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Archive for the ‘Personajes’ Category

Sanjuana Martínez

Domingo, Mayo 18th, 2008

Fuente: Wikipedia

Sanjuana Martínez es una periodista mexicana nacida en 1963 en Monterrey, Nuevo León, México, acreedora al Premio Nacional de Periodismo 2006 (México) y al premio de periodismo Ortega y Gasst edición 25 en 2008. Lleva 21 años en el periodismo. Estudió en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Nuevo León en Nuevo León, México.

Realizó estudios de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid. Ha investigado asuntos relacionadas con la defensa de los derechos humanos, violencia de género, actividad terrorista y crimen organizado, tanto en México como en Estados Unidos y Europa. Ha trabajado para Diario de Monterrey, Canal 2 de Televisa Monterrey y la revista Proceso. Para la revista Proceso fue la corresponsal por 15 años en Madrid.

Ha cubierto los fenómenos migratorios de Europa y el norte de África. Recorrió la frontera entre Estados Unidos y México para ofrecer los pormenores de la tragedia cotidiana de los migrantes mexicanos. Como corresponsal cubrió las distintas crisis de la iglesia católica y se adentró en los delitos de pederastia cometidos por el clero, que han estremecido los cimientos de la Santa Sede. Es autora del libro: “Manto púrpura. Pederastia clerical en tiempos del cardenal Norberto Rivera Carrera” (Editorial Grijalbo).

El Comité para la Protección de los Periodistas con sede en Nueva York documentó y denunció las amenazas de muerte que la periodista ha recibido a raíz de sus investigaciones en torno al cardenal Norberto Rivera Carrera y los delitos de abusos sexuales de sacerdotes en México.[1] La organización Reporteros Sin Fronteras incluyó su caso en un informe.

Con respecto a las denuncias realizadas contra Rivera Carrera se tratan de calumnias y demostró con documentos y fotografías, donde el religioso no se encontraba en México.[2] Pero existe documentación en los tribunales de Los Ángeles, California, donde el arzobispo primado de México Norberto Rivera Carrera pide (en lenguaje cifrado mencionando “un problema” del sacerdote Nicolás Aguilar) la aceptación del sacerdote (señalado en 2007 en la corte de Los Ángeles por pederastia) de aceptarlo en la diócesis de California al cardenal Roger Mahoney. La corte de Los Ángeles emitió el pago de 660 millones de dólares a las víctimas de pederestía, la más alta en la historia de los Estados Unidos de América y del mundo. Sólo el sacerdote Nicolás Aguilar habría abusado de 26 niños en California y anteriormente de 60 niños en México

. El cardenal Roger Mahoney se disculpó ante las víctimas y comentó que el hecho era “pecado y un crimen”. El sacerdote Nicolás Aguilar viviría oculto entre Puebla y Morelia.[3]

Actualmente desarrolla su labor periodística en W Radio, el periódico La Jornada y publica los viernes su columna “A bocajarro” en el periódico Milenio diario de Monterrey.

Obras

Ha publicado los libros

  • “La cara oculta del Vaticano” (Plaza y Janés)
  • “Si se puede. El movimiento de los hispanos que cambiará a Estados Unidos” (Grijalbo Mondadori)
  • “Prueba de fe, la red de cardenales y obispos en la pederastia clerical” (Planeta, octubre de 2007)
  • Es coautora de los textos: “Un día sin inmigrantes” (Grijalbo Mondadori)
  • “Voces de Babel” (Alfaguara)
  • “Manto púrpura. Pederastia clerical en tiempos del cardenal Norberto Rivera Carrera”, 2007, (Editorial Grijalbo Mondadori)

Premios y distinciones

  • Premio Nacional de Periodismo 2006 (México)
  • Premio Ortega y Gasset otorgado por el periódico El País al “Mejor Trabajo de Investigación” de la versión 25 de los Premios Ortega y Gasset de Periodismo. Este premio viene en el mundo de habla hispana lo que el Premio Pulitzer de habla inglesa.[4]

Referencias

A 80 años del nacimiento del Che en Rosario

Sábado, Mayo 17th, 2008

Fuente: Rosario 3

Homenajes a 80 años del nacimiento del Che en Rosario

La ministra de Cultura provincial dio detalles de cómo se celebrará en la ciudad el natalicio de Ernesto Guevara. Recitales, talleres, ponencias y el descubrimiento del Monumento del Che son algunas de las actividades
El 14 de junio de 1928, Ernesto Guevara nacía en Rosario. Ochenta años después, la ciudad decidió celebrar este acontecimiento luego de que se convirtiera en un personaje clave de la historia latinoamericana por su protagonismo en la Revolución Cubana junto a Fidel Castro.

A pesar de que Guevara no vivió en Rosario, el hecho de que nació sobre este lado de la orilla es motivo suficiente para sentirlo “de acá”. Es por eso que el Municipio puso en marcha una serie de actividades que tendrán lugar ente el 12 y el 15 de junio y que transformarán la ciudad en un imán para quienes deseen reivindicar la figura del Che o bien, tan sólo deseen ser protagonistas de la reivindicación hacia su persona.

“El 13 de junio será la inauguración en el Teatro El Círculo”, comenzó a dar detalles Chiqui. “Van a estar presentes Osvaldo Bayer, Fernando Birri y el cubano Miguel Barnet”, detalló. El 14 de junio se inaugurará la estatua de Ferrari construida con llaves de todo el mundo. Se trata de una obra de bronce de 4 metros de altura y de 3 mil kilos que será ubicado en inmediaciones de la vieja Estación Central Córdoba, en el parque Hipólito Yrigoyen, por Bv. 27 de Febrero.

En tanto, el 15 de junio habrá un recital en el Monumento a la Bandera con la presencia de Jaime Ross, Juan Carlos Baglieto, Vicente Feliú y León Gieco.

“Festejamos la cuna, la ciudad que lo vio nacer, es un enorme argentino”, reflexionó González. “Estamos celebrando su cumpleaños en lugar de su muerte. Nació como mito a todas las formas de la historia y el arte se ha ocupado tanto de él que es imposible obviar al Che”, reflexionó.

También habrá foros, como el de centrales sindicales y movimiento obrero, organizado por la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), encuentro de solidaridad con Cuba con alcance internacional y un encuentro Internacional de Cátedras del Che.

El Dr. Mario Bunge será investido como Doctor ”Honoris Causa”.

Sábado, Abril 26th, 2008

Fuente: Facultad de Derecho de la UBA

El próximo 28 de abril a las 18.30 hs tendrá lugar en el Aula Magna de nuestra Facultad el acto por el cual el Dr. Mario Bunge será investido como Doctor “Honoris Causa” de la Universidad de Buenos Aires.

La laudatio será pronunciada por el Dr. Eugenio Bulygin. Posteriomente, el Dr. Bunge dictará su lección magistral de investidura sobre “El enfoque sistémico del delito”.

