Williamson y el papel de la Iglesia
Williamson y el papel de la Iglesia
Fortunato Mallimaci fue decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Es especialista en cultura y religión.
rarcomano@miradasalsur.com
Richard Williamson tiró la bomba hace unos días. El obispo británico residente en la Argentina negó la existencia del Holocausto judío. Los dichos detonaron con todo fuera y dentro de la Iglesia Católica. Fortunato Mallimaci dio su visión sobre el tema a Miradas al Sur. Tema que conoce bien: es profesor de la cátedra de Historia Social Argentina y del seminario Sociedad y religión, en la Faculta de Ciencias Sociales de la UBA, de la que fue decano. También es investigador del Conicet en el área de Sociedad, Cultura y Religión. Mallimaci cree que el exabrupto de Williamson se inscribe dentro “de un proceso dentro de la Iglesia Católica de retomar cada vez más un espacio más conservador, dogmático y autoritario” liderado por Benedicto XVI.
–¿Qué opina de las declaraciones antisemitas de Williamson?
–Es importante contextualizar. Este sacerdote proviene de la fraternidad lefebvrista San Pio X. Pio X fue el Papa que creo a principios de siglo XX una organización que se dedicó a perseguir en todo el mundo católico a aquellos sacerdotes, religiosas y dirigentes que consideraba modernistas. Los echaban, los expulsaban y los denunciaban. Una organización policíaca en el interior de la Iglesia Católica dirigida por el propio Papa. Esto muestra que en ese momento de la Iglesia era muy fuerte que la idea de que a la modernidad, al liberalismo y al comunismo había que perseguirlos por todos los medios.
–¿Hasta cuando duró esa política?
–Hasta los ’60, cuando llegó el Concilio Vaticano II. Desde el punto de vista dogmático, doctrinario y religioso se pone en tela de juicio la idea de que la Iglesia es la única que tiene la verdad. Se empieza a decir que hay otros grupos religiosos que tienen su verdad. Ya no se habla de los “pérfidos judíos”. Y hay documentos que hablan de la necesidad del diálogo con otras religiones y de abrirse al mundo. Pero en ese momento un grupo de obispos decide estar en contra del Concilio. Entre ellos un argentino, monseñor Adolfo Tortolo. También el obispo Lefebvre, que está totalmente en contra de esa apertura y de esa renovación. Así funda esa fraternidad, que hace de pelear contra la modernidad y contra las reformas del Concilio su principal razón de ser. Por eso Juan Pablo II, que había sufrido la persecución del nazismo, los expulsa de la Iglesia.
–¿Por qué esa congregación tiene en el país una de sus principales sedes?
–Porque tenían contacto con el obispo Tortolo que había votado, como ellos, en contra del Concilio. Este obispo, con la llegada de los militares en el ’76, fue nombrado presidente de la Conferencia Episcopal Argentina. Todos los que ocuparon ese cargo después fueron cardenales. Menos él. Porque desde Roma sospechaban de este señor. Varios sacerdotes con problemas terminaban en el seminario lefebvrista de La Reja. Eso demuestra las enormes afinidades que había entre Tortolo y el grupo de Lefebvre.
–¿Qué lugar tenían dentro de la estructura de la Iglesia Católica?
–Ninguna. Porque el Papa los había echado en 1988. El catolicismo es un espacio social con límites. Hay un montón de grupos que se dicen católicos pero no son aceptados institucionalmente. El obispo Lefebvre volvió a nombrar obispos. Desde el punto de vista dogmático, si un obispo nombra a otro obispo hay que aceptarlo. Pero Juan Pablo II los echo. ¿Porque Benedicto XVI ahora los toma? Porque este Papa quiere volver a retomar una idea de una iglesia que sea la única poseedora de la verdad. Volver a dogmas muy fuerte, como la misa en latín y en gregoriano.
–¿Williamson expresa a los sectores ultaconservadores?
–Quizá sí sea la voz de sectores ultraconservadores, y no tanto de la Iglesia Católica. Porque si bien alguna gente podría pensarlo, hay hechos que lo desmienten. Un ejemplo: Juan Pablo II visitó al gran rabino de Roma. Sucede que el Papa actual dice que la Iglesia Católica es la única verdad, que los islamistas no pueden dialogar o que los divorciados no tienen espacio en la iglesia. Esto le deja la pelota servida a estos grupos ultraconservadores.
“A mucha gente lo que más le preocupó fueron los dichos de antisemitismo de Williamson. Pero estos tipos declaran en contra de los inmigrantes o de la homosexualidad, por ejemplo. Son grupos que viven de la historia complot, de la persecución a los cristianos y de la idea de una campaña mundial en contra del verdadero cristianismo que representan ellos. Es parte central de su manera de pensar y actual. Dicen barbaridades sobre todos los temas”, destaca Mallimaci.
–¿Cree que fueron declaraciones dichas al azar o tienen una intencionalidad?
–Este tipo de afirmaciones son comunes en los lefebvristas y en mucha gente ultraconservadora de la iglesia. En el fondo subyace una idea: ellos sostienen que los derechos humanos son obra de la Revolución Francesa, a la que ven como una continuación de la reforma protestante de Lutero. Y que la Revolución Francesa fue atea, masónica, judaica y marxista. Porque defender los derechos humanos es pensar que los seres humanos tienen conciencia y pueden decidir sus actos, cuando la conciencia la debe tener la iglesia, la autoridad eclesiástica, que es la que tiene que decidir. Este es el fondo del problema. Son gente hiperconvencida. Williamson dijo: “Si me traen pruebas puedo creer”. Hay un proceso dentro de la Iglesia Católica de retomar cada vez más un espacio más conservador, dogmático y autoritario. De sumar a estos grupos. Hay que analizar por qué la Iglesia Católica, que había hecho todo un proceso de apertura, hoy se encuentre a través de su principal autoridad, Benedicto XVI, poniendo en tela de juicio a alguno de los lineamientos del Concilio Vaticano II.
–¿La negación del Holocausto es negar cualquier verdad fuera de la Iglesia?
–Las consignas “fuera de la Iglesia Católica no hay salvación” o “sólo la iglesia tiene la verdad” tienen que ver con la estigmatización del judaísmo. El judío como esa otredad causante de todos los males y por eso chivo expiatorio de nuestras sociedades. Pero la negación del Holocausto muestra el nivel de intolerancia y el nivel de posturas intransigentes por parte de esta gente.
–¿Por qué la Iglesia Católica argentina no salió a decir qué opinaba sobre el tema?
–Es una pena que estando este grupo y Williamson en Argentina la Conferencia Episcopal Argentina, el cardenal de la ciudad de Buenos Aires u otros obispos no se hayan expresado al instante para decir: “Este señor no tiene nada que ver con nosotros”. Acá, donde este señor vive y tiene su seminario, silencio total. Dentro de la iglesia hay una postura de miedo. El silencio opresor e indigno de los mandatarios eclesiásticos argentinos muestra más complicidades y pensamientos afines que otra cosa.
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