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Zeitgeist, el video

Lunes, Abril 14th, 2008

Zeitgeist (película)
De Wikipedia, la enciclopedia libre

Zeitgeist es un documental sin ánimo de lucro del año 2007 producido por Peter Joseph con difusión por Internet (mediante Google Video). Aunque grabado originalmente en inglés es posible encontrarlo con subtítulos en español. Es un documental a manera de intrahistoria, intenta partir de un análisis racionalista e histórico de la estrategia y cálculo político, de varias creencias religiosas e instituciones políticas y económicas, en especial el cristianismo, los ataques del 11 de septiembre y la guerra contra el terrorismo, y la Reserva Federal y el sistema financiero internacional. El propio título, Zeitgeist, quiere decir “espíritu guardián del siglo”, es decir, la experiencia del clima cultural dominante.

Plantea la existencia de mecanismos de dominación absoluta dentro a las instituciones de control social convencionales, más que enfocarse en que si las intenciones son ocultas o manifiestas explora los métodos de convencimiento individual y asentimiento social de la sociedad civil ante sus dominadores. Zeitgeist desvela las grandes mentiras históricas y actuales que nos ahogan brutalmente a todos. Desde su publicación gratuita en Google Video en primavera de 2007, la película ha sido vista más de 5 millones de veces.[1]

Los eventos fueron simplificados para las masas, con la intención de generar la conciencia general y discusión en cuanto a un tema que bajo la deitificación se considera tabú discutir.

Pepe Rogriguez: Los pésimos ejemplos de Dios (Según la Biblia)

Sábado, Marzo 15th, 2008

Fuente: Pepe Rodriguez

Introito brevísimo

Vaya por delante que este libro está escrito en coautoría. El 90 % del texto es la palabra de Dios en estado puro, esto es, tal como se recoge en la Biblia, y el resto son simples comentarios de un pobre autor al que el Altísimo sólo dotó de sentido común, pero no de fe.

Si a algún lector no le gusta su contenido, que dirija sus protestas ante el autor de la Biblia, ya que este escritor no le ha cambiado ni una palabra a lo que los representantes autorizados de Dios certifican que dijo.

Escribir este libro no tendría ningún sentido si la Biblia se considerase una colección de textos inconexos procedentes de antiguas leyendas mesopotámicas y egipcias, y de tradiciones orales de pastores nómadas incultos —en relación al nivel que tenían la mayoría de las sociedades con las que se relacionaron y coexistieron— que, tras muchos siglos de remiendos y añadidos fueron recogidas, ampliadas y reelaboradas por «profetas» y clérigos muy listos al servicio de los intereses políticos, encubiertos bajo reformas religiosas, de reyes ambiciosos como Ezequías (1) o Josías (2). Pero no, tal como veremos más adelante, la Biblia es la palabra de Dios y él es el único inspirador-autor de todo lo que contiene esa colección de libros tan disparejos.

Me perdonará el lector el atrevimiento de confesar, de entrada, que el sentido común con el que Dios me creó y los conocimientos que el Altísimo ha puesto a mi alcance (3) me inclinan a pensar que nada hay de divino en la más humana de las obras. ¿Pero quien soy yo para llevarle la contraria a unos dos mil millones de cristianos que creen a pies juntillas que la Biblia la escribió Dios? Nadie, claro; ya me lo han dicho algunos católicos muy irritados a causa de otros libros míos; textos que aunque no han visto ni leído sí han repudiado preventivamente. ¡Qué cómoda es la fe de esa gente! ¡les evita leer montañas de libros —los míos no son los únicos que rechazan, ni mucho menos— al tiempo que les hace sentirse seguros y orgullosos poseyendo como capital más preciado todo lo que ignoran!

En esta ocasión, sin embargo, no cometeré la torpeza de cuestionar lo fundamental de la Biblia. Si unos dos mil millones de creyentes dicen que es la palabra de Dios, sea pues así. No se hable más. En todo este libro aceptaré sin la menor duda que cada uno de los textos, ejemplos, leyes, actos, conductas… que aparecen en las páginas de la Biblia son la palabra y la voluntad de Dios, la expresión de su carácter y la transmisión de sus enseñanzas más principales a través de los actos que confesó haber realizado directamente y de los que avaló, secundó y bendijo en los protagonistas bíblicos que el Altísimo escogió expresamente para llevar a cabo cada uno de sus planes para el mundo.

Para bien de los lectores, ante la eventualidad de que mi impericia natural para analizar lo sobrenatural —causada por la falta de fe que Dios me dio como cruz personal— me lleve a ver en los relatos bíblicos enseñanzas algo diferentes a las que dicen hallar doctos prelados y pastores de afamado prestigio entre su grey, y que, en consecuencia, acabe por sumirles en el error, en este libro se ha tomado la precaución de suministrar en todo momento la auténtica y genuina palabra de Dios, reproducida siempre en medio de un contexto generoso y literal, a fin de que cada cual pueda juzgar por sí mismo el contenido de los capítulos y de los versículos bíblicos aquí transcritos y, al mismo tiempo, pueda aquilatar la mesura o desmesura de las conclusiones —siempre discutibles— a las que llegó este autor.

Con todo, siempre consuela saber que las llamas del infierno pasaron ya de moda y, por el momento, no son la eternidad que aguarda a quienes no acatan la visión monocolor de la dogmática oficial. Así al menos lo dejó dicho el papa Wojtyla en agosto de 1999, cuando, tras regresar de sus vacaciones, en una audiencia semanal, declaró que «las imágenes utilizadas por la Biblia para presentarnos simbólicamente el infierno, como un horno en llamas o un estanque de fuego donde reina el rechinar de dientes, deben ser interpretadas correctamente. El infierno es la situación de quien se aparta de modo libre y definitivo de Dios». Pero ni este autor ni sus lectores pretendemos hacer tal cosa ¿cómo apartarnos de Dios si en todo este libro no haremos más que leer su palabra directa y eterna dándola por cierta?

Cualquier lector sensato podrá acusarme de insensato por tomar en su literalidad los relatos bíblicos, y le sobrará razón para ello, pero la cuestión no es si este autor ha descendido o no en la escala evolutiva sino el hecho de que, de modo expreso e intencionado, se ha prestado a hacer lo mismo que practican dos mil millones de creyentes, pero sin hacer trampas.

Me parece una indecencia intelectual y moral usar partes de la Biblia —a menudo meros fragmentos de un versículo— para tomarlos por «palabra de Dios» merecedora de adoración, mientras que la inmensa mayoría de los escritos bíblicos, incluso el contexto de las citas elegidas —que frecuentemente contradicen el significado dado a la mismas— se ignoran a sabiendas, o se reducen a letra profana tildándolos de poesía, metáfora, historia, tradición… Claro que la Biblia es todo eso, además de un compendio reelaborado y maquillado de mitos paganos muy diversos y bien conocidos, pero ¿por qué debe tomarse por «palabra de Dios» una parte de un párrafo y despreciar el resto considerándolo como mera paja o decorado? La dogmática católica y cristiana, tal como se verá más adelante, obliga a creer que cada palabra de la Biblia procede de Dios mismo… aunque los exegetas autorizados recortan y retuercen esa «palabra de Dios», que es inmutable —dicen—, por donde les da su santísima gana.

Cuando uno se ha leído la Biblia varias veces y con espíritu analítico, no puede menos que darse cuenta de que es el más contradictorio de los libros, ya que a cada afirmación en un sentido se le puede encontrar otra o varias en sentido contrario ¡y todas realizadas por el mismo Dios, claro está!

Es bien conocido el mandato divino que Dios le dio a Moisés dentro del decálogo y que podemos leer, por ejemplo, en el Deuteronomio: «No matarás» (Dt 5,17) (4).

Pero resulta que el mismo Dios, unos capítulos después, y también bajo forma de ley que recibió Moisés, impuso para su cumplimiento que: «Si un hombre tiene un hijo rebelde y desvergonzado, que no atiende lo que mandan su padre o su madre (…) sus padres lo agarrarán y llevarán ante los jefes de la ciudad, a la puerta donde se juzga (…) Entonces todo el pueblo le tirará piedras hasta que muera» (Dt 21,18-21).

Y, sin pretender ser exhaustivos, ese mismo Dios, un poco antes, en Números, le ordenó al mismísimo Moisés: «”Apresa a todos los cabecillas del pueblo y empálalos de cara al sol, ante Yavé; de ese modo se apartará de Israel la cólera de Yavé” (…) Yavé le dijo entonces a Moisés. “Ataca a los madianitas y acaba con ellos (…)» (Nm 25,1-17).

¿No matarás? ¿Palabra de Dios? ¿Cuál es la palabra de Dios? ¿La que prescribió no matar? ¿La que legisló que debía matarse a los hijos desobedientes sólo por serlo? ¿La que ordenó matar brutalmente por empalamiento y exterminar a todo un pueblo? En todos los casos fueron mandatos directos de Dios a Moisés, dados para su cumplimiento inexcusable.

¿Por qué razón debe hablarse sólo del primer mandato divino y callar sobre los otros? ¿Dónde está escrito que las cientos de miles de muertes que relata la Biblia, y que el propio Dios se adjudicó como obra personal, fueron una especie de broma, o de tradición histórica exagerada, y que lo único que legisló Dios fue el «no matarás»? O Dios dijo todo eso y más, o no dijo nada de nada. Los creyentes piensan que Dios dijo todo lo que aparece en la Biblia. Bien. Pues punto en boca…

Sólo que, si puede tomarse por divina, literal, cierta e imperativa la frase citada, «no matarás» —así como otras muchas con notable fama entre la grey—, la decencia intelectual y moral de la que antes hablaba obliga a tomar también por tales al resto de palabras, frases y mandatos que, según Iglesias y exegetas, se contienen en la Biblia por ser, precisamente, la depositaria de la palabra cierta, fiable e inmutable de Dios.

En el próximo capítulo volveremos sobre este particular. Aunque antes, por si los lectores no lo conocieren, introduciré unos pocos datos muy básicos acerca de la Biblia, sobre su formato y sobre sus muchas y variadas versiones.

Algunos datos básicos previos sobre la Biblia y sus diferentes versiones

La palabra Biblia procede del término griego que significa “libros”, un plural que indica que no se trata de un libro sino de una colección de muchos libros, que varían en número, títulos y hasta en versículos en función de ser una Biblia hebrea, católica o protestante.

Del griego biblía, libros, se originó el latino biblia. El nombre deriva del soporte en el que se escribían esos textos, que eran rollos de papiro denominados biblos (por ser importados de la ciudad fenicia de Biblos). La colección de rollos de papiro, o libros, conteniendo los diversos textos que la conforman, fue denominada, en la propia Biblia, como Escritura o Escrituras, aunque en el Nuevo Testamento también fue citada como Santas Escrituras (en Rom 1,2).

El paso de ser considerada una colección de libros, en plural, al de tenerla por un solo libro, tal como se considera hoy a la Biblia, se debió a que teológicamente quiso verse en esos textos tan diversos una sola unidad de proyecto y redacción «que revela una conducción inteligente, que no dejó de operar durante los más de mil años de su redacción». Comúnmente se tiene a Juan Crisóstomo (347-407 d.C.) como el primero que usó el término Escritura en el sentido singular y unitario recién citado.

Las sagradas escrituras del judaísmo actual se dividen en tres partes, Torah o Ley (5 libros), Profetas (21 libros) y Escritos (13 libros) y, obviamente, no incluye la colección del Nuevo Testamento. La forma y composición actual del canon judío se atribuye a Esdras (c. 458 a.C.).

La Biblia católica y ortodoxa —siguiendo la tradición de la Septuaginta, la primera traducción al griego del Antiguo Testamento, realizada en el siglo III a.C.— incluye libros que no figuran en el canon hebreo, tales como Tobías, Judith, Sabiduría, Eclesiástico y I y II Macabeos y añade fragmentos importantes al libro de Daniel, al de Ester y al de Jeremías, son los textos etiquetados como deuterocanónicos. En total, la Biblia católica contiene 73 libros (46 en el Antiguo Testamento y 27 en el Nuevo Testamento).

La reforma protestante de Lutero (siglo XVI) limitó la Biblia a los libros del canon hebreo, aunque conservaron los añadidos del canon católico en otra categoría, bajo la denominación de apócrifos.

Resulta obvio que los libros de la Biblia no fueron escritos en el actual formato ni en el orden que guardan los textos actualmente. El idioma original de los textos del Antiguo Testamento fue el hebreo, aunque algunas partes de Esdras o Daniel se redactaron en arameo. El Nuevo Testamento se escribió en griego. Lo que queda de los soportes materiales más antiguos es apenas nada (5), y los libros actuales proceden de traducciones, de traducciones, de traducciones…

La actual división de la Biblia en capítulos y versículos no procede tampoco de los textos originales, ya que se debe al inglés Stephen Langton, erudito bíblico y arzobispo de Canterbury, que, hacia el año 1200, unificó, revisó y reformó los sistemas de división más antiguos (la división del Antiguo Testamento en versículos se originó en el siglo VI o VII). La Biblia más antigua conocida que incorpora las divisiones de Langton fue publicada en 1231.

El concepto «testamento» que sirve para denominar las dos divisiones de la Biblia cristiana —Antiguo Testamento y Nuevo Testamento—, deriva del latín testamentum, que fue la traducción adoptada para la palabra griega diutbeke, que en la práctica totalidad de la Septuaginta significa “pacto” (aludiendo al pacto jurídico entre Dios y su pueblo otorgado a Moisés en el desierto). Hacia finales del siglo II, entre los círculos cristianos comenzó a extenderse el uso de una nueva denominación para ambas colecciones de libros: palaia diatheµkeµ (Antiguo Testamento) y kaineµ diatheµkeµ (Nuevo Testamento). Al traducir al latín los textos griegos, autores como Tertuliano dieron a diatheµkeµ el sentido de instrumentum —documento jurídico— y también el de testamentum, que prevaleció a pesar de no ser un término exacto ni correcto.

En el ámbito católico y fundamentalmente en España, la lectura de la Biblia jamás ha sido propiciada desde las autoridades eclesiásticas, antes al contrario. Así, por ejemplo, ya en fecha tan temprana como el año 1223, un edicto del rey Jaime de Aragón prohibió leer las Sagradas Escrituras en lengua romance y daba un plazo de ocho días a cualquiera que poseyera alguna traducción —probablemente realizada por albigenses— para que la entregara a su obispo para ser quemada.

Esa prohibición, que afectó al pueblo llano y le sumió en la ignorancia bíblica hasta hace bien poco —una falta de cultura que ha propiciado que, incluso hoy, la inmensa mayoría de los católicos no hayan leído jamás la Biblia directamente—, no impidió traducciones al castellano tan notables —y elitistas— como la que se considera la primera versión castellana conocida de la Biblia completa, la llamada Biblia alfonsina, traducida desde la Vulgata latina y concluida en 1280 bajo demanda y protección del rey Alfonso X el Sabio.

Le siguieron otras muchas versiones, entre las que destacamos la llamada Biblia del rabino Salomón, fechada en 1420 y que sólo tradujo el Antiguo Testamento. La Biblia del duque de Alba, concluida en 1430, tradujo también el Antiguo Testamento bajo el auspicio del rey Juan II de Castilla. En la ciudad de Ferrara, en 1553, se tradujo al castellano el Antiguo Testamento para uso de los judíos españoles allí desterrados, es la que se conoce como Biblia de Ferrara. La muy notable e importante Biblia del Oso, también conocida posteriormente como de Reina-Valera, fue traducida por Casiodoro de Reina, un monje del convento de san Isidoro del Campo (Sevilla) que se hizo protestante y publicó su versión bíblica en 1569, en Basilea (Suiza). La primera versión castellana completa de la Biblia acometida por un sacerdote católico fue la de Felipe Scío de San Miguel, obispo de Segovia, publicada en 1793, en Valencia, y traducida desde la Vulgata bajo encargo del rey Carlos IV.

Han sido muchas las versiones al castellano que surgieron a partir de la publicación autorizada por la Iglesia católica de la obra de Scío —como la conocida versión que lleva el nombre de Torres Amat, obispo de Barcelona, traducida desde la Vulgata y publicada en 1825—, todas intentan aportar algo nuevo, ya sea un lenguaje o una estructura discursiva más comprensible para el lector moderno, o mejoras en la traducción de ciertos pasajes merced a nuevos conocimientos académicos, pero a pesar de las fuentes originales que casi todas las versiones se arrogan, la comparación de más de una veintena de versiones castellanas sugiere que hay bastante más plagio de las traducciones castellanas clásicas del que los autores modernos están dispuestos a reconocer.

La diferencia más fundamental entre las diversas versiones bíblicas reside, precisamente, en todo aquello que no es Biblia, esto es, en la exégesis, en los comentarios, anotaciones e interpretaciones de los textos.

Esa exégesis, pretendiendo orientar y situar al lector —cosa que muchas veces logra, y es de agradecer—, lo que busca realmente es mantener su capacidad de comprensión cautiva dentro de estrechos márgenes doctrinales, a fin de que determinados versículos no se tomen en su sentido literal y con su valor contextual —que es el único histórico e indiscutible— sino que se perciban y asuman tal como cada tradición religiosa posterior, muy interesadamente, forzó y manipuló para así poder construir y justificar decenas de creencias absolutamente ajenas a la Biblia, pero impuestas como fundamentadas en ella. Esa manipulación grosera de textos bíblicos es particularmente evidente en algunas versiones católicas, entre las que la traducción de Nácar-Colunga alcanza cimas gloriosamente patéticas (6).

En todo caso, dado que no existe “la traducción”, que no hay una versión que sea un referente indiscutible, para escribir este libro se ha trabajado con una amplia variedad de traducciones de la Biblia —en concreto doce, a las que se suman diferentes revisiones de las mismas, además de la Torah, según versión de la Universidad de Jerusalén, y la Septuaginta, en versión de Guillermo Jünemann—, que a menudo debieron compararse entre sí a fin de comprobar y confirmar el sentido de palabras o versículos más o menos abstrusos; y con no menor frecuencia se ha tenido que acudir a obras de referencia como el Strong’s Hebrew and Greek Dictionaires, y a otros diccionarios bíblicos especializados —como los de Barclay; Bruce, Marshall y Millard; Hitchcock; Vine, Unger y White; etc.—, para asegurarse de que la traducción castellana se correspondiese con los conceptos originales usados en los textos hebreos o griegos disponibles, cosa que no siempre sucede debido a los frecuentes maquillajes ideológicos que salpican las versiones bíblicas.

Las versiones bíblicas consultadas para escribir este libro han sido las siguientes:
— Biblia Latinoamericana. Traducida por Ramón Ricciardi y Bernardo Hurault y publicada en 1972, en Madrid, por las editoriales San Pablo y Verbo Divino. La versión usada aquí es la de 1995. En Latinoamérica se la considera como la mejor Biblia a efectos pastorales, siendo de lectura fácil y amena. Por su calidad, pero también en recuerdo de la injusta persecución fascista que sufrió (7), la hemos tomado como el texto de referencia para este libro.

— Biblia de Jerusalén. Traducida por los dominicos de L’Ecole Biblique de la Ciudad Santa, bajo la dirección de José Ángel Ubieta, y publicada en 1966 como Edición Española de la Biblia de Jerusalén. Es una más que excelente versión aceptada a nivel interdenominacional. La versión usada aquí es la de 1976; en formato digital se ha usado la de 1998, editada por Desclée.

— Nueva Biblia Española. Traducción directa de los idiomas originales realizada por Luis Alonso Schökel y Juan Mateos. Se trata de una versión católica con lenguaje claro y moderno publicada en 1975. La versión usada aquí es de la de 1990, publicada por Ediciones Cristiandad.

— Santa Biblia. Esta traducción, conocida como de Reina-Valera, fue denominada inicialmente Biblia del Oso. Su autor, Casiodoro de Reina, monje del convento sevillano de san Isidoro del Campo, realizó la que fue la primera traducción al castellano de toda la Biblia desde de el hebreo, arameo y griego. Se editó en Basilea en 1569. La primera de sus muchas revisiones la hizo su compañero Cipriano de Valera y se publicó en Ámsterdam en 1602. Las versiones que hemos usado aquí son, en papel, la de 1960 y 1995, publicadas, respectivamente, por Sociedades Bíblicas en América Latina y Sociedades Bíblicas Unidas, y en formato digital las versiones de 1865, 1960, 1989, 1995 y 2000.

— Sagrada Biblia. Traducción hecha por Eloíno Nácar y Alberto Colunga, publicada en Madrid, en 1944, por la Biblioteca de Autores Cristianos. Fue la primera versión católica de la Biblia tomada directamente de las lenguas originales, aunque siguieron en buena medida la traducción y sintaxis de la versión de Reina-Valera. La versión usada aquí es la de 1979, publicada por Edica.

— Biblia de las Américas. Revisión de la versión Reina-Valera publicada en 1986 por The Lockman Foundation; tiene dos revisiones posteriores, 1995 y 1997, y una versión en español latinoamericano denominada Nueva Biblia de los Hispanos, publicada en 2005. Aquí hemos usado las últimas revisiones de ambas versiones.

— Santa Biblia Nueva Versión Internacional. Traducción directa de las lenguas originales realizada por un amplio equipo de expertos hispanohablantes bajo la dirección editorial de Luciano Jaramillo, y publicada por la International Bible Society en 1973. La versión usada aquí es la de 1984.

— Dios habla Hoy. Versión popular e interconfesional publicada por Sociedades Bíblicas Unidas en 1979, fue traducida, desde los idiomas originales, por un amplio equipo, en el que participaron expertos protestantes y católicos, coordinado por Eugenio A. Nida.

— Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. Traducción realizada por la Watchtower Bible and Tract Society (Testigos de Jehová) en 1961. La versión usada aquí es la de 1967.

— Sagrada Biblia. Traducción de Félix Torres Amat publicada en Madrid, en 1825, bajo la autoría de Torres Amat, obispo de Barcelona, aunque en realidad fue hecha por el jesuita Miguel Petisco, que se basó en la Vulgata latina de san Jerónimo (siglo IV). La versión usada aquí es la de 1928, publica por Apostolado de la Prensa.

— King James Version of the Bible. Esta versión fue publicada en 1611 y fue la principal Biblia de los protestantes de habla inglesa hasta el siglo XIX. Aquí hemos usado la versión digitalizada en 1992 por David Turner, del Illinois Benedictine College, para la biblioteca virtual Project Gutenberg.

En cualquier caso, cada lector puede usar y revisar la versión o versiones de la Biblia que crea más conveniente, ya que, en lo fundamental de cada relato, y en lo que atañe a los textos bíblicos citados en este trabajo, no hay diferencias insalvables entre unas traducciones y otras.

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Notas:

(1) Ezequías subió al trono de Judá hacia el año 715 a.C. y reinó unos 29 años. Para recuperar la autonomía de su país y reforzar su identidad tras su vasallaje ante Asiria, emprendió una profunda reforma religiosa con la ayuda de redactores como el profeta Isaías —creador, entre otros aspectos fundamentales, de las bases del mesianismo davídico (Is 11,1-2)—, arrogándose legitimidad en base a las leyes y textos de la fuente bíblica denominada sacerdotal, que fue redactada para la ocasión —e introducida entre los textos de Génesis, Éxodo, Levítico y Números— y que es la responsable de cambios doctrinales y teológicos fundamentales respecto a las tradiciones yahvista y elohísta anteriores.

(2) Josías llegó al trono de Judá hacia el año 640 a.C., a la edad de 8 años (según la Biblia), y se quedó en él 31 años, alcanzando un prestigio cercano al del rey David. Al igual que hizo su predecesor Ezequías, emprendió una segunda reforma religiosa a fin de poder tener un instrumento político con el que vertebrar a su pueblo mediante una nueva ideología y una nueva ley divina. Los redactores de los nuevos textos ad hoc fueron profetas como Jeremías y Baruc, ambos prolíficos autores de los textos deuteronómicos. La joya de la corona fue el Deuteronomio, un marco legislativo que logró su fuerza para ser acatado al serle atribuida su autoría al tándem Yahvé/Moisés y que, para dar mayor credibilidad a la falsificación, se presentó como unos rollos hallados casualmente bajo los cimientos del templo de Jerusalén [Cfr. Rodríguez, P. (1997). Mentiras fundamentales de la Iglesia católica. Barcelona: Ediciones B, pp. 57-63].

( 3) Todo ello, claro está, en el caso hipotético de que algún dios hubiese creado algo alguna vez y de que se ocupase en algún momento de orientar alguna decisión o responsabilidad humana.

(4) Y que ya había sido incluido como ley en el decálogo que figura en Génesis, el segundo libro del Pentateuco: «No mates» (Ex 20,13).

(5) El manuscrito más antiguo hallado hasta hoy es un fragmento de Samuel, que se data en torno al año 225 a.C. El fragmento más antiguo del Nuevo Testamento, según algunos autores, es una pequeñísima tira de papiro con tres versículos de Juan que se data entre los años 125 y 150 d.C.; otros autores, a partir de los manuscritos hallados en las cuevas de Qumram, concluyen que éstos deben de ser anteriores al año 68 d.C., época en la que sellaron las cuevas donde se halló el material. En cualquier caso, el total del Nuevo Testamento que se conserva en soportes de papiro viene a ser un 67,48 % del volumen total.

(6) De algunas de las más notables e influyentes manipulaciones de versículos bíblicos este autor ya se ocupó en libros anteriores. Cfr. Rodríguez, P. (1997). Mentiras fundamentales de la Iglesia católica. Bar-celona: Ediciones B; y Rodríguez, P. (1997). Mitos y ritos de la Navidad. Barcelona: Ediciones B.

(7) Su primera publicación en 1972 fue autorizada por el obispo de Concepción (Chile), Manuel Sánchez, pero en 1976 sufrió una crítica feroz por parte de los prelados más fascistas de la curia argentina que estuvieron al servicio, y fueron cómplices, de la genocida dictadura militar de esos días. La campaña difamatoria contra la Biblia Latinoamericana se fraguó desde la revista Gente —que publicó la primera andanada el 26-08-1976— y desde el diario La Razón, controlado por la inteligencia militar. Los prelados que sostuvieron el acoso fueron Ildefonso Mª Sansierra (arzobispo de San Juan y promotor de la intervención de las Fuerzas Armadas en contra de esta versión bíblica), Adolfo Servando Tortolo (arzobispo de Paraná y vicario castrense), Antonio Plaza (arzobispo de La Plata) y Octavio Nicolás Derisi (obispo auxiliar de La Plata y rector de la Universidad Católica Argentina). A pesar de que esos prelados fascistas prohibieron la lectura de la Biblia Latinoamericana por ser «apócrifa, sacrílega, izquierdizante, subversiva, satánica y mortal», las críticas se limitaron a aspectos paratextuales, como la inclusión de fotografías actuales o su bajo precio y gran difusión. La Conferencia Episcopal Argentina, presionada por la dictadura de Videla, analizó la obra desde su Comisión Teológica y elaboró un informe (30-10-1976) en el que se concluyó que la traducción era sustancialmente fiel, aunque había unas pocas ilustraciones que consideraron inadecuadas (como las fotografías de un mitin en La Habana o de una calle de Nueva York, usadas para actualizar mensajes neotestamentarios); también rechazaron, a pesar de haber sido aprobado por la Santa Sede, la inclusión de partes del documento de la reunión del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) de Medellín, de 1968, crítico con la situación de pobreza y explotación de Latinoamérica. Ante ese ataque fascista injustificado, las conferencias episcopales de diversos países del continente americano salieron en defensa de la excelente traducción realizada por la Biblia Latinoamericana.

Ya no hay Dios

Sábado, