Vuelven a rechazar un pedido de prisión para Grassi

Noviembre 10th, 2010

La Cámara en lo Penal de Morón no hizo a lugar a la apelación presentada por la fiscalía y las querellas para la detención del sacerdote, condenado a 15 años de prisión por pederasta

El sacerdote católico Julio César Grassi, condenado a 15 años de prisión por dos casos de abuso sexual de menores, seguirá en libertad luego de que la Cámara en lo Penal de Morón rechazara un recurso de la fiscalía y las querellas solicitando su detención inmediata.

Julio César Grassi. Foto Archivo

La Sala Uno de la cámara, por dos votos contra uno, resolvió rechazar por cuestiones técnicas “mal concedidas” los recursos que habían presentado tanto la Fiscalía como las querellas solicitando la detención inmediata de Grassi.

A fines de septiembre la fiscalía y la querella habían apelado la decisión del Tribunal Oral Criminal 1 (TOC1), que benefició con la libertad al cura, a pesar de haberlo condenado, y le permitió que siga en libertad hasta que cumpla todas las instancias posibles de apelación: la Suprema Corte bonaerense y, eventualmente, la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

A mediados del mismo mes, la sala II de Casación había ratificado la condena pero no se había pronunciado sobre la libertad, por eso la fiscalía y las querellas presentaron el recurso argumentando “peligro de fuga”.

Agencias DyN y Télam

DDHH: Piden investigar a Zitelli, “el capellán de Feced”

Noviembre 9th, 2010

Organismos de derechos humanos harán hoy una presentación en el marco de la causa Díaz Bessone.

Organismos de derechos humanos realizarán hoy una presentación en el Tribunal Oral Federal Nº 2 de Rosario, en bulevar Oroño al 900, para que se investigue el accionar del actual monseñor de Casilda Eugenio Segundo Zitelli durante la última dictadura, cuando fue capellán de la Policía de Rosario con sede en el Servicio de Informaciones de Dorrego y San Lorenzo, que funcionó como centro clandestino de detención de personas durante el terrorismo de Estado de 1976. La presentación judicial se hace en el marco del juicio que se sigue a seis imputados de cometer delitos de lesa humanidad en los años de plomo, investigados en la causa Díaz Bessone.

Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, Unidos por la Memoria Ante el Olvido (Umano) y la APDH presentarán hoy, a las 11, una denuncia ante la Fiscalía de la causa Díaz Bessone por considerar que resulta “impostergable que la Justicia eche luz sobre las complicidades eclesiales en el genocidio argentino”.

“Zitelli, en función de capellán de la Policía rosarina, habría participado de misas, confesiones y entrevistas con los detenidos del Servicio de Informaciones, lo que resultaría una pieza más del funcionamiento y sostén del mecanismo represivo existente en ese lugar. Zitelli fue capellán de la Policía de Feced”, indicó Gabriela Durruty, abogada de Familiares, en referencia al jefe de la Policía rosarina, el ex comandante de Gendarmería ya fallecido Agustín Feced.

Según la letrada, “la presentación es para poner a consideración de la Fiscalía si le pide al tribunal que cite a declaración indagatoria al cura Zitelli en el marco de la ex megacausa Feced, hoy Díaz Bessone, ya que hay varios testimonios de sobrevivientes de la represión ilegal en la región que dicen haberlo visto deambular por el Servicio de Informaciones, motivo suficiente para investigarlo”. Durruty recordó que Zitelli “actualmente es monseñor y se desempeña como cura párroco de la iglesia San Pedro Apóstol de la ciudad de Casilda, oficiando misas, comuniones, bautismos, casamientos y participando de actos públicos como representante de la Iglesia”.

María Inés Luchetti de Bettanín, ex detenida en el Servicio de Informaciones de la Jefatura de la Policía rosarina, declaró en 1984 ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas que durante su cautiverio el cura Zitelli le dijo que “usar la picana está bien porque estamos en guerra y es un método para obtener información política”. Su testimonio es uno de los que más compromete al presbítero.

Zitelli fue capellán de la Unidad Regional II de la Policía de Rosario desde 1964 hasta finales de la última dictadura, en 1983. Ese año el padre Zitelli regresó a Casilda, su ciudad natal, donde hoy está al frente de la iglesia San Pedro Apóstol. El testimonio de María Inés Luchetti de Bettanín no es el único que menciona al cura Zitelli, ya que en varias declaraciones actuales de víctimas del terrorismo de Estado que se sumaron a la causa Díaz Bessone le imputan haber estado en el centro clandestino de detención que funcionó donde hoy está la sede local de la Gobernación de la provincia.

Zitelli participó el 25 de mayo pasado de un acto público por los festejos del Bicentenario en Casilda. Su reaparición generó el repudio de organismos de derechos humanos que lo señalan como “cómplice de la dictadura”. Un día antes de ese acto, el cura Zitelli ofició misa en la Escuela Agrotécnica que la Universidad Nacional de Rosario en Casilda, con motivo de las celebraciones por el día de María Auxiliadora, la patrona del agro. Esta aparición motivó el repudio de las autoridades de la UNR, del grupo Umano de Casilda y de varios vecinos de esa ciudad.

http://www.elciudadanoweb.com/?p=97815

LAICISMO en Santa Fe: Proponen prohibir símbolos religiosos en sitios estatales

Noviembre 9th, 2010

Proponen prohibir símbolos religiosos en sitios estatales

http://www.lacapital.com.ar/contenidos/2010/11/09/noticia_0002.html

La discusión sobre la presencia de imágenes religiosas en los espacios públicos no es nueva. Ahora la diputada Alicia Gutiérrez presentará un proyecto en la Legislatura santafesina que propone prohibir la exhibición de estos símbolos en los espacios de la administración pública provincial, sus organismos descentralizados y las empresas estatales. De prosperar la iniciativa, las que ya están instaladas deberán ser retiradas en un plazo de tres meses. La defensa de un Estado laico y neutral, y la libertad de pensamiento son los argumentos principales que esgrimió la diputada del partido Solidaridad e Igualdad (SI)-Frente Progresista al aclarar que Santa Fe “es la única provincia del país que declara al Estado como católico apostólico romano”.