Al concluir la actividad, se ofrecerá a los presentes un vino de honor.

Se solicita confirmar asistencia a relainst@derecho.uba.ar ó al 4809-5690

El Dr. Mario Bunge es Licenciado en Ciencias Físico-matemáticas recibido en la Universidad Nacional de La Plata. En 1952, se doctoró en la misma universidad. Obtuvo quince doctorados y cuatro profesorados honorarios.

Fue catedrático de Física en las Universidades de Buenos Aires, La Plata, Temple y Delaware. Enseñó filosofía en Argentina, Uruguay, México, EE.UU., Alemania, Dinamarca, Suiza y Australia. Es miembro de la Royal Society of Canada, Institut International de Philosophie, Académie Internationale de Philosophie des Sciences, American Association for the Advancement of Science, Academia Nacional de Ciencias (Argentina), Academy of Humanism, y otras sociedades académicas. Actualmente ocupa la Cátedra Frothingham de Lógica y Metafísica en la universidad McGill, de Montreal.

Ha publicado investigaciones originales en física atómica y nuclear, matemática aplicada, sociología y filosofía, y fundamentos de la física, biología, psicología, sociología y política científica. Es autor de más de 40 libros y casi 500 artículos en una docena de lenguas. Su principal libro científico es Foundations of Physics (1967). Su principal obra filosófica es Treatise on Basic Philosophy (8 tomos, 1974 - 1989) que comprende sus propias teorías sobre ontología, semántica, gnoseología, epistemología y ética.

En 1982 recibió el premio Príncipe de Asturias en Humanidades y Comunicación, y en 1986 fue galardonado en nuestro país con el Premio Konex en la categoría “Lógica y Teoría de la Ciencia”.

Pepe Rogriguez: Los pésimos ejemplos de Dios (Según la Biblia)

Sábado, Marzo 15th, 2008

Fuente: Pepe Rodriguez

Introito brevísimo

Vaya por delante que este libro está escrito en coautoría. El 90 % del texto es la palabra de Dios en estado puro, esto es, tal como se recoge en la Biblia, y el resto son simples comentarios de un pobre autor al que el Altísimo sólo dotó de sentido común, pero no de fe.

Si a algún lector no le gusta su contenido, que dirija sus protestas ante el autor de la Biblia, ya que este escritor no le ha cambiado ni una palabra a lo que los representantes autorizados de Dios certifican que dijo.

Escribir este libro no tendría ningún sentido si la Biblia se considerase una colección de textos inconexos procedentes de antiguas leyendas mesopotámicas y egipcias, y de tradiciones orales de pastores nómadas incultos —en relación al nivel que tenían la mayoría de las sociedades con las que se relacionaron y coexistieron— que, tras muchos siglos de remiendos y añadidos fueron recogidas, ampliadas y reelaboradas por «profetas» y clérigos muy listos al servicio de los intereses políticos, encubiertos bajo reformas religiosas, de reyes ambiciosos como Ezequías (1) o Josías (2). Pero no, tal como veremos más adelante, la Biblia es la palabra de Dios y él es el único inspirador-autor de todo lo que contiene esa colección de libros tan disparejos.

Me perdonará el lector el atrevimiento de confesar, de entrada, que el sentido común con el que Dios me creó y los conocimientos que el Altísimo ha puesto a mi alcance (3) me inclinan a pensar que nada hay de divino en la más humana de las obras. ¿Pero quien soy yo para llevarle la contraria a unos dos mil millones de cristianos que creen a pies juntillas que la Biblia la escribió Dios? Nadie, claro; ya me lo han dicho algunos católicos muy irritados a causa de otros libros míos; textos que aunque no han visto ni leído sí han repudiado preventivamente. ¡Qué cómoda es la fe de esa gente! ¡les evita leer montañas de libros —los míos no son los únicos que rechazan, ni mucho menos— al tiempo que les hace sentirse seguros y orgullosos poseyendo como capital más preciado todo lo que ignoran!

En esta ocasión, sin embargo, no cometeré la torpeza de cuestionar lo fundamental de la Biblia. Si unos dos mil millones de creyentes dicen que es la palabra de Dios, sea pues así. No se hable más. En todo este libro aceptaré sin la menor duda que cada uno de los textos, ejemplos, leyes, actos, conductas… que aparecen en las páginas de la Biblia son la palabra y la voluntad de Dios, la expresión de su carácter y la transmisión de sus enseñanzas más principales a través de los actos que confesó haber realizado directamente y de los que avaló, secundó y bendijo en los protagonistas bíblicos que el Altísimo escogió expresamente para llevar a cabo cada uno de sus planes para el mundo.

Para bien de los lectores, ante la eventualidad de que mi impericia natural para analizar lo sobrenatural —causada por la falta de fe que Dios me dio como cruz personal— me lleve a ver en los relatos bíblicos enseñanzas algo diferentes a las que dicen hallar doctos prelados y pastores de afamado prestigio entre su grey, y que, en consecuencia, acabe por sumirles en el error, en este libro se ha tomado la precaución de suministrar en todo momento la auténtica y genuina palabra de Dios, reproducida siempre en medio de un contexto generoso y literal, a fin de que cada cual pueda juzgar por sí mismo el contenido de los capítulos y de los versículos bíblicos aquí transcritos y, al mismo tiempo, pueda aquilatar la mesura o desmesura de las conclusiones —siempre discutibles— a las que llegó este autor.

Con todo, siempre consuela saber que las llamas del infierno pasaron ya de moda y, por el momento, no son la eternidad que aguarda a quienes no acatan la visión monocolor de la dogmática oficial. Así al menos lo dejó dicho el papa Wojtyla en agosto de 1999, cuando, tras regresar de sus vacaciones, en una audiencia semanal, declaró que «las imágenes utilizadas por la Biblia para presentarnos simbólicamente el infierno, como un horno en llamas o un estanque de fuego donde reina el rechinar de dientes, deben ser interpretadas correctamente. El infierno es la situación de quien se aparta de modo libre y definitivo de Dios». Pero ni este autor ni sus lectores pretendemos hacer tal cosa ¿cómo apartarnos de Dios si en todo este libro no haremos más que leer su palabra directa y eterna dándola por cierta?

Cualquier lector sensato podrá acusarme de insensato por tomar en su literalidad los relatos bíblicos, y le sobrará razón para ello, pero la cuestión no es si este autor ha descendido o no en la escala evolutiva sino el hecho de que, de modo expreso e intencionado, se ha prestado a hacer lo mismo que practican dos mil millones de creyentes, pero sin hacer trampas.

