Matrimonio gay: un dogma no tiene por qué ser ley para toda la ciudadanía

Matrimonio gay: un dogma no tiene por qué ser ley para toda la ciudadanía En diálogo con RN On Line, la legisladora porteña y doctora en filosofía desarrolla qué significa esta lucha de las minorías sexuales, qué pasa con el concepto tradicional de familia, qué implica la postura de la Iglesia y por qué el oficialismo no da la discusión.
Alex Freyre y José María Di Bello estaban listos para casarse, esta semana en Buenos Aires. Pero no pudo ser. Otra vez será. Sin duda, otra vez será. Porque más temprano que tarde el matrimonio gay en este país dejará de ser un reclamo, una lucha por el sentido, y será un hecho y un derecho.
Este lunes pasado quedó suspendido el primer casamiento entre personas del mismo sexo en Argentina y en América Latina tras la decisión de la Cámara Nacional Civil de rechazar la habilitación dada por una jueza porteña, lo que provocó protestas de las organizaciones homosexuales.
RN On Line dialogó con Diana Maffía, legisladora porteña (2007-2011 por la Coalición Cívica y doctora en filosofía de la UBA, con una tesis sobre “Género, subjetividad y conocimiento”), para conocer su opinión sobre el tema. “Acá hay una batalla por los sentidos que consiste en apropiarse de una institución que a la vez tiene un aspecto jurídico, por un lado, que tiene que ver con el acceso a un contrato de matrimonio; y por el otro, una cuestión dogmática, religiosa, que es el matrimonio como un sacramento. Durante mucho tiempo lo religioso y lo jurídico estuvieron unidos y para mucha gente deberían seguir estando unidos y la verdad es que desde 1994 la Argentina es un país laico, un país donde no hay religión de Estado”, dijo.

“Las leyes son leyes y los dogmas son dogmas y, en todo caso, un dogma se debe hacer valer entre los feligreses de ese dogma pero no tiene por qué ser ley para toda la ciudadanía.

Quedarse con la palabra matrimonio sólo para la unión religiosa y que no pueda haber un derecho civil que se impuso durante siglos a mí me parece abusivo”, opinó. No sólo impiden ampliar el derecho y arribar “a lo que simbólicamente significa un matrimonio sino que retienen el simbolismo matrimonial sólo para el sacramento religioso”.

“A mí me parece que hay políticas de reconocimiento que son tan importantes como las políticas de distribución económica”, aclara, y “esta es una política de reconocimiento, es una lucha por el sentido y es una lucha política porque tiene que ver con disputas de poder. Nuestro país como país laico tiene que proponer la amplitud de todos sus derechos a todos sus habitantes sin ningún tipo de discriminación porque es lo que la Constitución Nacional recomienda”.
Sobre esta lucha de las minorías sexuales por lo simbólico, Maffía sostiene que “significa una equiparación, una convicción de que podemos tener los mismos derechos seamos quienes seamos”. “Si yo estoy casada hace 30 años, ejemplifica, y lo mío se llama matrimonio también debe serlo cualquier unión de dos personas con los mismos objetivos de protección, afecto, cuidado muto, expresión amorosa, conformación de una familia”.

Explica que la idea de que sólo sean personas de diferente sexo con el objetivo de procreación impide ingresar al matrimonio a personas cuyo objetivo no es tener hijos, por ejemplo: “realmente es un modo absolutamente restrictivo, que no tiene que ver con cuestiones legales y me parece que es revisable socialmente”.

Maffía considera que en algún momento esa idea reflejó la aspiración de una sociedad pero ya no la refleja y que es altísimo el porcentaje de opinión pública que acompaña esta ampliación del matrimonio por fuera del matrimonio de personas de diferente sexo.
“Todo el mundo tiene derecho a una convivencia feliz, protegida, amorosa. Si la familia conserva alguna vigencia esa vigencia debe ser alcanzable por cualquier par de personas que aspire a esa protección, a esa convivencia, a ese afecto mutuo, a ese sostén y a ese compartir derechos y deberes que significa el matrimonio”, sintetiza.
El concepto de familia tradicional cambió, ¿se acabó la familia?
“Hay muy pocas familias que, en la actualidad y en nuestro país, responden a la descripción tradicional de un varón y una mujer que se unen para procrear. No sólo que muy pocas estructuras tienen este formato de familia nuclear sino que se pretende hacer valer esa definición de familia como eterna cuando es una familia reciente, generada con el surgimiento del Estado moderno con el objetivo fundamental de proteger un nuevo modelo económico que era el capitalismo. Esa familia amplia, que incluía mujer, hijos, patriarca y hasta a los esclavos, se restringe con el surgimiento de la revolución industrial. La familia ya no es el lugar de producción sino que el lugar de producción se traslada al ámbito público, a las fábricas, por lo que sólo conserva la función reproductiva y de cuidado. Se achica, se hace pequeña y genera dos obligaciones diferenciadas: el sostén económico por parte del varón -el patrimonio-, y la obligación de legitimidad de los hijos en la mujer, que es el fin reproductivo. Quiere decir que esto está hecho para la legitimación de la propiedad privada y de la herencia. Prestarle carácter sagrado a una estructura hecha a la medida de un cambio económico es una necedad. Es naturalizar algo que de ninguna manera es natural sino que ha sufrido muchísimos cambios y, de hecho, ya no es la estructura predominante en nuestra sociedad.
“Ahora, uno podría decir se acabó la familia. Yo creo que sigue habiendo funciones importantes con respecto a un núcleo primario de seres muy vulnerables, como son los hijos. La familia es el espacio de la primera socialización, de la adquisición de la lengua materna, del afecto, del cuidado, de la protección mutua, del sostén, del compartir responsabilidades. Ese núcleo sigue teniendo una función social importantísima pero nada indica que esa función deban tenerla personas de diferente sexo ni que tenga que ver con la procreación. Me parece que son objetivos sociales, éticos y morales que no podemos restringirlos solamente por la orientación sexual, la identidad o la procreación”.

