Steven Pinker: La materia de las ideas

El influyente científico estadounidense Steven Pinker presenta, en El mundo de las palabras, una atractiva introducción a las más recientes discusiones sobre la relación entre lenguaje y pensamiento
Sábado 12 de julio de 2008
Por Ana María Vara
El mundo de las palabras Por Steven Pinker
Paidós/trad.: Roc Filella/632 páginas/$ 118

Un curso acelerado de actualización en lingüística: de eso se trata el nuevo libro de Steven Pinker, ex profesor del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y actualmente en Harvard, donde es titular de una cátedra en el Departamento de Psicología. En sus más de 600 páginas, El mundo de las palabras. Una introducción a la naturaleza humana ahonda en las discusiones más recientes sobre la relación entre pensamiento y lenguaje, con gran dominio técnico de las especialidades que recorre -gramática, semántica, pragmática, psicología experimental, algo de filosofía- y una pasión didáctica que bordea la manía.

Nombrado entre las cien personas más influyentes por la revista Time en 2004 y entre los cien intelectuales destacados por la revista Foreign Policy , Pinker es un investigador embanderado con las explicaciones biologicistas de la condición humana. Ante la dicotomía nature-nurture (naturaleza-crianza) se coloca en el primer extremo. En 2002, fundamentó su postura en La tabla rasa , y en 2005 desafió la corrección política al defender las polémicas declaraciones del rector de Harvard, Lawrence Summers, cuando sostuvo que las mujeres tienen pocas aptitudes para la matemática.

Nada de esa irritante beligerancia llega a El mundo de las palabras , tercera obra de una trilogía que comenzó con El instinto del lenguaje , y Palabras y reglas , en las que exploró cuestiones como la gramática universal de Noam Chomsky y el funcionamiento de la memoria verbal. Pinker es sobre todo un estudioso del lenguaje como facultad innata. En este terreno se vuelve infinitamente más sutil y persuasivo que cuando habla de las bases genéticas de la vocación o de qué debería hacerse con los delincuentes que reinciden.

Ahora bien, ¿hay algo más que interés estético o académico en el análisis de las palabras? ¿Son las florituras del lenguaje tan importantes en el mundo real? El libro comienza con un ejemplo contundente: el juicio por el seguro de las Torres Gemelas, tras los ataques del 11 de septiembre de 2001. Decidir si la caída de los dos edificios representó uno o dos “sucesos” podía poner el costo de la indemnización al arrendatario en 3500 millones de dólares o en 7000.

Se trata de “asuntos” no triviales. Como lo que llamamos “realidad” (”de qué forma los hablantes se comprometen a compartir una determinada interpretación de la verdad, y cómo sus pensamientos están anclados en cosas y situaciones del mundo”); la afectividad (”de qué modo las palabras no sólo apuntan a cosas, sino que están repletas de sentimientos, que pueden darles un sentido a la magia, el tabú y el pecado”); y las relaciones sociales (cómo utilizamos el lenguaje para negociar el tipo de relación que deseamos tener con los otros). Uno de los capítulos más acabados cuestiona la hipótesis Sapir-Whorf, o el determinismo lingüístico, según la cual el idioma que hablamos condiciona el pensamiento. El ejemplo clásico es la cantidad de palabras dedicadas a nombrar la nieve en lenguas como el yupik y el inuit: los habitantes del Ártico aparentemente “ven” entidades diferentes donde otras culturas no pueden hacer distinciones. Pinker considera este ejemplo una “observación banal”. Afirma que “la formulación o el encuadre no limita la mente de las personas” y sostiene que los habitantes del este de Estados Unidos acuñan de manera constante nuevas expresiones para describir tipos de hielo y nieve.

Más allá de sus conclusiones, el interés del análisis está en la sofisticada discusión de las diversas interpretaciones de la hipótesis y los experimentos realizados para ponerlas a prueba. Su posición -Pinker es un chomskiano que cree que, pese a las aparentes diferencias, todos hablamos una misma lengua universal- no le impide conceder importantes puntos a sus adversarios. Otra apuesta teórica es su propuesta sobre la concepción kantiana que subyace en el lenguaje. De allí viene el título original de la obra, tan shakespeariano: The Stuff of Thought , la materia del pensamiento. Los conceptos de sustancia, espacio, tiempo y causalidad tal como fueron caracterizados por Immanuel Kant “son el sustrato de nuestra experiencia consciente. Son el contenido semántico de los principales elementos de la sintaxis”, argumenta Pinker. Nos permiten pensar, pero también nos enfrentan a los límites del pensamiento: “Son artilugios del cerebro, más que lecturas de la realidad, de ahí que, cuando los empujamos hacia las fronteras de la ciencia, la filosofía y el derecho nos planteen una serie de paradojas”.

El capítulo más curioso es el dedicado a las malas palabras. Pinker comenta los trabajos que relacionan insultos y blasfemias con nuestro cerebro animal: las estructuras más primitivas, como los ganglios basales, están involucrados en las emociones. Personas que perdieron el habla por lesiones en la corteza pueden, sin embargo, maldecir. Y ciertas lesiones cerebrales convierten al paciente en una máquina de insultar. Tiene razón Enrique Pinti cuando defiende el poder liberador de las malas palabras; también los censores, cuando afirman que asaltan nuestra sensibilidad. Son poderosas: como los conjuros, están en diferentes lenguas, siempre vinculadas con el sexo, algunas funciones corporales y lo sagrado, “lo cual indica que proferir juramentos y obscenidades es un fenómeno neurobiológico coherente”.

También se disfrutan el análisis del testimonio de Bill Clinton sobre su becaria, y las palabras de George W. Bush que sirvieron para justificar la invasión a Irak. Y hasta el largo capítulo sobre los verbos, una de las inquietudes de Pinker, en donde juega el papel de profesor hasta la obsesión, acumulando ejemplos y explicaciones.

La traducción tiene baches, pero debe reconocerse que la tarea era descomunal. Por todo lo demás, se trata de una edición cuidada de un libro importante, que ofrece muchos momentos de iluminación y deleite.

http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1028516

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One Response to “Steven Pinker: La materia de las ideas”

  1. Diana de Brujeria para el amor Says:

    Hola, me interesa mucho este tema y toda esta informacion me viene de muy bien, gracias…

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