Me parece una indecencia intelectual y moral usar partes de la Biblia —a menudo meros fragmentos de un versículo— para tomarlos por «palabra de Dios» merecedora de adoración, mientras que la inmensa mayoría de los escritos bíblicos, incluso el contexto de las citas elegidas —que frecuentemente contradicen el significado dado a la mismas— se ignoran a sabiendas, o se reducen a letra profana tildándolos de poesía, metáfora, historia, tradición… Claro que la Biblia es todo eso, además de un compendio reelaborado y maquillado de mitos paganos muy diversos y bien conocidos, pero ¿por qué debe tomarse por «palabra de Dios» una parte de un párrafo y despreciar el resto considerándolo como mera paja o decorado? La dogmática católica y cristiana, tal como se verá más adelante, obliga a creer que cada palabra de la Biblia procede de Dios mismo… aunque los exegetas autorizados recortan y retuercen esa «palabra de Dios», que es inmutable —dicen—, por donde les da su santísima gana.

Cuando uno se ha leído la Biblia varias veces y con espíritu analítico, no puede menos que darse cuenta de que es el más contradictorio de los libros, ya que a cada afirmación en un sentido se le puede encontrar otra o varias en sentido contrario ¡y todas realizadas por el mismo Dios, claro está!

Es bien conocido el mandato divino que Dios le dio a Moisés dentro del decálogo y que podemos leer, por ejemplo, en el Deuteronomio: «No matarás» (Dt 5,17) (4).

Pero resulta que el mismo Dios, unos capítulos después, y también bajo forma de ley que recibió Moisés, impuso para su cumplimiento que: «Si un hombre tiene un hijo rebelde y desvergonzado, que no atiende lo que mandan su padre o su madre (…) sus padres lo agarrarán y llevarán ante los jefes de la ciudad, a la puerta donde se juzga (…) Entonces todo el pueblo le tirará piedras hasta que muera» (Dt 21,18-21).

Y, sin pretender ser exhaustivos, ese mismo Dios, un poco antes, en Números, le ordenó al mismísimo Moisés: «”Apresa a todos los cabecillas del pueblo y empálalos de cara al sol, ante Yavé; de ese modo se apartará de Israel la cólera de Yavé” (…) Yavé le dijo entonces a Moisés. “Ataca a los madianitas y acaba con ellos (…)» (Nm 25,1-17).

¿No matarás? ¿Palabra de Dios? ¿Cuál es la palabra de Dios? ¿La que prescribió no matar? ¿La que legisló que debía matarse a los hijos desobedientes sólo por serlo? ¿La que ordenó matar brutalmente por empalamiento y exterminar a todo un pueblo? En todos los casos fueron mandatos directos de Dios a Moisés, dados para su cumplimiento inexcusable.

¿Por qué razón debe hablarse sólo del primer mandato divino y callar sobre los otros? ¿Dónde está escrito que las cientos de miles de muertes que relata la Biblia, y que el propio Dios se adjudicó como obra personal, fueron una especie de broma, o de tradición histórica exagerada, y que lo único que legisló Dios fue el «no matarás»? O Dios dijo todo eso y más, o no dijo nada de nada. Los creyentes piensan que Dios dijo todo lo que aparece en la Biblia. Bien. Pues punto en boca…

Sólo que, si puede tomarse por divina, literal, cierta e imperativa la frase citada, «no matarás» —así como otras muchas con notable fama entre la grey—, la decencia intelectual y moral de la que antes hablaba obliga a tomar también por tales al resto de palabras, frases y mandatos que, según Iglesias y exegetas, se contienen en la Biblia por ser, precisamente, la depositaria de la palabra cierta, fiable e inmutable de Dios.

En el próximo capítulo volveremos sobre este particular. Aunque antes, por si los lectores no lo conocieren, introduciré unos pocos datos muy básicos acerca de la Biblia, sobre su formato y sobre sus muchas y variadas versiones.

Algunos datos básicos previos sobre la Biblia y sus diferentes versiones

La palabra Biblia procede del término griego que significa “libros”, un plural que indica que no se trata de un libro sino de una colección de muchos libros, que varían en número, títulos y hasta en versículos en función de ser una Biblia hebrea, católica o protestante.

Del griego biblía, libros, se originó el latino biblia. El nombre deriva del soporte en el que se escribían esos textos, que eran rollos de papiro denominados biblos (por ser importados de la ciudad fenicia de Biblos). La colección de rollos de papiro, o libros, conteniendo los diversos textos que la conforman, fue denominada, en la propia Biblia, como Escritura o Escrituras, aunque en el Nuevo Testamento también fue citada como Santas Escrituras (en Rom 1,2).

El paso de ser considerada una colección de libros, en plural, al de tenerla por un solo libro, tal como se considera hoy a la Biblia, se debió a que teológicamente quiso verse en esos textos tan diversos una sola unidad de proyecto y redacción «que revela una conducción inteligente, que no dejó de operar durante los más de mil años de su redacción». Comúnmente se tiene a Juan Crisóstomo (347-407 d.C.) como el primero que usó el término Escritura en el sentido singular y unitario recién citado.

Las sagradas escrituras del judaísmo actual se dividen en tres partes, Torah o Ley (5 libros), Profetas (21 libros) y Escritos (13 libros) y, obviamente, no incluye la colección del Nuevo Testamento. La forma y composición actual del canon judío se atribuye a Esdras (c. 458 a.C.).

La Biblia católica y ortodoxa —siguiendo la tradición de la Septuaginta, la primera traducción al griego del Antiguo Testamento, realizada en el siglo III a.C.— incluye libros que no figuran en el canon hebreo, tales como Tobías, Judith, Sabiduría, Eclesiástico y I y II Macabeos y añade fragmentos importantes al libro de Daniel, al de Ester y al de Jeremías, son los textos etiquetados como deuterocanónicos. En total, la Biblia católica contiene 73 libros (46 en el Antiguo Testamento y 27 en el Nuevo Testamento).

La reforma protestante de Lutero (siglo XVI) limitó la Biblia a los libros del canon hebreo, aunque conservaron los añadidos del canon católico en otra categoría, bajo la denominación de apócrifos.

Resulta obvio que los libros de la Biblia no fueron escritos en el actual formato ni en el orden que guardan los textos actualmente. El idioma original de los textos del Antiguo Testamento fue el hebreo, aunque algunas partes de Esdras o Daniel se redactaron en arameo. El Nuevo Testamento se escribió en griego. Lo que queda de los soportes materiales más antiguos es apenas nada (5), y los libros actuales proceden de traducciones, de traducciones, de traducciones…

La actual división de la Biblia en capítulos y versículos no procede tampoco de los textos originales, ya que se debe al inglés Stephen Langton, erudito bíblico y arzobispo de Canterbury, que, hacia el año 1200, unificó, revisó y reformó los sistemas de división más antiguos (la división del Antiguo Testamento en versículos se originó en el siglo VI o VII). La Biblia más antigua conocida que incorpora las divisiones de Langton fue publicada en 1231.