La postura de la Iglesia
“Ciertas cuestiones religiosas yo no las voy a discutir porque son posiciones religiosas, como por ejemplo, la de expulsar a personas divorciadas o a personas homosexuales de de la protección que se supone que es pertenecer a una religión. Es una decisión del dogma. Ahora, pretender que se las expulse de instituciones sociales me parece completamente abusivo porque es poner a la Iglesia a tutelar las organizaciones republicanas, cosa que muchas veces intentan pero resulta inapropiada porque este no es un estado talibán, este es un estado laico y esto, evidentemente, cuesta trabajo para mucha gente respetarlo”.
El oficialismo que no debate
“Es evidente y es público, que los diputados oficialistas nacionales al principio dieron apoyo al proyecto y luego lo retiraron. Se enfrió la situación por pedido de la propia Presidenta y de su viaje al Vaticano que no quería que fuera enturbiado esta cuestión del matrimonio gay. Sabemos lo que pasó con el gobierno de la ciudad de Buenos Aires sencillamente con no ponerse en contra, y el reclamo airado del arzobispo de Buenos Aires, no tanto por el bien de sus feligreses sino por la preservación de su carrera al papado. Hay que pensar que acá hay muchos intereses de distinta índole que no son precisamente la salvación de las almas”.
Ahora, la decisión es de la Corte
“Siempre tengo esperanzas en que la Corte acompañe las cuestiones que son justas. Tengo esperanzas en que la Corte tenga esa posibilidad de repensar cuál es la validez del Código Civil en este tema y en muchos otros temas en los que tenemos que ir avanzando. El cambio es inapelable, se puede entorpecer y retrasar pero no impedir”.
A las parejas de gays y lesbianas que esperan ejercer su derecho al matrimonio
“Me parece que la vida de las parejas es siempre trabajosa. Así como había un viejo slogan que decía que la tierra es de quien la trabaja, el matrimonio también es de quien lo trabaja. Gays, lesbianas, heterosexuales todos tenemos el mismo trabajo frente a la constitución de una pareja, su preservación, su mantenimiento.

Tendríamos que estar más atentos al desamor social, a la exclusión de sectores tan vastos y amplios de nuestra sociedad, a la intolerancia y al desgarramiento que eso significa, que impedir que puedan unirse, amarse y cuidarse personas que trabajosamente han llegado a encontrar a otro con quien compartir sus días”.

Por Natalia López (natalial@rionegro.com.ar)

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2 Responses to “Matrimonio gay: un dogma no tiene por qué ser ley para toda la ciudadanía”

  1. carlosh Says:

