Salta: Con la religión a la Corte
Domingo, Septiembre 12th, 2010Para la asesora general de Incapaces, Mirta Lapad, no corresponde llevar la cuestión de la enseñanza religiosa a la Corte
Lunes, 30/08/2010 | 16:33 hs

La enseñanza religiosa en las escuelas de Salta se va de a poco convirtiendo en un asunto más que dialéctico. Hay quienes ya están pasando a los hechos, como lo demuestra la presentación de un recurso de amparo promovido por un grupo de padres que buscan la suspensión de la materia religión en las aulas bajo el cargo de discriminación hacia quienes no son católicos.
El expediente cayó en las manos del juez Marcelo Ramón Domínguez, quien inmediatamente se declaró incompetente para tramitar la causa y envió el problema directamente a la Corte de Justicia. En el escrito, los demandantes pedían la inconstitucionalidad de la ley de educación.
Así, de pronto, pareciera haber fermentado un recelo hacia la enseñanza de la religión católica rayana en el exceso si se quiere. Todo en el fondo reside en un nuevo enfoque que la sociedad ha tomado respecto de algunos temas y bajo el rótulo de derechos humanos, lejos de solucionar problemas de la gente, se colocando cada vez más temas embarazosos.
El argumento de la igualdad de trato y aspiraciones se aplica –paradójicamente- discriminatoriamente. Para algunas cosas y temas como éste de la educación, se esgrime la necesidad de la igualdad y se llega incluso hasta la justicia. Pero en otras cuestiones más tocantes a la salud de la sociedad, nadie está dispuesto a realizar igual demanda; por ejemplo, exigir ante la justicia que el acceso a los puestos de conducción política o cargos oficiales se haga respetando estrictamente la regla del Artículo 16 de la Constitución Nacional, que prescribe, entre otras, la idoneidad y la capacidad para asumirlos. Mucho menos se observan presentaciones similares para reclamar la igualdad en el pago de las cargas públicas, cuando desde los mismos legisladores en el aspecto tributario hay diferencias. Sobre estas cuestiones nadie dice nada.
De esa manera, el circuito político alimenta estas polémicas que recogen algunos a son de defender los derechos de sus niños, lo cual está bien; pero mejor defenderían esos derechos procurando más bien una mejor calidad educativa, un mejor alistamiento cultural y una mejor infraestructura en el sistema, lo cual los prepararía con excelencia para ser virtuosos ciudadanos que contribuyan al crecimiento de un mejor país.
Sin embargo se detienen únicamente en la cuestión religiosa, con una innegable malquerencia hacia el catolicismo, cuando al fin, y mal que les pese a muchos, esa forma de religiosidad está en la base misma de la cultura americana y particularmente en la de Salta. Eliminar el conocimiento del dogma católico no es ni más ni menos que desgajar una parte de la identidad cultural del salteño, del argentina y por supuesto, del hombre americano.
Tampoco se trata de hacer una apología del catolicismo, toda vez que la jerarquía católica y sus acólitos pecan en no pocas ocasiones de soberbia y exceso de culto. Pero si ésta es la religión que debe ser enseñada, y se la impone de esa manera, por lo menos debieran prever la mejor formación posible en los catequistas y la comprobación de que lo enseñado queda. Los jóvenes e incluso adultos no tienen casi idea de qué se habla a la hora de preguntar conceptos tan elementales como “Las 99 preguntas del catecismo”.
De modo, pues, que de todas partes hay falencias. El sistema quiere imponer una religiosidad que se aprende únicamente en el seno de la familia. La escuela es apenas una contribución muy elemental a la cuestión religiosa. Los padres quieren absoluta libertad y respeto para la creencia de sus hijos, pero tampoco hacen mucho por bregar por una excelencia educativa que no pasa por un módulo semanal de educación religiosa católica.
En el fondo, se ha perdido el fin último de educar que es formar al individuo en la más completa formación, tanto intelectual como espiritual.-

Hace poco más de un año, 