El concepto «testamento» que sirve para denominar las dos divisiones de la Biblia cristiana —Antiguo Testamento y Nuevo Testamento—, deriva del latín testamentum, que fue la traducción adoptada para la palabra griega diutbeke, que en la práctica totalidad de la Septuaginta significa “pacto” (aludiendo al pacto jurídico entre Dios y su pueblo otorgado a Moisés en el desierto). Hacia finales del siglo II, entre los círculos cristianos comenzó a extenderse el uso de una nueva denominación para ambas colecciones de libros: palaia diatheµkeµ (Antiguo Testamento) y kaineµ diatheµkeµ (Nuevo Testamento). Al traducir al latín los textos griegos, autores como Tertuliano dieron a diatheµkeµ el sentido de instrumentum —documento jurídico— y también el de testamentum, que prevaleció a pesar de no ser un término exacto ni correcto.

En el ámbito católico y fundamentalmente en España, la lectura de la Biblia jamás ha sido propiciada desde las autoridades eclesiásticas, antes al contrario. Así, por ejemplo, ya en fecha tan temprana como el año 1223, un edicto del rey Jaime de Aragón prohibió leer las Sagradas Escrituras en lengua romance y daba un plazo de ocho días a cualquiera que poseyera alguna traducción —probablemente realizada por albigenses— para que la entregara a su obispo para ser quemada.

Esa prohibición, que afectó al pueblo llano y le sumió en la ignorancia bíblica hasta hace bien poco —una falta de cultura que ha propiciado que, incluso hoy, la inmensa mayoría de los católicos no hayan leído jamás la Biblia directamente—, no impidió traducciones al castellano tan notables —y elitistas— como la que se considera la primera versión castellana conocida de la Biblia completa, la llamada Biblia alfonsina, traducida desde la Vulgata latina y concluida en 1280 bajo demanda y protección del rey Alfonso X el Sabio.

Le siguieron otras muchas versiones, entre las que destacamos la llamada Biblia del rabino Salomón, fechada en 1420 y que sólo tradujo el Antiguo Testamento. La Biblia del duque de Alba, concluida en 1430, tradujo también el Antiguo Testamento bajo el auspicio del rey Juan II de Castilla. En la ciudad de Ferrara, en 1553, se tradujo al castellano el Antiguo Testamento para uso de los judíos españoles allí desterrados, es la que se conoce como Biblia de Ferrara. La muy notable e importante Biblia del Oso, también conocida posteriormente como de Reina-Valera, fue traducida por Casiodoro de Reina, un monje del convento de san Isidoro del Campo (Sevilla) que se hizo protestante y publicó su versión bíblica en 1569, en Basilea (Suiza). La primera versión castellana completa de la Biblia acometida por un sacerdote católico fue la de Felipe Scío de San Miguel, obispo de Segovia, publicada en 1793, en Valencia, y traducida desde la Vulgata bajo encargo del rey Carlos IV.

Han sido muchas las versiones al castellano que surgieron a partir de la publicación autorizada por la Iglesia católica de la obra de Scío —como la conocida versión que lleva el nombre de Torres Amat, obispo de Barcelona, traducida desde la Vulgata y publicada en 1825—, todas intentan aportar algo nuevo, ya sea un lenguaje o una estructura discursiva más comprensible para el lector moderno, o mejoras en la traducción de ciertos pasajes merced a nuevos conocimientos académicos, pero a pesar de las fuentes originales que casi todas las versiones se arrogan, la comparación de más de una veintena de versiones castellanas sugiere que hay bastante más plagio de las traducciones castellanas clásicas del que los autores modernos están dispuestos a reconocer.

La diferencia más fundamental entre las diversas versiones bíblicas reside, precisamente, en todo aquello que no es Biblia, esto es, en la exégesis, en los comentarios, anotaciones e interpretaciones de los textos.

Esa exégesis, pretendiendo orientar y situar al lector —cosa que muchas veces logra, y es de agradecer—, lo que busca realmente es mantener su capacidad de comprensión cautiva dentro de estrechos márgenes doctrinales, a fin de que determinados versículos no se tomen en su sentido literal y con su valor contextual —que es el único histórico e indiscutible— sino que se perciban y asuman tal como cada tradición religiosa posterior, muy interesadamente, forzó y manipuló para así poder construir y justificar decenas de creencias absolutamente ajenas a la Biblia, pero impuestas como fundamentadas en ella. Esa manipulación grosera de textos bíblicos es particularmente evidente en algunas versiones católicas, entre las que la traducción de Nácar-Colunga alcanza cimas gloriosamente patéticas (6).

En todo caso, dado que no existe “la traducción”, que no hay una versión que sea un referente indiscutible, para escribir este libro se ha trabajado con una amplia variedad de traducciones de la Biblia —en concreto doce, a las que se suman diferentes revisiones de las mismas, además de la Torah, según versión de la Universidad de Jerusalén, y la Septuaginta, en versión de Guillermo Jünemann—, que a menudo debieron compararse entre sí a fin de comprobar y confirmar el sentido de palabras o versículos más o menos abstrusos; y con no menor frecuencia se ha tenido que acudir a obras de referencia como el Strong’s Hebrew and Greek Dictionaires, y a otros diccionarios bíblicos especializados —como los de Barclay; Bruce, Marshall y Millard; Hitchcock; Vine, Unger y White; etc.—, para asegurarse de que la traducción castellana se correspondiese con los conceptos originales usados en los textos hebreos o griegos disponibles, cosa que no siempre sucede debido a los frecuentes maquillajes ideológicos que salpican las versiones bíblicas.

Las versiones bíblicas consultadas para escribir este libro han sido las siguientes:
— Biblia Latinoamericana. Traducida por Ramón Ricciardi y Bernardo Hurault y publicada en 1972, en Madrid, por las editoriales San Pablo y Verbo Divino. La versión usada aquí es la de 1995. En Latinoamérica se la considera como la mejor Biblia a efectos pastorales, siendo de lectura fácil y amena. Por su calidad, pero también en recuerdo de la injusta persecución fascista que sufrió (7), la hemos tomado como el texto de referencia para este libro.

— Biblia de Jerusalén. Traducida por los dominicos de L’Ecole Biblique de la Ciudad Santa, bajo la dirección de José Ángel Ubieta, y publicada en 1966 como Edición Española de la Biblia de Jerusalén. Es una más que excelente versión aceptada a nivel interdenominacional. La versión usada aquí es la de 1976; en formato digital se ha usado la de 1998, editada por Desclée.

— Nueva Biblia Española. Traducción directa de los idiomas originales realizada por Luis Alonso Schökel y Juan Mateos. Se trata de una versión católica con lenguaje claro y moderno publicada en 1975. La versión usada aquí es de la de 1990, publicada por Ediciones Cristiandad.

— Santa Biblia. Esta traducción, conocida como de Reina-Valera, fue denominada inicialmente Biblia del Oso. Su autor, Casiodoro de Reina, monje del convento sevillano de san Isidoro del Campo, realizó la que fue la primera traducción al castellano de toda la Biblia desde de el hebreo, arameo y griego. Se editó en Basilea en 1569. La primera de sus muchas revisiones la hizo su compañero Cipriano de Valera y se publicó en Ámsterdam en 1602. Las versiones que hemos usado aquí son, en papel, la de 1960 y 1995, publicadas, respectivamente, por Sociedades Bíblicas en América Latina y Sociedades Bíblicas Unidas, y en formato digital las versiones de 1865, 1960, 1989, 1995 y 2000.

