El islam y la democracia de las mujeres
20.12.2008
La iraní Valentina Moghadam reivindica la acción de los movimientos feministas en países islámicos que, en muchos casos sin renegar de la religión, luchan por leyes más justas. Así, dice, llegará la democratización gradual de Oriente Medio.
El islam y la democracia de las mujeres 15:54 | La iraní Valentina Moghadam reivindica la acción de los movimientos feministas en países islámicos que, en muchos casos sin renegar de la religión, luchan por leyes más justas. Así, dice, llegará la democratización gradual de Oriente Medio.
Creadora del Centro de Investigación y Documentación de Mujeres Palestinas en Ramallah, Palestina, Valentina Moghadam nació en Teherán, Irán, y fue titular de la Sección de Equidad de Género y Desarrollo de la UNESCO. De paso por Buenos Aires, dialogó con Ñ sobre las políticas de género en los países de mayoría musulmana y, en general, de las dificultades del feminismo allí donde Estado y religión no son entidades separadas.
—¿Cuál es la base y cuál la evolución del feminismo islámico?
—Sus raíces están en las ideas y escritos Fátima Mernissi, una socióloga marroquí. Ella fue la primera en cuestionar que muchas de las leyes del Islam habían sido escritas por hombres. Y en la República Islámica de Irán en la década de 1990 un grupo de mujeres musulmanas empezó a discutir la ley, las normas y los valores islámicos desde la perspectiva de los derechos de la mujer. Se remontaron al Corán y empezaron a cuestionar la forma en que el libro sagrado de los musulmanes y la historia islámica inicial habían sido interpretados y después codificados en ley e implementados en las sociedades islámicas contemporáneas.
—Todos estos cuestionamientos y los que surgen en otros credos hacen pensar que la religión es incompatible con el activismo feminista. ¿Cuál es su opinión?
—Cuando empezó el feminismo islámico, muchas musulmanas sintieron en realidad que el Islam había sido muy mal comprendido y muy mal interpretado en la Edad Media y en la época contemporánea de construcción de estados. Ellas sentían que era completamente compatible con los derechos de las mujeres y que el espíritu del Corán y el espíritu y la revelación de Mahoma y su vida, era elevar el estatus de las mujeres y de todos los demás. Entraron en conflicto con las propias sociedades musulmanas que dictaban la ley y las prácticas islámicas.
—¿En qué derivó ese conflicto?
—Yo diría que en la República Islámica de Irán el feminismo islámico está acabado. La razón por la cual en Irán terminó no es porque sientan que el Islam no es compatible con los derechos de las mujeres sino porque el estado y sus instituciones religiosas gobernantes no aceptan su argumento. Han alcanzado el límite de su proyecto islámico femenino y ahora han volcado su atención al discurso y el lenguaje de los derechos humanos globales. Esa es la historia para Irán pero en algunos otros países musulmanes y en algunas comunidades musulmanas minoritarias en Europa siguen utilizando el discurso feminista islámico y sostienen que el Islam es compatible con los derechos de las mujeres.
—¿Lo es?
—Mi opinión es que todas las religiones –Islam, Cristianismo, Judaísmo- tienen elementos emancipatorios e igualitarios. Pero en definitiva, creo que las mujeres y las feministas que tratan de buscar respuestas a sus problemas o a su condición subordinada dentro del marco de la religión no pueden tener éxito. Hay que salir de la comunidad o del marco religioso para encontrar la verdadera igualdad o para poder disfrutar de esa igualdad. No se puede encontrar igualdad y emancipación genuina desde el interior de ningún marco religioso.
—¿Esto fue advertido por las redes feministas transnacionales?
—La mayoría de las redes feministas transnacionales utiliza el discurso de los derechos humanos, pero también respetan los valores de las mujeres religiosas. De modo que no insisten en una perspectiva anti-religiosa. No obstante, supongo que coincidirían conmigo también en que la igualdad de género y la emancipación de las mujeres debe venir de un marco de derecho natural, de derechos humanos, de democracia o socialismo. Pueden tener cierta inspiración en valores religiosos pero no pueden basarse en éstos.
—¿De qué manera afecta la crisis capitalista al fundamentalismo patriarcal, principal traba al feminismo en Medio Oriente?
—El fundamentalismo patriarcal ya estaba en crisis. Está en crisis en parte debido al movimiento de los derechos de la mujer en todo el mundo. En algunos casos, sigue siendo un rival muy fuerte para el feminismo y los derechos humanos porque está arraigado en el Estado o aliado al estado. En la República Islámica de Irán tenemos fundamentalismo. El movimiento de las mujeres ha sido desafiante, pero ha tenido serios problemas tanto con el estado como con las autoridades religiosas. Pero el Islam no tiene ningún problema con el capitalismo. Y cuando vemos el mundo musulmán y cuando vemos los movimientos islámicos vemos que no usan el lenguaje del socialismo, no usan el lenguaje del anti-capitalismo y pueden coexistir fácilmente con el neoliberalismo porque su tema principal no es en realidad la economía, no es la justicia social, es la moral pública.
—¿La globalización es una ayuda o una contra en los países musulmanes?
—La globalización tuvo en los países de mayoría musulmana el mismo impacto que ha tenido en América latina. Tuvimos ajustes estructurales, capitalismo neoliberal, mercado de trabajo flexible, sueldos en baja, desempleo alto… Pero creo que la crítica más grande que hacen los movimientos islámicos a la globalización no son las consecuencias económicas sino las consecuencias culturales. Y si entendemos que la dimensión cultural de la globalización es por el lado negativo: MacDonalización, cocacolización y la expansión de los productos occidentales, muchos grupos islámicos y también muchos progresistas están en contra de eso. Pero la globalización tiene otro aspecto y ese es el de la conciencia de los derechos femeninos, protección ambiental, los derechos de los indígenas. Los progresistas de Medio Oriente –están a favor de estos. Pero los islámicos no necesariamente están a favor. Critican ese aspecto de la globalización cultural que consideran en contra de las tradiciones, o de su religión o su concepto y comprensión.
—Por ejemplo, hay casos como el de Oprah Winfrey, que se ha vuelto un referente entre las sauditas, ¿cómo se explica?
—Es una afroamericana, miembro de la minoría. Además, viene de un ambiente muy pobre, tuvo una infancia muy restringida y muy oprimida. No me sorprende que Oprah Winfrey sea tan popular en Arabia Saudita. Hay mujeres en Arabia Saudita, que tienen acceso a esta TV internacional, inspiradas por Oprah, en parte por su propia historia y lo que ha logrado, pero también porque no tienen con quién hablar en su propio país. Arabia Saudita es una sociedad muy represiva. Es el país más conservador, más patriarcal y represivo de toda la región de Medio Oriente.
—Hay que aceptar que los derechos de hombres y mujeres sean distintos en culturas distintas…
—Sí, yo lo digo. No todos los movimientos que encontramos por ejemplo en países occidentales pueden ser – o deberían ser – replicados en cada cultura y sociedad en el mundo. Un ejemplo que siempre se plantea es el movimiento de los derechos de los gays. Hemos tenido un avance enorme en cuanto a derechos de los gays en las sociedades occidentales, especialmente en las sociedades anglo-americanas, Norteamérica, Inglaterra, Australia, Canadá. Se dice que es un tema de derechos humanos y que debería ser un derecho humano universal a nivel mundial. No es algo para lo que estén listas ciertas partes del mundo. Ciertas partes del mundo consideran que esto va con la cultura, pero lo interesante es que esto también va en contra de la cultura de la sociedad occidental.
—¿Cómo es eso?
—Hace veinte, treinta o cuarenta años, los estadounidenses, los canadienses también decían: ¿Derechos para los gay? Por favor, es terrible. Va totalmente en contra de lo que pensamos que debe ser una buena sociedad, una sociedad moral. Pero esas ideas cambiaron en esa parte del mundo. Yo creo que a la larga van a cambiar en otras partes del mundo. Pero no puede ser impuesto desde afuera o desde arriba. Los conceptos de derecho y también los movimientos de derechos tienen que nacer en una sociedad particular. Los movimientos de la mujer que yo estudié en Medio Oriente y África del norte nacieron en esas sociedades, en esas culturas. Esos movimientos feministas nacieron de las contradicciones de esas sociedades.
—¿En materia de leyes, cuál ha sido la apuesta más fuerte?
—Cambiar el derecho de familia. Muchos países musulmanes tienen un derecho de familia basado en la ley islámica, en la Ley de la Sharia, codificada a comienzos de la época moderna o en la Edad Media, que ref leja valores muy viejos. No todos los viejos valores son malos pero algunos sí. Por ejemplo, según la ley de la Sharia, un hombre puede tener hasta 4 esposas. Un hombre puede divorciarse pero la mujer no. Cuando hay divorcio no hay separación de los bienes porque no existe el concepto de bienes matrimoniales, y el padre automáticamente tiene la custodia de los hijos. Son algunas de las leyes que el movimiento feminista quiere cambiar. También las feministas islámicas.
