ciudadano sin investigar sus creencias.
Esto coincide con la demora en conceder el placet al propuesto embajador argentino ante el Vaticano porque es divorciado y vuelto a casar. Decisión privada que autorizan las leyes del paÃs. ¿Y por qué se otorgan honores al tres veces casado y mediático presidente de Francia? ¿Será por haber incorporado su partido a la Democracia Cristiana Internacional, además de algunos otros favores? Lo del Dr. Iribarne resulta, entonces, vengativo. ¿Será por monseñor Baseotto, aconsejando al ministro de Salud que se arrojara al mar por pensar distinto?
Por eso me preocupa que Benedicto XVI nos mande al Infierno.
No legisla “para adentroâ€, legisla “para afueraâ€. Y no se puede uno quedar callado ante eso.
AsÃ, la fecha del 17 de febrero se torna emblemática. Porque hubo un hombre, Giordano Bruno, un pensador extraordinario, autor de más de 22 tratados, un investigador que, a fuerza de genio, descubrió, por ejemplo, que el Sol era mucho más grande que la Tierra y, con Galileo, que ésta giraba en torno de aquél. Y fue asesinado por ello.
“En 1889, un grupo de partidarios erigió en el Campo dei Fiori, una estatua de bronce, fundida por Ettore Ferrari, en homenaje a Bruno, y la acción fue condenada sin mayores ceremonias por el Papa de entonces, León XIII. En una fecha tan reciente como 1942, el cardenal Mercati -el hombre que descubrió los documentos perdidos en los que se relata el juicio romano de Bruno- declaró que la Iglesia hizo muy bien quemando a Bruno porque éste se lo tenÃa merecido (de “Giordano Bruno, el hereje impenitenteâ€, de Michael White).
Los que defendemos el laicismo deseamos una sociedad libre y abierta, donde cada persona tenga las creencias que quiera, o no las tenga. Siempre y cuando éstas no interfieran con las de los demás. Deseamos un Estado neutral, que lo aleje de tentaciones fundamentalistas y del monopolio de una u otra fe. Creemos que el desastre de las guerras de religión, que ocultaban ansias de poder y control, devastaron a continentes enteros. Y creemos que la historia no debiera repetirse. Los fundamentalistas necesitan un enemigo para cohesionarse. Y si éste no existe, lo inventan. Vemos, con preocupación, cómo se mezclan indebidamente los ámbitos religiosos y civiles y nos angustia que esto siga costando vidas.
Y me pregunto, con Domingo Faustino Sarmiento: ¿Por qué cuando la Iglesia dominó al mundo, no lo educó? Un mundo sumergido en el miedo y la superstición, con mayorÃa de analfabetos. Un mundo sin movilidad social.
¿Qué mejor final que las mismas palabras de Bruno, en “De Monadeâ€, que suenan a despedida: “HabÃa en mà algo que yo era capaz de hacer y que ningún siglo futuro negará me pertenece, aquello de lo que un vencedor puede enorgullecerse: no haber temido morir, no haberme inclinado ante mi igual y haber preferido una muerte valerosa a una vida sumisaâ€.