    Las personas que se oponen al matrimonio de personas del mismo sexo y a su posibilidad de adoptar, lo deben hacer por alguna razón. Si no tienen razones, entonces se trata de un mero prejuicio que descalifica inmediatamente la posición. Si las tuvieran, éstas deben ser explicadas y fundamentadas, pues resulta probable que quienes así piensan se encuentren en un error. Concedo aquí que los que así piensan lo hacen de buena fe.
    Hasta ahora, todas las razones que se han expuesto para oponerse a ambos temas tienen su origen en una cierta concepción de la homosexualidad, a la que se califica de negativa. Están los que en un extremo piensan que se trata de una enfermedad, curable o incurable, hasta los que benévolamente la señalan como una desviación de la naturaleza. Pero en todo caso, sostienen que el trato asiduo o incluso ocasional con homosexuales, es susceptible de causar perjuicios, o cuanto menos, incomodidad.
    Los que así piensan, deben estar dispuestos a asumir todas las consecuencias y derivaciones de sus propias premisas, bajo el riesgo de incurrir en incoherencias que tornan insostenible su posición.
    Deberán explicar, por ejemplo:
    - Si es que el matrimonio heterosexual es el modo “natural” de asegurar la especie, como es que éstos matrimonios procrean hijos homosexuales.
    - No deberían tolerar que una madre lesbiana, con capacidad biológica para procrear, conciba un hijo propio. Y mucho menos si el padre también es homosexual. En éste caso debieran justificar una especie de “policía sexual” que tuviera por función indagar en todo caso si el “papa” o “mama” o ambos son homosexuales.
    - Deberían explicar que harían con un hijo homosexual propio. Para ser coherentes con su pensamiento, debieran señalarlo como un anormal o enfermo; segregarlo de sus propios hermanos para que no resulten perjudicados por el trato asiduo con un anormal o enfermo; debieran segregarlo de la escuela, avisar a todos los maestros y compañeros que tengan cuidado con su propio hijo que puede hacerles daño y, finalmente, también aislarlo o segregarlo de toda la comunidad.
    - Debieran también estar dispuestos a indagar si los maestros, curas, compañeros o cualquier persona que tenga trato con ellos o sus hijos, son homosexuales y obrar en consecuencia.
    - Debieran preguntarse y explicar, que pasaría si “mama” o “papa” o ambos, formados bajo éstas ideas, no pudieron “curarse” de la homosexualidad que padecen desde siempre a pesar de haberlo intentado seriamente; incluso habiendo formado una “familia natural” y contraído matrimonio a pesar de su condición homosexual. Siguiendo con su propia lógica, cualquiera de los hijos heterosexuales, o un juez si se diera el caso, una vez descubierta la homosexualidad de uno o ambos padres, debieran repudiar a los padres y privárselos de la tenencia y patria potestad. A menos que la “apariencia de normalidad” de una familia “normal” sea suficiente para alejar los peligros de la homosexualidad.
    - Debieran estar dispuestos a sostener que todo caso de adopción este sujeto a una indagación previa rigurosa de los postulantes y descartar en todo caso a los homosexuales; incluso someter a revisión periódica todas las adopciones ya concedidas, para detectar aquellos casos en que el control falló o la homosexualidad se manifestó tardíamente.
    - Si defienden la “concepción natural” debieran oponerse a la adopción por parte de padres heterosexuales estériles.
    - Si los homosexuales son anormales o peligrosos, o las dos cosas, debieran fijar un límite hasta donde es justificada su segregación, si es que hay un límite.
    - Debieran oponerse a todo matrimonio que no sea susceptible de procrear(ancianos, estériles, etc.).
    - Debieran justificar el aborto o alguna intervención terapéutica intrauterina si fuera posible detectar fetos homosexuales y “corregir” esta desviación o enfermedad.
    - Debieran repudiar, incluso perseguir, a aquellos matrimonios heterosexuales que pudiendo tener hijos han decidido no tenerlos, traicionando así el mandato “natural”.
    - Debieran explicar por que razón se oponen a que un grupo de personan luchen por lo que no tienen, cuando no están amenazadas sus propias libertades o concepción de vida o de familia.
    - Debieran sentirse obligados a repudiar a sus propios hijos homosexuales, avergonzarse de ellos y considerarlos inferiores, portadores de un defecto contra natura, y destinatarios naturales del odio, conmiseración, lástima, compasión, u otro sentimiento discriminatorio por parte del resto de las personas heterosexuales “normales”.
    - Debieran sostener y explicar que siempre y en todo caso, los padres heterosexuales son beneficiosos para los niños y nunca, en ningún caso, los padres homosexuales lo son.
    - Debieran finalmente, explicar por que razón no dejan vivir a la gente en paz, conforme a sus propias convicciones y se empeñan en imponer a los demás sus propias ideas morales o religiosas.
    A menos que los que así piensan proporcionen fundamentos plausibles o respuestas imparciales a las cuestiones planteadas mas arriba, y otras muchas que pudieran proponerse, estaríamos frente a un caso de mera intolerancia fundada en prejuicios y no ante posturas razonables.

  2. pipo Says:

    Los heterosexuales también tenemos derechos. Matrimonio es la unión libre de un hombre y una mujer para realizar la comunidad de vida, en donde ambos se procuran respeto, igualdad y ayuda mutua con la posibilidad de procrear hijos de manera libre, responsable e informada. ¿Por qué hay que modificar esta institución por el capricho de una minoría? ¿No sería más democrático que los homosexuales creen su propia institución? Me parece perfecto que se unan ante la ley, que cobren la pensión en caso de fallecimiento, etc, etc pero creen su propia institución.

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