— Sagrada Biblia. Traducción hecha por Eloíno Nácar y Alberto Colunga, publicada en Madrid, en 1944, por la Biblioteca de Autores Cristianos. Fue la primera versión católica de la Biblia tomada directamente de las lenguas originales, aunque siguieron en buena medida la traducción y sintaxis de la versión de Reina-Valera. La versión usada aquí es la de 1979, publicada por Edica.

— Biblia de las Américas. Revisión de la versión Reina-Valera publicada en 1986 por The Lockman Foundation; tiene dos revisiones posteriores, 1995 y 1997, y una versión en español latinoamericano denominada Nueva Biblia de los Hispanos, publicada en 2005. Aquí hemos usado las últimas revisiones de ambas versiones.

— Santa Biblia Nueva Versión Internacional. Traducción directa de las lenguas originales realizada por un amplio equipo de expertos hispanohablantes bajo la dirección editorial de Luciano Jaramillo, y publicada por la International Bible Society en 1973. La versión usada aquí es la de 1984.

— Dios habla Hoy. Versión popular e interconfesional publicada por Sociedades Bíblicas Unidas en 1979, fue traducida, desde los idiomas originales, por un amplio equipo, en el que participaron expertos protestantes y católicos, coordinado por Eugenio A. Nida.

— Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. Traducción realizada por la Watchtower Bible and Tract Society (Testigos de Jehová) en 1961. La versión usada aquí es la de 1967.

— Sagrada Biblia. Traducción de Félix Torres Amat publicada en Madrid, en 1825, bajo la autoría de Torres Amat, obispo de Barcelona, aunque en realidad fue hecha por el jesuita Miguel Petisco, que se basó en la Vulgata latina de san Jerónimo (siglo IV). La versión usada aquí es la de 1928, publica por Apostolado de la Prensa.

— King James Version of the Bible. Esta versión fue publicada en 1611 y fue la principal Biblia de los protestantes de habla inglesa hasta el siglo XIX. Aquí hemos usado la versión digitalizada en 1992 por David Turner, del Illinois Benedictine College, para la biblioteca virtual Project Gutenberg.

En cualquier caso, cada lector puede usar y revisar la versión o versiones de la Biblia que crea más conveniente, ya que, en lo fundamental de cada relato, y en lo que atañe a los textos bíblicos citados en este trabajo, no hay diferencias insalvables entre unas traducciones y otras.

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Notas:

(1) Ezequías subió al trono de Judá hacia el año 715 a.C. y reinó unos 29 años. Para recuperar la autonomía de su país y reforzar su identidad tras su vasallaje ante Asiria, emprendió una profunda reforma religiosa con la ayuda de redactores como el profeta Isaías —creador, entre otros aspectos fundamentales, de las bases del mesianismo davídico (Is 11,1-2)—, arrogándose legitimidad en base a las leyes y textos de la fuente bíblica denominada sacerdotal, que fue redactada para la ocasión —e introducida entre los textos de Génesis, Éxodo, Levítico y Números— y que es la responsable de cambios doctrinales y teológicos fundamentales respecto a las tradiciones yahvista y elohísta anteriores.

(2) Josías llegó al trono de Judá hacia el año 640 a.C., a la edad de 8 años (según la Biblia), y se quedó en él 31 años, alcanzando un prestigio cercano al del rey David. Al igual que hizo su predecesor Ezequías, emprendió una segunda reforma religiosa a fin de poder tener un instrumento político con el que vertebrar a su pueblo mediante una nueva ideología y una nueva ley divina. Los redactores de los nuevos textos ad hoc fueron profetas como Jeremías y Baruc, ambos prolíficos autores de los textos deuteronómicos. La joya de la corona fue el Deuteronomio, un marco legislativo que logró su fuerza para ser acatado al serle atribuida su autoría al tándem Yahvé/Moisés y que, para dar mayor credibilidad a la falsificación, se presentó como unos rollos hallados casualmente bajo los cimientos del templo de Jerusalén [Cfr. Rodríguez, P. (1997). Mentiras fundamentales de la Iglesia católica. Barcelona: Ediciones B, pp. 57-63].

( 3) Todo ello, claro está, en el caso hipotético de que algún dios hubiese creado algo alguna vez y de que se ocupase en algún momento de orientar alguna decisión o responsabilidad humana.

(4) Y que ya había sido incluido como ley en el decálogo que figura en Génesis, el segundo libro del Pentateuco: «No mates» (Ex 20,13).

(5) El manuscrito más antiguo hallado hasta hoy es un fragmento de Samuel, que se data en torno al año 225 a.C. El fragmento más antiguo del Nuevo Testamento, según algunos autores, es una pequeñísima tira de papiro con tres versículos de Juan que se data entre los años 125 y 150 d.C.; otros autores, a partir de los manuscritos hallados en las cuevas de Qumram, concluyen que éstos deben de ser anteriores al año 68 d.C., época en la que sellaron las cuevas donde se halló el material. En cualquier caso, el total del Nuevo Testamento que se conserva en soportes de papiro viene a ser un 67,48 % del volumen total.

(6) De algunas de las más notables e influyentes manipulaciones de versículos bíblicos este autor ya se ocupó en libros anteriores. Cfr. Rodríguez, P. (1997). Mentiras fundamentales de la Iglesia católica. Bar-celona: Ediciones B; y Rodríguez, P. (1997). Mitos y ritos de la Navidad. Barcelona: Ediciones B.

(7) Su primera publicación en 1972 fue autorizada por el obispo de Concepción (Chile), Manuel Sánchez, pero en 1976 sufrió una crítica feroz por parte de los prelados más fascistas de la curia argentina que estuvieron al servicio, y fueron cómplices, de la genocida dictadura militar de esos días. La campaña difamatoria contra la Biblia Latinoamericana se fraguó desde la revista Gente —que publicó la primera andanada el 26-08-1976— y desde el diario La Razón, controlado por la inteligencia militar. Los prelados que sostuvieron el acoso fueron Ildefonso Mª Sansierra (arzobispo de San Juan y promotor de la intervención de las Fuerzas Armadas en contra de esta versión bíblica), Adolfo Servando Tortolo (arzobispo de Paraná y vicario castrense), Antonio Plaza (arzobispo de La Plata) y Octavio Nicolás Derisi (obispo auxiliar de La Plata y rector de la Universidad Católica Argentina). A pesar de que esos prelados fascistas prohibieron la lectura de la Biblia Latinoamericana por ser «apócrifa, sacrílega, izquierdizante, subversiva, satánica y mortal», las críticas se limitaron a aspectos paratextuales, como la inclusión de fotografías actuales o su bajo precio y gran difusión. La Conferencia Episcopal Argentina, presionada por la dictadura de Videla, analizó la obra desde su Comisión Teológica y elaboró un informe (30-10-1976) en el que se concluyó que la traducción era sustancialmente fiel, aunque había unas pocas ilustraciones que consideraron inadecuadas (como las fotografías de un mitin en La Habana o de una calle de Nueva York, usadas para actualizar mensajes neotestamentarios); también rechazaron, a pesar de haber sido aprobado por la Santa Sede, la inclusión de partes del documento de la reunión del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) de Medellín, de 1968, crítico con la situación de pobreza y explotación de Latinoamérica. Ante ese ataque fascista injustificado, las conferencias episcopales de diversos países del continente americano salieron en defensa de la excelente traducción realizada por la Biblia Latinoamericana.

Palau, visitante ilustre. Quién es Luis Palau?

Jueves, Marzo 13th, 2008

Fuente: Crítica Digital

“Cuando hay un violador en el barrio y llamamos a la policía y la policía viene y le pega, no decimos ‘uh, pobre violador, cómo le pegan’. Por el contrario, nos alegramos de que la policía actúe. Bueno, yo veo la intervención norteamericana en Irak desde ese punto de vista, desde el punto de vista de la seguridad”.

En enero de 2004, Luis Palau le dijo estas palabras a Fernando Carnota en la mañana de radio Mitre. Y no era la primera vez que este predicador estelar le daba oxígeno a la violencia de Estado amparada en las derechas militares.

Palau, que nació en 1934 en Ingeniero Maschwitz pero vive en los Estados Unidos desde 1961, ya había apoyado a las dictaduras latinoamericanas de los 70, a la regresión cultural reaganeana de los 80, a Bush padre en los 90 y a Bush hijo desde que asumió en enero de 2001.

Ya en una nota de la revista Time del 7 de noviembre de 1977, bajo el título “Palau Power in Latin America”, el señor que ahora sonríe desde los afiches en las calles de Buenos Aires sostenía que la única ideología que podía detener al marxismo en la región era el cristianismo evangélico. Debió ser esa idea la que lo había llevado, en 1974, a darse la mano con Hugo Banzer, el dictador más feroz en la historia de Bolivia, y a repartir juntos un millón de ejemplares del Nuevo Testamento con la banderita tricolor en la solapa. El plan era cristianizar a los bolivianos, y Banzer y Palau hicieron equipo. Por esos días, Banzer dejó para la historia de la retórica latinoamericana una frase de colección: “Dios es nacionalista”, dijo. Supongo que Palau estaba allí para certificarlo.

En junio de 1982, el general José Efraín Ríos Montt se convirtió en el primer dictador evangélico al tomar el gobierno en Guatemala. No estuvo en el poder más de un año, pero se hizo tiempo para convertir a diez mil guatemaltecos en diez mil detenidos-desaparecidos y, también, para recibir con honores a Luis Palau. Juntos celebraron, el 28 de noviembre de 1982, los cien años de la Iglesia protestante de Guatemala. Lo hicieron frente a medio millón de chapines en el Campo Marte, junto a la Escuela Politécnica del Ejército, lugar señalado después por la Comisión de Esclarecimiento Histórico-CEH como centro clandestino de torturas. Montt pertenecía a la Iglesia del Verbo, una obra pentecostal con base en California. Y Palau, que venía de un país con prensa libre, que necesariamente sabía lo que los diarios contaban sobre las sangrientas dictaduras de la región, vio de todas formas en el general la encarnación de la conciencia moral cristiana que, a su juicio, América Latina estaba necesitando.

En octubre de 2002, con el objeto de conmemorar el mes de la Herencia Hispana, se reunieron en la sala Este de la Casa Blanca Emilio y Gloria Estefan, el simpatiquísimo animador de Univisión Don Francisco, la estrella del pop cristiano Jaci Velásquez, el balsero Mel Martínez –que de chiquito zafó de los tiburones y después se hizo funcionario republicano– y otros latinos triunfadores como los que suele producir el generoso estado de Florida. Eran épocas de ántrax y psicosis. Así que Palau, que también estaba, oró. Después recibió el saludo de Bush.

No sería su única vez en la Casa Blanca: nunca un nativo de la provincia de Buenos Aires fue tantas veces y tan bien recibido por un presidente de los Estados Unidos. Palau fue seis veces más invitado personal de mister president. Bush ha sido, para la derecha religiosa en general y para Luis Palau en particular, una buena noticia. Por eso, cuando le pregunté por el presidente norteamericano más cuestionado de la historia, Palau prefirió definirlo como un cristiano equilibrado y normal. Me lo dijo así: “(George W. Bush) es un hombre de alta educación, de familia culta y de experiencias económicas amplias. Definitivamente no es un extremista. Más bien es un hombre de convicción espiritual como cualquier cristiano equilibrado y normal”.

Detrás de la sonrisa de abuelo que administró bien sus fondos de inversión, detrás de las canciones y los festivales con globos de colores, hay un tipo bastante menos luminoso de lo que sus afiches sugieren. Los afiches, ahora, colman Buenos Aires: paredes, carteleras, colectivos. Ahí va la carita de Palau, en el lateral de un interno de la línea 45, junto a su propuesta básica: “Sí a la vida”. Es una idea.

“El país puede progresar sólo si produce su propia ciencia”

Miércoles, Marzo 12th, 2008

Fuente: Página 12 - Por Emanuel Respighi

Entrevista al periodista y matematico Adrian Paenza

No quiere pecar de arrogante y se corre a la hora de definir su influencia en el “fenómeno” de la divulgación científica en la Argentina. Prefiere remarcar el clima general propicio, que incluye desde la política oficial hasta el rol de los medios.

Científicos, industria argentina (Canal 7) arranca el próximo lunes su sexta temporada.

Matemático y periodista, ambos por vocación, Adrián Paenza es un estudioso de los números. Para él, como para muchos otros investigadores y científicos con menor repercusión pública, los números y sus relaciones son una de las formas más ricas para desarrollar el intelecto y adquirir conocimiento, aunque sea en abstracto. Tal vez por esa razón de peso, los números –sean binarios, enteros, reales o decimales– son una obsesión para Paenza, al mismo nivel que el fútbol o el básquet. No es casualidad, entonces, que en la gacetilla de presentación del nuevo año de Científicos, industria argentina, lo primero que se lee es “Diez barra tres más ocho por siete a la sexta”. ¿De qué se trata? ¿De una nueva fórmula matemática? Nada de eso, o sí: es la fecha (críptica) de estreno del programa producido por El oso producciones, que el 10 de marzo a las 20 por Canal 7 iba a comienza su sexta temporada. Pero, se sabe, las fórmulas matemáticas no siempre son aplicables a la TV local, ya que Científicos…, en realidad, comenzará el lunes próximo, a las 20.

En el Año Internacional de la Enseñanza de la Ciencia, Científicos… vuelve a tumbar molinos de viento en su compromiso de mostrar con un lenguaje llano, entretenido y codificado los avances de la ciencia, las últimas investigaciones y el espíritu de los investigadores que trabajan a lo largo del país, en la mayoría de los casos sin reconocimiento y mucho menos presupuesto. “El programa no es nuestro, sino de la comunidad científica argentina, que lo abrazó como propio, lo siente propio, y es hincha de él. Esperan que vayamos con las cámaras, cooperan con el producto, nos enseñan a divulgar y promover lo que se hace en el país. Y cuando digo el país, lo digo con orgullo. Dimos vuelta la Argentina dos veces tratando de exhibir lo que se hace y se produce en materia de ciencia. Lo que no hicimos fue porque no tuvimos más tiempo o por nuestra propia impericia”, comenta Paenza, que llevó la ciencia y la matemática a los hogares, no sólo a través del programa sino mediante la saga Matemática… ¿estás ahí?, cuyas tres entregas se convirtieron en best seller en el país.

Además de continuar con las clásicas secciones (“Invasiones”, “Ciencia y ficción”, “Universos ocultos”, “Mirando al cielo”, “Sabías qué?” y los acertijos), el ciclo 2008 contará con la participación de nuevos columnistas: Alberto Kornblihtt, uno de los biólogos moleculares más reconocidos del mundo, explicará los secretos del ADN, y Carolina Vera, doctora en Ciencias de la Atmósfera, estudiará el inquietante panorama que propone el cambio climático. Se sumarán a Fernando Boro, que continuará abordando detalles poco conocidos de los hechos más destacados de la humanidad, Sebastián Apesteguía y el estudio de los dinosaurios, Galo Soler Illia y su obsesión por los mundo pequeños y Mariano Ribas en su inquietud por el espacio y la astronomía.

–¿Pensaba cuando comenzó con este proyecto que un programa sobre ciencia podía mantenerse seis años al aire de la competitiva TV argentina e incluso haber tenido una escala en la TV comercial (Telefé)?

–No, no sólo no lo pensaba sino que nunca me imaginé que un proyecto de estas características pudiera transformarse en el programa de mayor duración en el que trabajé en mi carrera, salvo Fútbol de Primera. Es decir: empecé a trabajar en televisión en febrero de 1972 (hace 36 años), y ningún programa que hice superó los cinco años, ninguno (salvo el fútbol). Pero me haría entonces otra pregunta: ¿cuántos programas en los últimos 30 años superaron el lustro de vida? Lo que también queda claro es que el compromiso que establecimos con Claudio Martínez (el productor general del programa) de que nunca dejaríamos que el rating fuera un factor (ni en Canal 7 ni en Telefé), se cumplió. Ni en nuestros dos primeros años en el 7, ni los siguientes dos en Telefé, ni el pasado y el presente otra vez en el 7, el rating fue un factor. Todos nos han dejado trabajar con comodidad y nos ayudaron y estimularon de distinta forma.

–¿Por qué cree que el programa se mantiene en el aire?

–Porque el país necesita tener no sólo uno, sino varios programas como éste. Desde ya que el canal público, que la televisión pública tiene que tener uno, pero debería ser un compromiso de todos los otros también. Así como hay un lugar para el entretenimiento y la información, no puede no haber uno para la formación. Creo que esto se está esparciendo como idea dentro de los canales, y en un futuro no muy lejano intuyo que todos los canales de aire del país tendrán un ciclo parecido.

–¿Que Canal 7 apueste nuevamente al ciclo de difusión científica en su programación responde a un hecho aislado o forma parte de una política estatal integral?

–Me parece que no sólo no es un hecho aislado sino que muestra que hay un proyecto, que no había antes o no estaba tan claro. Hubo siempre esfuerzos e intentos individuales, pero sonaba más a “un compromiso” que a una real convicción. Así como en su momento Claudio Villarruel y Bernarda Llorente apostaron en Telefé, desde que llegó la nueva administración a la televisión pública, con Rosario Lufrano y Martín Bonavetti, está claro que hay una idea, un objetivo y una propuesta de televisión pública. Les he manifestado reiteradamente a ellos dos que cuentan conmigo para lo que nosotros podamos hacer o aportar. Más aún: me siento muy orgulloso de participar de este proyecto. No quiero omitir la importancia que tuvieron en esto el ex ministro Filmus y también Tristán Bauer. La aparición en la escena televisiva del canal Encuentro va en la misma línea y muestra que “no- sotros también podemos”.

–¿Cree que el programa y los diferentes libros suyos rompieron con el prejuicio social y político acerca de que la ciencia es una rama destinada a que la entiendan sólo un grupo de aburridos nerds?

–Igual que antes, cualquier respuesta que intente dar a esa pregunta me hace sentir arrogante. En todo caso, programas como Científicos… y los libros, no sólo como los míos, sino todos los de la colección Ciencia que Ladra, no existieron antes porque no estaban dadas las condiciones. De hecho, yo podría haber escrito los tres libros hace veinte años. No lo hice porque ni yo estaba en condiciones (aunque tenía los temas que ya enseñaba en la facultad) ni nadie los reclamaba desde ningún sector. Es algo así como que hubo un tiempo de maduración.

–¿Siente que la sociedad y los medios finalmente comprendieron la necesidad y el atractivo de difundir la ciencia?

–Lo que va a pasar ahora será que habrá más y mejores programas, más y mejores libros. A eso tenemos que apuntar: a darle lugar a la gente más joven, con creatividad, con ideas, y a ellos hay que darles las oportunidades que no tienen. No sólo recurrir a las personas conocidas.

–¿Qué le parecen los canales científicos que existen en la TV por cable (NatGeo, Discovery, etcétera)? ¿Favorecen el acercamiento del público no académico a la ciencia o, por el contrario, lo alejan?

–Sí. No estoy en la Argentina la mayor parte del año, pero creo que cuantas más fuentes de información y formación haya, mejor. Todo lo que permita que una persona tome decisiones más educadas en su vida, que tenga mayor información, que pueda elegir mejor, que entienda de sus derechos, que los sepa defender, que pueda satisfacer sus curiosidades, que lo estimulen a descubrirlas, es mejor. Es siempre mejor saber que no saber. Lo que hay que hacer es romper con el mito de la ciencia como algo sólo accesible para un grupo de privilegiados elegidos. La ciencia es y debe ser para todos, sin distinciones de ningún tipo. El compromiso del Estado tiene que ser ése. Hay muchas formas de ignorancia, no sólo la de aquel que no sabe leer ni escribir.

–¿Cómo se desarrolla la difusión científica en los medios de Estados Unidos?