La iniciativa será presentada la semana próxima en la Legislatura y se propone retirar las imágenes religiosas de los ámbitos públicos dependientes de cualquiera de los tres poderes del Estado, por ejemplo, hospitales, escuelas, oficinas y juzgados.

“Se trata de no discriminar a quienes tienen otro culto o no profesan ninguno”, dijo Gutiérrez, y no dudó en señalar una situación personal: “Cuando tuve que declarar en el juicio contra los represores, en el Juzgado Federal se exhibía una cruz detrás del tribunal. No me parece que todos tengan que compartir esa imagen en un espacio como es un juzgado, o como sucede en la Cámara de Senadores de la provincia, donde está la imagen de la Virgen”, insistió.

Excepciones. La legisladora consideró que la exhibición de imágenes religiosas “no puede quedar librada al azar”, aunque planteó que hay espacios que serán considerados excepcionales. Ese es el caso de los cementerios, como se detalla en el artículo 3 del proyecto. “Los símbolos e imágenes religiosas podrán mantenerse en los cementerios porque se trata de espacios que están reservados a ese fin y donde debe garantizarse la multiplicidad de credos. Son espacios donde cada cual rinde homenaje de acuerdo con sus creencias”, indicó la diputada.

Otros espacios excluidos de la prohibición serán las muestras y exposiciones artísticas, del mismo modo que las escuelas confesionales. “De acuerdo al culto, las escuelas confesionales mantendrán sus imágenes”, explicó la diputada.

Debate. La presencia de la iconografía religiosa en los espacios públicos viene siendo materia de debate. De hecho, semanas atrás, la jueza de la Corte Suprema de la Nación Carmen Argibay se pronunció públicamente a favor de eliminar los símbolos religiosos de los despachos judiciales.

En Santa Fe, el ministro de la Corte provincial Daniel Erbetta coincidió con Argibay al decir que “en este país hay libertad de culto y la religión, como la moral, están reservadas a la privacidad de cada persona, ya que se trata de un Estado laico”.

Por su parte, el ministro de Justicia y Derechos Humanos santafesino, Héctor Superti, también justificó la propuesta de la jueza Argibay como mayor garantía de imparcialidad.

En tanto, la diputada porteña María José Lubertino también presentó un proyecto para erradicar este tipo de símbolos de los edificios públicos de Buenos Aires.
E.L.

http://www.lacapital.com.ar/contenidos/2010/11/09/noticia_0002.html

DDHH: LAS ACUSACIONES DE YORIO Y JALICS CONTRA BERGOGLIO

Noviembre 8th, 2010
LAS ACUSACIONES DE YORIO Y JALICS CONTRA BERGOGLIO
“Mentiras y calumnias”
Un libro de Jalics, una carta de Yorio a la Compañía de Jesús, una entrevista de Jalics con Emilio Mignone, el testimonio de una monja y una entrevista con los hermanos de Yorio describen en forma elocuente los procedimientos de Bergoglio, antes y después del secuestro de los dos jesuitas.
Por Horacio Verbitsky
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En su libro de 1986 Iglesia y dictadura, Emilio Mignone mencionó a Bergoglio como uno de “los pastores que entregaron sus ovejas al enemigo sin defenderlas ni rescatarlas”.

En 1995, el jesuita Francisco Jalics publicó un libro, Ejercicios de meditación. Al narrar su secuestro dice que “mucha gente que sostenía convicciones políticas de extrema derecha veía con malos ojos nuestra presencia en las villas miseria. Interpretaban el hecho de que viviéramos allí como un apoyo a la guerrilla y se propusieron denunciarnos como terroristas. Nosotros sabíamos de dónde soplaba el viento y quién era responsable por estas calumnias. De modo que fui a hablar con la persona en cuestión y le expliqué que estaba jugando con nuestras vidas. El hombre me prometió que haría saber a los militares que no éramos terroristas. Por declaraciones posteriores de un oficial y treinta documentos a los que pude acceder más tarde pudimos comprobar sin lugar a dudas que este hombre no había cumplido su promesa sino que, por el contrario, había presentado una falsa denuncia ante los militares”. En otra parte del libro agrega que esa persona hizo “creíble la calumnia valiéndose de su autoridad” y “testificó ante los oficiales que nos secuestraron que habíamos trabajado en la escena de la acción terrorista. Poco antes yo le había manifestado a dicha persona que estaba jugando con nuestras vidas. Debió tener conciencia de que nos mandaba a una muerte segura con sus declaraciones”.

La identidad de esa persona se revela en una carta que Orlando Yorio escribió en Roma en noviembre de 1977, dirigida al asistente general de la Compañía de Jesús, padre Moura. Ese texto permite conocer el resto de la historia, por testimonio directo de una de las víctimas.

En esa recapitulación escrita 18 años antes que el libro de Jalics, Yorio cuenta lo mismo, pero en vez de “una persona” dice Jorge Mario Bergoglio. Cuenta que Jalics habló dos veces con el provincial, quien “se comprometió a frenar los rumores dentro de la Compañía y a adelantarse a hablar con gente de las Fuerzas Armadas para testimoniar nuestra inocencia”. También menciona las críticas que circulaban en la Compañía de Jesús en contra de él y de Jalics: “Hacer oraciones extrañas, convivir con mujeres, herejías, compromiso con la guerrilla”, similares a las que Bergoglio transmitió luego a la Cancillería. Yorio no conocía la existencia de ese documento, que encontré cinco años después de su muerte. En su libro, Bergoglio dice lo mismo que les transmitía a Jalics y Yorio: que él no creía en la veracidad de esas acusaciones. ¿Por qué entonces debía comunicarlas al gobierno militar, como prueba el documento que se reproduce en esta edición?

Una boca importante

Cuando Bergoglio le dijo que había recibido informes negativos sobre él, Yorio habló con los consultados por su superior. Por lo menos tres de ellos (los sacerdotes Oliva, José Ignacio Vicentini y Juan Carlos Scannone) le dijeron que no habían opinado en su contra sino a favor. En el clima de la Argentina, la acusación de pertenencia a la guerrilla en “una boca importante (como la de un jesuita) podía significar lisa y llanamente nuestra muerte. Las fuerzas de extrema derecha ya habían ametrallado en su casita a un sacerdote, y habían raptado, torturado y abandonado muerto a otro. Los dos vivían en villas miseria. Nosotros habíamos recibido avisos en el sentido de que nos cuidáramos”, escribió Yorio al padre Moura.

Agrega que Jalics habló no menos de dos veces con Bergoglio para hacerle ver el peligro en que esas versiones los colocaban. Según Yorio, “Bergoglio reconoció la gravedad del hecho y se comprometió a frenar los rumores dentro de la Compañía y a hablar con gente de las Fuerzas Armadas para testimoniar nuestra inocencia. [Pero como] el provincial no hacía nada por defendernos nosotros empezábamos a sospechar de su honestidad. Estábamos cansados de la provincia y totalmente inseguros”.

Tenían sus motivos. Durante años, Bergoglio los había sometido a un hostigamiento insidioso, sin asumir en forma abierta las acusaciones en contra de ellos, que siempre atribuía a otros sacerdotes u obispos que, una vez confrontados, lo desmentían. Bergoglio les había garantizado una continuidad de tres años en su trabajo en la villa del Bajo Flores. Pero al arzobispo Juan Carlos Aramburu le informó que estaban allí sin autorización. El aviso les llegó por medio de uno de los fundadores del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y de la pastoral villera, Rodolfo Ricciardelli, a quien se lo contó el propio Aramburu. Cuando Yorio lo consultó, Bergoglio le dijo que Aramburu “era un mentiroso” y que empleaba esas “tácticas para molestar a la Compañía”.

La infamia pública

En nuestro intercambio epistolar, Yorio sostuvo que en el clima de miedo y delación instalado dentro de la Iglesia y de la sociedad, los sacerdotes que trabajaban entre los más pobres “éramos demonizados, puestos en sospecha dentro de nuestras propias instituciones y acusados de subvertir el orden social”. En ese contexto fueron sometidos por Bergoglio a “la prohibición e infamia pública de no poder ejercer el sacerdocio, dando así ocasión y justificación para que las fuerzas represivas nos hicieran desaparecer. Se nos podía avisar que había peligros, pero sin frenar las difamaciones de las que los mismos que nos hacían el servicio de avisarnos eran cómplices. Se nos podía alertar de que estábamos señalados y acusados, pero manteniendo en el misterio y la ambigüedad las causales de acusación, quitándonos así la posibilidad de defendernos”.

Una vez que salieron de la Compañía de Jesús, Bergoglio les recomendó que fueran a ver al obispo de Morón, Miguel Raspanti, en cuya diócesis podrían salvar el sacerdocio y la vida. El provincial se ofreció a enviar un informe favorable para que los aceptara. Yorio y Jalics supieron por el vicario y algunos sacerdotes de la diócesis de Morón que la carta del provincial Bergoglio a Raspanti contenía acusaciones “suficientes como para que no pudiéramos ejercer más el sacerdocio”.

–No es cierto. Mi informe fue favorable. Lo que pasa es que Raspanti es una persona de edad que a veces se confunde –se defendió Bergoglio ante Yorio. Pero en su nuevo encuentro con el obispo de Morón, ratificó las acusaciones, según el relato que Raspanti le transmitió a otro de los sacerdotes de la comunidad del Bajo Flores, Luis Dourrón. Yorio insistió entonces con Bergoglio.

–Raspanti dice que sus sacerdotes se oponen a que ustedes entren en la diócesis –arguyó esta vez el provincial.

Otra alternativa posible era que se integraran al Equipo de Pastoral Villera del Arzobispado de Buenos Aires. Su responsable, presbítero Héctor Botán, se lo planteó al arzobispo Aramburu.

–Imposible. Hay acusaciones muy graves en contra de ellos. No quiero ni verlos –le contestó.

Uno de los sacerdotes villeros se quejó ante el vicario episcopal de la zona de Flores, Mario José Serra.

–Las acusaciones vienen del provincial –le explicó Serra.

El propio Serra fue el encargado de comunicarle a Yorio que le habían quitado las licencias para ejercer su ministerio en la Arquidiócesis, debido a que el provincial había informado que “yo salía de la Compañía”.

–No tenían por qué quitarte las licencias. Esas son las cosas de Aramburu. Yo te doy licencias para que sigas celebrando misa en privado, hasta que consigas un obispo –le dijo Bergoglio.

El último intento por conseguirles un obispo que los incardinara lo hizo el sacerdote de la Arquidiócesis Eduardo González. Convocado a la Asamblea Plenaria del Episcopado que comenzó el 10 de mayo de 1976, planteó el caso al arzobispo de Santa Fe, Vicente Zazpe.

–No es posible hacerse cargo de ellos porque el provincial anda diciendo que los echa de la Compañía –sostuvo.

El Equipo de Pastoral Villera envió una carta de protesta a Bergoglio, con copias al nuncio Pio Laghi, Aramburu y Raspanti, que no respondieron. El tiempo se había agotado y pocos días después Yorio y Jalics fueron secuestrados, conducidos a la ESMA y luego a una casa operativa, en la que fueron torturados. Un interrogador con ostensibles conocimientos teológicos le dijo a Yorio que sabían que no era guerrillero pero que con su trabajo en la villa unía a los pobres y eso era subversivo. Su libertad fue negociada por el gobierno a cambio de que el Episcopado recibiera al jefe de Estado Mayor del Ejército, Roberto Viola, y al ministro de Economía José Martínez de Hoz. Un día antes de esa visita al Episcopado, Yorio y Jalics fueron drogados y depositados por un helicóptero en un bañado de Cañuelas.

Luego de recuperar la libertad Yorio se refugió en una iglesia y luego en casa de su madre. La protección de un obispo era más urgente que nunca. El único que lo aceptó fue Jorge Novak. Cuando comenzaron las razzias en la zona y supo que preguntaban por Yorio, Novak insistió para que saliera del país. “Bergoglio no me quería mandar a Roma, pero por presión de mi familia y de Novak salí. Estaba escondido, porque hubo una orden de Videla de buscarme”, me escribió Yorio en 1999. Cuando reaparecieron en Cañuelas, la entonces monja Norma Gorriarán, de la Compañía de María, visitó a Yorio en casa de su madre. En una entrevista para mi “Historia política de la Iglesia Católica argentina” realizada el 27 de julio de 2006 recordó que estaban pelando arvejas cuando llegó la hermana de Yorio con la información de que lo estaban buscando. “Lo llevé a una casa de monjas en Villa Urquiza donde tuve a Orlando un mes, en una piecita, en la terraza”. Bergoglio le exigió que le dijera dónde estaba Yorio, “aparentemente para protegerlo. Pero no me resultaba creíble”. La religiosa se negó. Bergoglio “temblaba, furioso de que una monja insignificante lo enfrentara. Me señalaba y me decía ‘vos sos responsable de los riesgos que corra Orlando, donde sea que esté’. Quería saber dónde estaba”.

Por último, Laghi le consiguió los documentos y Bergoglio le pagó el pasaje a Roma. “Pero explicaciones sobre lo ocurrido antes no pudo darme ninguna. Se adelantó a pedirme por favor que no se las pidiera, porque se sentía muy confundido y no sabría dármelas. Yo tampoco le dije nada. ¿Qué podía decirle?” Yorio recordó que recién en Roma, el secretario del general de los jesuitas “me sacó la venda de los ojos”. Ese jesuita colombiano, el padre Cándido Gaviña, “me informó que yo había sido expulsado de la Compañía. También me contó que el embajador argentino en el Vaticano le informó que el gobierno decía que habíamos sido capturados por las Fuerzas Armadas porque nuestros superiores eclesiásticos habían informado al gobierno que al menos uno de nosotros era guerrillero. Gavigna le pidio que lo confirmara por escrito, y el embajador lo hizo”.

En cambio Jalics viajó a Estados Unidos y luego a Alemania. Escribió que tenía más resentimiento hacia quien los había entregado que contra sus captores y pese a la distancia “no cesaban las mentiras, calumnias y acciones injustas”. Pero, cuenta en su libro, en 1980 quemó los documentos probatorios de lo que llama “el delito” de sus perseguidores. Hasta entonces los había conservado con la secreta intención de utilizarlos. “Desde entonces me siento verdaderamente libre y puedo decir que he perdonado de todo corazón”. En 1990, durante una de sus visitas al país, Jalics se reunió en el instituto Fe y Oración, de la calle Oro 2760, con Emilio y Chela Mignone. Según la minuta de ese encuentro escrita por Mignone, Jalics les dijo que “Bergoglio se opuso a que una vez puesto en libertad permaneciera en la Argentina y habló con todos los obispos para que no lo aceptaran en sus diócesis en caso que se retirara de la Compañía de Jesús”. Bergoglio dice ahora que cuando Jalics viene al país lo visita. La familia de Yorio tiene una información distinta: es Bergoglio quien lo busca, como parte de su operación de blanqueo.

El funcionario de la Cancillería revela que fue Bergoglio quien le comunicó las acusaciones contra Yorio y Jalics.

DDHH: IGLESIA Y DICTADURA Tras las huellas de El Silencio

Noviembre 8th, 2010

El periodista Horacio Verbitsky investiga en “El silencio”, su nuevo libro, la complicidad de la Iglesia Católica argentina con la detención-desaparición de personas durante la última dictadura. Aquí, un comentario del libro que revela cómo fue vendida a la Marina una isla que era propiedad eclesiástica y que sirvió para ocultar flagrantes violaciones a los derechos humanos cometidas en la ESMA. Además, una entrevista con el autor.


MARIA SEOANE
Una isla entre las 350 islas, canales y ríos que cruzan el delta del Tigre pudo seguir siendo el lugar bucólico donde la virtud, el placer y la vida explotaran, como en primavera explotan las flores y el deseo. Podía seguir siendo el territorio enmalezado de un recreo donde el cardenal Antonio Caggiano continuara buscando el reposo por la fatiga de haber conducido a la Iglesia Católica argentina durante medio siglo. En los primeros meses de 1979, sin embargo, Caggiano estaba por morir y la vida en la Argentina era una variable de ajuste del poder terrenal. Un poder enervado ante la posibilidad de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a la Argentina esa primavera, ante el alud de denuncias de violación a los derechos humanos y la presión de la administración norteamericana del presidente James Carter sobre la ferocidad de la dictadura argentina. Si la diplomacia del silencio parecía terminar con esa visita de la CIDH, el poder del silencio y del secreto de los crímenes cometidos y por cometer debía ejercer una fuerza inversa casi sobrenatural para ocultarlos a los ojos del mundo.

Horacio Verbitsky vuelve a escribir —como hizo con El vuelo— sobre el destino de los desaparecidos y prisioneros en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Esta vez, en El silencio, el autor hace una nueva revelación casi metafísica sin antecedentes en el mundo: la existencia de un campo de concentración en una propiedad eclesiástica. Y que en esa isla del Tigre, llamada “El silencio”, que la iglesia vendió a los grupos de tarea de la Armada recalaron, para escapar a los ojos de la CIDH, numerosos prisioneros de la ESMA.

Durante el juicio a las juntas militares en 1985, y en años posteriores, se escucharon testimonios de sobrevivientes y familiares de desaparecidos sobre la colaboración de ciertos estamentos religiosos con la represión. Verbitsky retoma testimonios ya conocidos pero agrega precisiones sobre cómo fue el nivel de colaboración de esos estamentos en la ESMA, donde fueron recluidos en su mayoría militantes montoneros y religiosos vinculados a las ideas de catequesis del Concilio Vaticano II que habían tomado el camino de una iglesia defensora de los pobres vinculados a la izquierda peronista. El autor lo hace con testimonios en salas judiciales, con entrevistas a los sobrevivientes —entre ellos, Graciela Daleo y Víctor Basterra—, con entrevistas a religiosos y a militares vinculados a la represión. Con singular precisión, y con la inestimable colaboración de la periodista francesa Marie-Monique Robin, Verbitsky analiza las matrices que llevaron en tiempos de la Guerra Fría a que la iglesia militarizara la piedad y reivindicara en pleno siglo XX las prácticas y objetivos de la Inquisición: esta vez, los herejes eran los comunistas, ateos y revolucionarios de todas las latitudes fueran laicos o religiosos.

Verbitsky señala cómo hacia 1958 desembarcó en la Argentina la primera avanzada de la Cité Catholique, un brazo de una organización monárquica L’Action Francaise creada por Charles Maurras. El jefe de la Cité fue Jean Ousset y tuvo entre sus colaboradores —señala Verbitsky— a un experto francés en acción psicológica, coronel Jean Gardes, que desarrollaron el concepto de “subversión” para combatir sin ley ni moral a quienes consideraban enemigos. Se sabe que entre ellos estuvo el propio Charles De Gaulle, acusado por estos prohombres de haber traicionado a Francia al retirar las tropas de Argelia, a la que habían sometido como campo de tortura. Estos antecedentes sirven a Verbitsky para contar el desembarco en Buenos Aires del enviado de Ousset y su relación con el Ejército argentino. Gardes contará en sus notas cómo en 1963 el capitán de corbeta Francisco Lucas Roussillon le propuso darle protección a cambio de asesoramiento en técnicas antisubversivas. Este fue el inicio de un adoctrinamiento de la Armada en esa técnica, bajo la idea tremenda, compartida entonces por el cardenal Caggiano, de que la guerra anticomunista era “una guerra santa e interna, es decir, contra los ciudadanos”.

En 1961, se inauguró con la presencia de Caggiano y del entonces presidente Frondizi el Curso Interamericano de Guerra Contrarrevolucionaria en la Escuela Superior de Guerra: allí, una de las consignas era explicar lo que el obispo Dietrick von Niekin pensaba en 1411 de los “infieles”: “Cuando la Iglesia se ve amenazada deja de estar sujeta a los mandamientos de la moral…” Es decir, la idea de la Inquisición puesta en la cabeza de los oficiales argentinos siguió su curso implacable. Verbitsky señala, ahora centrando la lupa en la relación entre el Vicariato Castrense y la Armada argentina, que hacia 1975, cuando el cardenal Caggiano dejó en manos del obispo Adolfo Servando Tortolo el Vicariato Castrense y de su secretario familiar y privado, monseñor Emilio Grasselli, la secretaria del vicariato y del provicario Victorio Bonamín las tareas de purificar las almas de los militares que no se sujetaran a “ningún mandamiento moral” para su tarea de “pacificar” la Argentina convulsionada, comenzó un largo contubernio de ese sector de la Iglesia con la represión.

Una parte importante del libro de Verbitsky es el detalle de cómo con la colaboración de un sector de la jerarquía eclesiástica los catequistas y sacerdotes “díscolos” eran desprotegidos por su orden y luego secuestrados. Desfilan, así, los casos del secuestro y desaparición de Mónica Quinteiro, María Marta Vázquez Ocampo y su esposo César Lugones, de Mónica Mignone y de los sacerdotes jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics. Con una prosa ágil, notablemente transparente, distanciada, que por momentos asemeja a una descripción donde el solo hecho narrado produce una conmoción destilada y dolorosa sobre el lector, Verbitsky vincula al actual cardenal primado de la Argentina, Jorge Mario Bergoglio con el caso del secuestro de los jesuitas Yorio y Jalics, en 1977, entonces sacerdotes de la villa del Bajo Flores.

Con testimonios a favor y en contra, que incluyen el de Bergoglio, el de los jesuitas mencionados y el de la abogada de derechos humanos y amiga de Bergoglio, Alicia Oliveira, Verbitsky abre el más tremendo enigma (se llega a sostener que el actual cardenal estuvo presente en un interrogatorio a uno de los jesuitas secuestrados) sobre la responsabilidad en ese caso de quien tiene hoy la tarea de cuidar las almas de los argentinos y la moral a los poderes públicos.

El libro toma un curso infernal a partir del momento en que se anota la seducción del Papa Paulo VI por Emilio Massera, el acuerdo del entonces nuncio apostólico Pío Laghi y del arzobispo Tortolo y sus vicarios Grasselli y Bonamín en el proceso de “recuperación” —llamando así al proceso por el cual los militantes montoneros secuestrados en la ESMA debían trabajar como mano de obra esclava al servicio de los planes políticos del almirante— de los chupados en el casino de oficiales de la marina. Se cuentan diálogos espeluznantes entre Grasselli y los familiares desesperados de la víctima que lo visitaban. Las listas que manejaba y chequeaba permanentemente con la Armada y la ESMA, sus definiciones de si estaban vivos o muertos, sus mentiras, su posible visita a ver los chupados en la ESMA y cómo eran sus vínculos con los marinos del grupo de tareas del almirante para participar en la gesta de “salvación” de esos militantes. La participación del sacerdote venezolano Alfonso Naldi en la operación donde Grasselli enviaba al exterior a los secuestrados de la ESMA y la narración minuciosa de cómo ese grupo de tareas se transformó en una unidad de negocios para estafar y robar —el caso del marino traficante de armas y suicidado Horacio Estrada o de Ricardo Cavallo, detenido en México y enviado a España— completan esta novela trágica de la Argentina. Grasselli fue citado en numerosos juicios y fue entrevistado para este libro. Da su posición. Sin embargo, la cadena de hechos que llevan a venderle al marino Jorge Radice, responsable de los negocios inmobiliarios de la ESMA, la isla “El silencio”, en una transacción con documentos falsos secuestrados a uno de los prisioneros de la Marina, es de una magnitud de difícil elusión. El infierno en nombre de la fe adquiere un perfil preciso en el libro de Verbitsky cuando se describe con detalles que involucran testimonios de muchos isleños cómo los últimos secuestrados de la ESMA —el caso de Telma Jara de Cabezas— permanecieron ocultos o cómo trabajadores esclavos o, apresados por la banalidad del mal fueron obligados a acompañar en jornadas de pesca a sus captores, en esa santa isla en 1979. A tantos años de aquella tragedia, el viaje por el delta hacia “El silencio” tiene la potencia de lo sobrenatural y de la interpelación más profunda para los hombres de fe. Deja el testimonio más pleno de que la moral cristiana se hundió, en aquellos años tremendos, en el lodo de la boca del Chañá Miní.

http://edant.clarin.com/suplementos/cultura/2005/02/26/u-928004.htm

DDHH: Causa ESMA, Querella molesta por la declaración de Bergoglio

Noviembre 8th, 2010

Según lo señaló el abogado Luis Zamora, el cardenal “mintió” y se mostró “reticente” ante el Tribunal que juzga los delitos cometidos en la ESMA durante la última dictadura militar. Había sido citado, a pedido de una ex secuestrada, por la desaparición de dos sacerdotes jesuitas.

Télam

La querella en el juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la ESMA durante la última dictadura militar, aseguró hoy que el cardenal Jorge Bergoglio, “mintió” y se mostró “reticente” al declarar esta mañana  en torno a la desaparición de dos sacerdotes jesuitas durante la última dictadura.

“Cuando alguien  es reticente está mintiendo, está ocultando parte de la verdad”, manifestó el ex diputado nacional y abogado querellante en la causa, Luis Zamora, al término de la audiencia que se desarrolló en la curia que funciona en el edificio anexo a la Catedral Metropolitana.

Bergoglio prestó declaración esta mañana ante el Tribunal Oral Federal 5 en relación a la desaparición de dos sacerdotes jesuitas llevados a la ESMA cuando éste se desempeñaba como principal de la Compañía de Jesús en el país.

Al declarar como testigo en el caso del secuestro y desaparición de las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, Funes dijo que los curas jesuitas Orlando Dorio y Francisco Jalic fueron secuestrados y llevados a la ESMA luego de que Bergoglio, entonces superior de la orden en la región les quitó la protección.

Ambos religiosos vivían y realizaban su labor pastoral en la villa miseria porteña del Bajo Flores bajo la “opción por los pobres”.

Bergoglio fue citado como testigo por el tribunal pero el jefe de la Iglesia Católica argentina se amparó en el articulo 250 del Código Procesal Penal de la Nación que establece que los altos dignatarios oficiales “no estarán obligados a comparecer” ante un tribunal.

En esa situación se ubican el presidente y vicepresidente de la Nación, los gobernadores y vice de provincias; ministros, legisladores nacionales y provinciales, oficiales superiores de las Fuerzas Armadas y “los altos dignatarios de la Iglesia.

El segundo párrafo de dicho artículo especifica que, según la importancia que el juez atribuya a su testimonio y el lugar en que se encuentren,“aquellas personas declararán en su residencia oficial, donde aquél se trasladará, o por un informe escrito”bajo juramento.

A este tratamiento especial será sometido el cardenal Bergoglio quien prestará su testimonio ante los jueces del TOF 5 y las partes en su despacho de la Curia Metropolitana contiguo a la Catedral.

En el operativo en que ambos religiosos fueron secuestrados intervino personal uniformado, en tanto la testigo atribuyó a Bergoglio haber enviado a un cura de reemplazo que oficiaba misa en el momento en que llegaron los militares y ni siquiera fue interrogado.

Durante la audiencia del pasado jueves declaró otro de los sobrevivientes de la ESMA, Arturo Osvaldo Barros, quien denunció que una isla del Delta a la que fueron trasladados los detenidos de ese centro de detención ilegal durante la visita de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA (CIDH), “fue adquirida por uno de los miembros del Grupo de tareas a la Iglesia Católica”.

http://www.lmcordoba.com.ar/nota.php?ni=36476

JORGE BERGOGLIO Declarará por delitos de lesa humanidad

Noviembre 8th, 2010
Bergoglio declarará en el juicio por los crímenes ocurridos en la ESMASerá sobre dos sacerdotes jesuitas desaparecidos cuando Bergoglio era el principal de la Compañía de Jesús.

El arzobispo de Buenos Aires declarará a media mañana en el juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la ESMA durante la dictadura. Deberá prestar testimonio torno a la desaparición de dos sacerdotes jesuitas llevados a ese centro de tortura cuando él se desempeñaba como principal de la Compañía de Jesús en el país.
El jefe de la Iglesia Católica argentina prestará su declaración en torno a la desaparición de dos sacerdotes jesuitas llevados a la ESMA cuando éste se desempeñaba como principal de la Compañía de Jesús en el país.

La audiencia se realizará a las 11 de la mañana y no será pública, ya que el tribunal y las partes concurrirán para escuchar el relato del arzobispo de Buenos Aires en la Curia metropolitana.

La declaración de Bergoglio fue pedida el pasado 23 de septiembre por el abogado Luis Zamora luego de la declaración ante el tribunal de María Elena Funes, una catequista que estuvo desaparecida en la ESMA.

Al declarar como testigo en el caso del secuestro y desaparición de las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, Funes dijo que los curas jesuitas Orlando Dorio y Francisco Jalic fueron secuestrados y llevados a la ESMA luego de que Bergoglio, entonces superior de la orden en la región les quitó la protección.

Ambos religiosos vivían y realizaban su labor pastoral en la villa miseria porteña del Bajo Flores bajo la “opción por los pobres”.

Bergoglio fue citado como testigo por el tribunal pero el jefe de la Iglesia Católica argentina se amparó en el articulo 250 del Código Procesal Penal de la Nación que establece que los altos dignatarios oficiales “no estarán obligados a comparecer” ante un tribunal.

En esa situación se ubican el presidente y vicepresidente de la Nación, los gobernadores y vice de provincias; ministros, legisladores nacionales y provinciales, oficiales superiores de las Fuerzas Armadas y “los altos dignatarios de la Iglesia.

El segundo párrafo de dicho artículo especifica que, según la importancia que el juez atribuya a su testimonio y el lugar en que se encuentren,”aquellas personas declararán en su residencia oficial, donde aquél se trasladará, o por un informe escrito”bajo juramento.

A este tratamiento especial será sometido el cardenal Bergoglio quien prestará su testimonio ante los jueces del TOF 5 y las partes en su despacho de la Curia Metropolitana contiguo a la Catedral.

En el operativo en que ambos religiosos fueron secuestrados intervino personal uniformado, en tanto la testigo atribuyó a Bergoglio haber enviado a un cura de reemplazo que oficiaba misa en el momento en que llegaron los militares y ni siquiera fue interrogado.

Durante la audiencia del pasado jueves declaró otro de los sobrevivientes de la ESMA, Arturo Osvaldo Barros, quien denunció que una isla del Delta a la que fueron trasladados los detenidos de ese centro de detención ilegal durante la visita de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA (CIDH), “fue adquirida por uno de los miembros del Grupo de tareas a la Iglesia Católica”.

Télam

Fuente: SM

Polémica en Chubut por la “policía infantil” que promueve un sacerdote

Septiembre 22nd, 2010

2/09/10 Chicos de entre 9 y 14 años desfilan con estilo militar y usan chalecos antibalas.

PorCarlos Guajardo
Chubut. Especial

Cada sábado, unos 45 chicos de entre 9 y 14 años de la ciudad de Esquel participan de un adoctrinamiento policial dirigido por el capellán de la fuerza, el padre Adrián Alberto Mari. “Es para que saquen al policía que hay en su interior”, declaró el religioso, que cuenta con autorización de la Unidad Regional local de la policía de Chubut y la solidaridad de los padres de los chicos. La creación de la “policía infantil” , como el mismo cura la denomina, ya está generando una polémica en la provincia.

“Nos sorprendimos mucho cuando nos enteramos”, sostuvo ayer Juan Arcuri, subsecretario de Derechos Humanos de Chubut. “Por eso hicimos una presentación ante la Jefatura de Policía de la provincia. Nos dijeron que la actividad no tenía respaldo institucional. Y que lo iban a investigar”, agregó. Y se quejó porque “los chicos se deben formar y educar en la escuela” .

Integrantes de la cúpula policial consultados por Clarín ratificaron los dichos de Arcuri: aseguraron desconocer el tema y se comprometieron a realizar una investigación interna .

El padre Mari comenzó a trabajar con este proyecto en enero. Los padres de los chicos organizaron rifas, feria de platos y bailes para recaudar fondos y poder comprar uniformes: joggins y buzo y una gorra, todo color azul. Hoy la “policía infantil” tiene un sitio en la red social Facebook. Allí se pueden ver fotos y videos de los chicos desfilando al mejor estilo castrense y también realizando “saltos rana” y “cuerpo a tierra”. El algunos casos con chaleco antibalas de la policía de Chubut y recibiendo las órdenes del propio capellán.

Mari admitió que policías de Esquel en actividad pasan los sábados para “saludar a los chicos”. Y que “la idea es que en la calle los chicos hagan lo mismo.

Saluden al policía y le regalen un alfajor ”.

Durante la clase de los sábados que se realiza en el Casino de Suboficiales los chicos entonan la canción Nuevo Sol , que adoptaron como un himno y que habla de una sociedad con amor y justicia. “Nosotros –agregó el sacerdote– le pedimos buenas notas en la escuela, buen comportamiento en la casa y que saluden a los policías”.

Pero la actividad no se limita a los desfiles y las prácticas policiales: los chicos también realizan talleres donde se pone el acento en la “vocación policial” . Y algunas veces hubo representaciones teatrales.

El caso de la “policía infantil” fue revelado hace unos días por el sitio de Internet Puerta E , que se edita desde la ciudad de Esquel (unos 630 kilómetros al Este de Rawson, sobre la Cordillera de los Andes). “Ya le dijimos a los chicos que no tengan miedo en usar un uniforme . Así como los maestros y los albañiles tienen el suyo, el policía también”, sostuvo el capellán.

Ayer a la tarde, cuando el tema comenzó a trascender en algunos portales de la Web, apareció un mensaje en la página de Facebook de la iniciativa. “Querida familia y amigos que hasta hoy nos han acompañado. Hemos sido denunciados en los derechos humanos (sic) por este proyecto, por creer, por apostar y ocuparnos de los chicos. Esperamos su apoyo en contra de esta gente que con prejuicios mal intencionados intenta desviar y distorsionar los objetivos esenciales de este proyecto”, dice el mensaje.

http://www.clarin.com/sociedad/Polemica-Chubut-infantil-promueve-sacerdote_0_340166059.html

Chubut: el capellán que creó la “Policía infantil” fue pasado a disponibilidad por Das Neves

Septiembre 22nd, 2010

El cura de la fuerza en la ciudad de Esquel, del proyecto, fue separado por orden del Gobernador de la provincia. “Es para que los chicos saquen al policía que hay en su interior”, había dicho el sacerdote. Imágenes del “entrenamiento”
El ministro de Gobierno de Chubut, Héctor Miguel Castro, dispuso el pase a disponibilidad del capellán de la Policía de Esquel, Adrián Alberto Mari, por orden del Gobernador de la provincia, Mario Das Neves. El cura otorgaba adoctinamiento policial a menores en esa ciudad sin ningún aval oficial, según informaron desde el gobierno provincial.

Así lo confirmó este miércoles el subsecretario de Gobierno y Relaciones Institucionales del Gobierno del Chubut, Pablo Das Neves, al diario Jornada. “El ministro de Gobierno, Héctor Castro, instruido por el gobernador Mario Das Neves tomó la decisión del pase a disponibilidad del padre Mari quien estaba hasta este momento en funciones como Capellán de la Policía de la Unidad Regional de Esquel”, reveló el funcionario.

También el subsecretario indicó que “el comisario mayor Jorge Enrique Gutiérrez quien es el jefe de Asuntos Internos está viajando a Esquel para iniciar una investigación para tener todos los elementos sobre el hecho porque esta es una actividad a propuesta del padre Mari y no tiene ningún aval oficial por parte de ninguna autoridad ú organismo de la Provincia del Chubut”, aclaró.

El casoEl adoctrinamiento policial de menores se llevaba adelante cada sábado desde enero en el Casino de Suboficiales de Esquel, Chubut, y aseguran que contaba con la autorización de la Unidad Regional local de la Policía provincial y el apoyo de las familias de la comunidad. Fue ideado por el capellán de la fuerza, padre Adrián Alberto Mari.
“Es para que saquen al policía que hay en su interior”, sostuvo el sacerdote, quien bautizó la iniciativa como “Policía infantil”.

Cada sábado, chicos de entre 9 y 14 años concurrían a la sede policial a realizar las prácticas, que van desde el desfile hasta los “saltos rana” y el “cuerpo a tierra”. Incluían también el uso de chalecos antibalas reales, talleres sobre “vocación policial” y la entonación periódica de un himno propio, Nuevo Sol.

Efectivos suelen pasar a saludarlos cada tarde. Según dijo Mari, “la idea es que en la calle los chicos hagan lo mismo: saluden al policía y le regalen un alfajor”. “Nosotros les pedimos buenas notas en la escuela, buen comportamiento en la casa y que saluden a los policías”, agregó.

Desde la Subsecretaría de Derechos Humanos de Chubut aseguraron desconocer esta situación. La Jefatura de Policía de la provincia se pronunció en el mismo sentido: confirmó que no existe una autorización oficial para esta actividad y que iniciará una investigación.

Frente a la difusión de lo sucedido y la intervención que aseguraron las autoridades, la página de facebook “Sí por Policía Infantil en Esquel – Chubut” publicó el siguiente mensaje, según consignó el diario Clarín: “Querida familia y amigos que hasta hoy nos han acompañado. Hemos sido denunciados en los derechos humanos por este proyecto, por creer, por apostar y ocuparnos de los chicos. Esperamos su apoyo en contra de esta gente que con prejuicios mal intencionados intenta desviar y distorsionar los objetivos esenciales de este proyecto“.

http://www.infobae.com/general/537851-101275-0-Chubut-el-capellan-que-creo-la-Policia-infantil-fue-pasado-disponibilidad-Das-Neves

¿Se bajarán las cruces de las salas de audiencia? “Sería conveniente que los lugares públicos (de la Justicia) no tengan símbolos religiosos”

Septiembre 21st, 2010

Lo dijo el presidente del Consejo de la Magistratura, Luis María Cabral, al ser consultado por DiarioJudicial.com. La polémica estalló cuando la ministra de la Corte Carmen Argibay pidió quitar los símbolos religiosos de las salas de audiencias. En esta nota, además, las opiniones de Angela Ledesma, Mario Filozof, Daniel Sabsay, Mario Fera y Pablo Gallegos Fedriani. VOTE EN LA ENCUESTA

El presidente del Consejo de la Magistratura, Luis Cabral consideró en diálogo con DiarioJudicial.com que “corresponde hacer una reflexión” para que “a los habitantes que concurren a los tribunales se les garantice igualdad de condiciones” y en ese sentido, entendió que “sería conveniente que los lugares públicos [del Poder Judicial] no contaran con símbolos religiosos”. Cabral fue consultado luego de que este fin de semana la jueza de la Corte Suprema Carmen Argibay planteara la posibilidad de quitar los símbolos religiosos de las salas de audiencias y aseguró que había hablado de ese tema con el titular del Consejo.

“En nuestro país hay una mayoría de católicos y eso tomó como dado que en las salas de audiencias hubiera símbolos propios de la religión cristiana”, dijo Cabral, pero enfatizó que en Argentina “rige la libertad de culto” y subrayó que tanto los jueces como los justiciables “pertenecen a distintas colectividades culturales y religiones”.

El consejero-juez pidió “llegar a un consenso para lograr la mejor inclusión de todos” pero, a diferencia de la ministra Argibay –que consideró que “tener un símbolo religioso condiciona”- Cabral negó que la presencia de un símbolo religioso pudiera “condicionar al testigo o al justiciable”. En cambio, lo planteó como “una cuestión de respeto a cada uno”. Aseguró que dialogó sobre el tema con Argibay -dado que ambos fueron jueces de tribunales orales- y juntos reflexionaron en la idea de “buscar consensos y no tomar decisiones por acto de autoridad”.

En tanto, la vicepresidenta de la Cámara de Casación Penal, Ángela Ledesma, coincidió con Cabral en que la presencia de un símbolo religioso “no condiciona” pero advirtió que “para el justiciable que no profesa [la misma fe que pudiera estar representada en ese símbolo] puede crear una situación de parcialidad”. En ese sentido, consideró “prudente” que los símbolos religiosos “se saquen” de las salas de audiencia del tribunal que integra.

En tanto, el presidente de la Cámara del Crimen Mario Filozof -quien aclaró que hablaba a título personal- pidió “diferenciar entre lo que debe hacer el Estado y lo que se puede hacer personalmente”. Dijo que “la Corte tiene el derecho a disponer lo que entienda conveniente respecto de los crucifijos o símbolos religiosos que están inventariados o en despachos de acceso al público” pero no así en lo que “cada magistrado haga en la privacidad de su despacho, en la medida que eso no afecte el desarrollo de las tareas”.

Lo que está en debate es la laicicidad del sistema”, planteó Filozof y añadió que la Corte puede tomar una resolución en tanto no afecte a los “derechos personalísimos”.

Quien expresó una postura más radical fue el abogado constitucionalista Daniel Sabsay quien se mostró de acuerdo con quitar los símbolos religiosos “cuando el Estado es laico”. El letrado coincidió con Argibay en que la presencia de un símbolo religioso en un tribunal “puede provocar una intimidación que importa una violación al principio de no discriminación”.

En tanto, el presidente de la Cámara del Trabajo Mario Fera recordó que la Constitución, en su artículo segundo, plantea que “el Gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano”.

Fera, que en noviembre asumirá como representante de la lista Celeste como consejero de la Magistratura, negó que la presencia de crucifijos fuera discriminatoria u ofensiva y sostuvo que era “la expresión de lo que asumió el Estado desde el punto de vista constitucional”. Sin embargo el camarista, de reconocido compromiso con la fe católica, afirmó que el tema ameritaría el “intercambio de ideas” y se mostró “dispuesto a dialogar”.

Por su parte, el presidente de la Sala V de la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal Pablo Gallegos Fedriani eligió pronunciarse sobre el tema con una frase de un doctor en doctrina social de la Iglesia quien señaló que cada uno puede pensar lo que quiere, pero que Dios tiene “existencia constitucional” en el país: el camarista recordó que se nombra a Dios (a secas, sin decir de qué Dios se trata) en el Preámbulo y en el artículo 19, que señala que “las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios y exentas de la autoridad de los magistrados(…)”.

Consultado por este medio en relación con el posible condicionamiento a los justiciables frente a la presencia de un símbolo religioso dijo: “Puede llegar a ofender”. Pero, en línea con Fera, recordó el artículo segundo de la Carta Magna y afirmó que “ordenar que retiren los crucifijos estaría en contra de la Constitución” aunque aseguró que si a alguien lo ofendiera, él lo retiraría.

Antecedentes en fallos

En 2003, la jueza en lo Contencioso Administrativo Federal Susana Córdoba hizo lugar a un planteo de la Asociación por los Derechos Civiles (ADC) y ordenó retirar una Virgen del Rosario que estaba ubicada en la Planta Baja del Palacio de Tribunales. La Cámara del fuero dio vuelta ese fallo y permitió la permanencia del símbolo religioso. Finalmente, aunque no llegó a dictar sentencia sobre el tema, la Corte resolvió quitar la imagen de la virgen.

http://www.diariojudicial.com/contenidos/2010/09/20/noticia_0008.html