—¿Alcanza una reforma legal?
—La reforma legal es, diría, el epicentro del movimiento de las mujeres en Medio Oriente y África del Norte. Y lo ha sido en muchas otras partes del mundo. ¿Qué fue el feminismo en Estados Unidos y en Inglaterra? Tuvo que ver con los derechos políticos y de voto para la mujer. Reforma legal, cambio legal. Tanto la ola feminista que culminó con el voto, como la que culminó con la igualdad de derechos fueron reformas legales muy importantes. La reforma legal es necesaria pero también debe reflejar algún tipo de cambio en la sociedad.
—Lo vemos en el caso de la violencia doméstica, hacen falta más que leyes…
—También es importante que esas leyes sean acompañadas por campañas educativas masivas y diferentes tipos de prácticas culturales en las comunidades. La violencia contra la mujer es un problema difícil porque se produce en distintos niveles. En el hogar. Hay diferentes tipos de maltrato, pero en general son los maridos contra sus esposas o parejas. Es un gran desafío y requiere leyes, requiere ejecución de la ley, y distintos tipos de cultura, culturas feministas, culturas pacíficas.
—¿Qué papel juega Internet en ese activismo?
—Uno de los éxitos en cuanto a la rapidez con que las organizaciones del movimiento de la mujer son capaces de alcanzar sus objetivos es precisamente Internet, la ventaja de Internet. Cuando sucede algo las organizaciones feministas mandan un alerta o un llamado internacional y los que están en la diáspora – yo soy iraní y americana, me consideran en la diáspora – u otras mujeres solidarias con las campañas en Medio Oriente y el Norte de África enseguida firman una petición y tratan de obtener apoyo. De modo que Internet ha sido enormemente efectivo, enormemente ventajoso para un gran número de movimientos sociales, y ciertamente para el movimiento femenino.
—Cuando habla de logros, ¿cuáles son los más importantes?
—Uno de los más importantes fue la reforma del derecho de familia en Marruecos. Hubo otros más pequeños en Medio Oriente y África del Norte. Una serie de países consiguieron cambiar la ley de nacionalidad para que las mujeres puedan transmitir su nacionalidad a sus hijos aun cuando el padre de sus hijos sea de otra nacionalidad. En Egipto, las mujeres no podían divorciarse. Pero al comienzo de este siglo, como consecuencia de la campaña feminista y el trabajo de las abogadas feministas consiguieron elaborar un proyecto de ley que permitiría a las mujeres egipcias pedir el divorcio. No fue un éxito total porque sigue habiendo un costo, literalmente: la mujer tiene que pagar para divorciarse.
—¿Y qué es lo que sigue?
—Hoy, en la República Islámica de Irán hay una campaña por un millón de firmas. Muchas mujeres son jóvenes estudiantes universitarias –y, dicho sea de paso, muchos son muchachos jóvenes que se llaman a sí mismos feministas y salen a la calle, a las aulas, en el subte, y tratan de conseguir firmas. Estos movimientos de derechos nativos brotan en la sociedad.
—¿Puede imaginar un escenario a futuro, hacia el 2050?
—Espero ver un Medio Oriente democrático. Los movimientos de la mujer y las organizaciones femeninas que movilizaron algunos de estos logros son los elementos más democráticos y modernizadores de estas sociedades. En todo Medio Oriente, están impulsando derechos y valores democráticos a nivel de la familia, la comunidad, en los lugares de trabajo y también a nivel de la gobernabilidad y del Estado. En Argentina ustedes tienen una cuota de partidos políticos. Tienen 31% de representación femenina en el Congreso. En Irán tenemos 4 ó 6%. Tienen una Presidenta. De aquí a 2050 veremos gradualmente más cambios en Medio Oriente y África del Norte como resultado de la acción de estas organizaciones feministas y la insistencia de las mujeres educadas y empleadas en ser parte de la toma de decisiones. Eso va a conmocionar todo el sistema de manera gradual y no violenta. Es mi expectativa y mi aspiración. El tipo autoritario y patriarcal va a desaparecer.
http://www.clarin.com/notas/2008/12/20/_-01824772.htm
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