Luis Triviño, el gran ateo
El prestigioso antropólogo y docente mendocino presenta su libro El ateísmo, primera publicación local que habla sobre este tema.

“Ya no se puede ocultar más la crítica religiosa. Se ha generalizado una conciencia de que no hay explicación posible para las aseveraciones de las religiones”, anota el pensador.
–Cuénteme sobre su libro El ateísmo, y del subtítulo: “a partir de la sagradas escrituras de las religiones reveladas”.
–El subtítulo ubica la fuente de la reflexión. El primer capítulo es una suerte de breve autobiografía ideológica. Parto de que fui criado en la religión católica, y cómo a través de los años y los estudios adopté esta postura atea. Después comienzo con las críticas a las distintas religiones. Tomo al judaísmo y los textos de la conquista de la Tierra Prometida, donde se pone de manifiesto un Dios terriblemente sanguinario, que manda a matar, a asesinar. Luego al cristianismo: hablo por ejemplo del Dios trinitario, que es terriblemente sanguinario, porque el Padre de la Trinidad admite que su hijo sufra y muera para alabar la majestad de Dios. Y eso que dejo de lado las Cruzadas y la Inquisición. Después analizo el tercer paso del monoteísmo, que es el del Corán. Allí analizo duramente, siempre documentado, cómo es un Dios cruel, cómo es el infierno que pinta y promete al pecador. Luego hay un estudio del Popol Vuh, porque nuestros precolombinos tampoco se quedaron atrás en plantear un dios sanguinario y cruel. Sigo con las contradicciones estrafalarias del Hare Krishna y termino con una crítica del mormonismo.
–¿Esto no significa oponer a la existencia de un Dios la existencia del mal?
–Claro. El tema común a las religiones es encontrar fuera de la realidad concreta, en una entidad espiritual (que se ha inventado), la explicación del mal.
–Tiene una dedicatoria muy especial que, seguro, sorprenderá a muchos…
–Se lo dedico a Jorge Contreras, por una razón sencilla: la amistad. Con él trabajamos juntos en el desierto y la cárcel, más allá de toda diferencia ideológica. Le comenté a él hace dos meses sobre este libro. Y me dijo: “Me parece que puede ser un trabajo para la reflexión y el diálogo”. Por eso decidí dedicarle este libro antirreligioso y ateo. Se estaba imprimiendo cuando él murió. Pero además se lo dedico también a Baruch Spinoza. Él adoptó posturas críticas respecto del pensamiento judío de la época y lo excomulgaron. Cito parte del texto de excomunión.
–¿Cómo coteja usted la inexistencia de Dios?
–En el capítulo final, planteo la alternativa teísmo laico versus ateísmo. Hago una crítica muy rápida a los intentos del teísmo laico y planteo el porqué del ateísmo. Pensando qué tipo de Dios podríamos concebir racionalmente: el Dios deísta no nos sirve de nada, y otro que crea las cosas pero sigue su providencia, y allí aparecen las barbaridades, las catástrofes, muertes, y el concepto biológico esencial al tema del comercio entre las especies, inherente a la vida. Si un Dios creó la vida la creó con esa inherencia. Un Dios que concibe una realidad y es providente, es racional y éticamente inconcebible. Para mí el ateísmo está demostrado. Por los instrumentos racionales, éticos y empíricos, lo único que nos queda por pensar es que no existe Dios. El universo, la materia, la energía, son inherentes a sí mismos. Han tenido su evolución, pero sin ningún elemento extramaterial. Es inconcebible.

Noticias relacionadas
Tags: ateÃsmo, Ateos, Luis Triviño, Mendoza