–Parecido a como se hace en la Argentina. Posiblemente, como hay mucha más gente, hay también muchas más posibilidades económicas (resentidas en el último tiempo), pero finalmente hay más posibilidades. Pero tampoco veo una gran diferencia en cuanto al acceso del público en general. Pero así como en nuestro país, hay algunos gigantes que se están despertando. Y eso es muy bueno.

http://www.pagina12.com.ar

Carl Sagan: Una apología de la agnosis

Lunes, Marzo 3rd, 2008

Fuente: Bariloche.com

El lector Pablo Fernández brinda su declaración de principios en defensa de la racionalidad, en homenaje al científico estadounidense Carl Sagan.

¿Qué tiene de bueno una creencia?

ACLARACIÓN : Dado el tenor de esta nota muchos creerán verse ofendidos.
es simplemente una declaración de principios que debería ser respetado.)
QUE TIENE DE BUENO UNA CREENCIA?..EN DEFENSA DE LA RACIONALIDAD… EL MUNDO LLENOS DE PORQUÉS..UN HOMENAJE AL VIEJO CARLITOS…
“En algunos aspectos la ciencia ha superado ampliamente a la religión en lo que a provocar pavor se refiere. ¿Cómo es posible que casi ninguna religión importante haya analizado la ciencia y concluido: «¡Esto es mejor de lo que habíamos pensado! El universo es mucho más grande de lo que decían nuestros profetas, más preeminente, más sutil, más elegante. Dios tiene que ser aún más grande de lo que habíamos soñado.»? En lugar de eso, exclaman: «¡No, no y no! Mi Dios es un Dios pequeño, y quiero que siga siéndolo.»
Una religión, antigua o nueva, que subrayara la magnificencia del universo como la ha revelado la ciencia moderna, podría ser capaz de levantar reservas en la reverencia y el temor apenas intuidas por los credos convencionales. Tarde o temprano deberá surgir una religión así.”

Carl Sagan De su libro Un mundo Azul Pálido
¿Porque no podemos discutir abiertamente los dogmas religiosos? ¿Por qué una creencia de la edad de bronce tiene más peso e influencia que una simple verdad? ¿Por qué la sociedad abierta y democrática que nos dicen que vivimos nos impide dudar de un dogma que a vista de la realidad es una fantasía tan creíble como la relación entre el ratoncito Pérez y los dientes de leche? ¿Por qué no podemos dudar de las apariciones marianas o las curaciones milagrosas que dicen los creyentes que ocurren a través de ella, por ejemplo, si sabemos que en ello hay mucho fraude? ¿Por qué podemos dudar de las ideas de otros y por otro lado nos impiden poner en duda los principios de una religión nueva o vieja que encima sabemos que esta equivocada?, ¿Porque esa alfombra roja frente a lo irracional? - ya que un dogma es eso es el festejo del no pensar y el no dudar - :porque tendrán que coincidir conmigo que la cantidad de creyentes hacen de una fantasía un hecho real… ¿O lo respetamos porque millones creen en estas cosas sabiendo lo ridículas que son? …¿Porque la sociedad que nos enseña a que es bueno el conocimiento y nos dice Ud puede dudar de las ideas del otro y que puede haber diferentes punto de vista ante un mismo suceso y me exige pruebas para dirimir el asunto pero ud llega hasta aquí si pretende dudar de mis creencias que con sagradas y encima se ofende si le pido evidencias de estos milagrosos e imposibles milagros?..

Y entonces la pregunta directa ¿que tienen de bueno las creencias?

¿Porque si invoco el talismán de la religión nadie puede tocarme?

¿Porque los intelectuales no le decimos no a ese limite tontoque nos impide ver el mundo tal como es?…
Es hora que digamos BASTA…. Todo esto no lo estaría escribiendo si estos dogmas serian privados pero resulta que estas ideas muchas de ellas sin fundamento se meten en la sociedad impidiendo que uno dude de ellos.
Cualquier creyente puede creer que una virgen a dado a luz a un niño pero el problema es cuando estas ideas y dogmas impiden que el grueso de una sociedad use el preservativo para evitar la difusión del virus del SIDA medida que logra salvar vidas como sabemos , aquí es donde debemos nuevamente decir basta …
Estas preguntas no son superficiales son por el contrario profundas .No solo nos las debemos hacer sino que nos urge encontrar las respuestas…En estos días- el 12 de febrero para ser mas precisos -los que damos mas importancia a la razón por sobre las creencias , festejamos el cumpleaños de una persona que nos hizo ver el mundo tal como es no como creemos que es …el viejo Carlitos que en vida disfruto de un perfil más que bajo nos abrió los ojos poniéndonos a todos en el real lugar que ocupamos en el drama evolutivo . Sus ideas pueden ser discutidas incluso distorsionadas sin embargo no podemos dudar de creencias viejas y desentonadas con el mundo real.
Parece que muchos señores dan por sentado que es así y encima pretender que sea una virtud ser crédulo que creamos por ejemplo en un padre celestial que escucha nuestras plegarias sin aportar ninguna prueba de este prodigio… Cuando nos habla el Cardenal o el Obispo este da por sentado de que todos creemos esas fantasías y que si uno duda debe el Estado y todos , creyente y no creyentes bien nacidos , censurarnos.. Si un niño cree en un amigo imaginario nadie ve mal esto pero ¿que pensaríamos de un adulto siguiera pensando así a una edad avanzada?
¿Porque necesitamos persuadirlos cuando están crecidos a que dejen de creer en fantasías? Sin embargo en cuanto a las creencias religiosas no ocurre así. Es mas como niños seguimos creyendo y nadie puede disuadirnos de dejar de creer en fantasías autoconsoladoras porque no es educado y esta mal visto… ….
Lo mismo pasa con las creencias viejas…Si uno dice creer en Thor posiblemente a uno lo internen pero si uno dice creer en un hombre que resucitó de entre los muertos hace mas de dos milenios cuando sabemos que tal suceso es imposible la sociedad parece que lo respeta y lo apaña como si lo que hubiera dicho seria una verdad indiscutible. Y automáticamente si uno duda, lo cual seria lógico ya que es algo imposible y ridículo, lo tachan a uno de intolerante y casi casi de delincuente …
Como una creencia no necesita ser demostrada podríamos creer también en las brujas y la quema de herejes volvería a estar entre nosotros… Suerte que ya no vivimos en este tipo de sociedad por lo menos aquí en occidente aunque no estaría tan seguro Poco importaría que los creyentes creyeran sus creencias en privado el problema que nos quieren meter sus ideas y creencias a la fuerza y si dudamos de sus principios somos acusados de herejes.
Si pudieran quemarnos ya estarían preparando la pira pero como no puede
quemarnos aquí el viejo Benedicto nos alecciona que si no creemos nos
espera el infierno eterno… Lindo ejemplo de amor al prójimo…En un mundo
que sufre por las creencias y que en muchos aspectos descree de la razón
deberíamos acordarnos mucho más del viejo Carlitos el ingles de los
huesos en su 149 aniversario de su natalicio… Y bien vale esta nota como
sentido homenaje….

Pablo Fernández

redveterinariamo@yahoo.com.ar

http://www.bariloche2000.com/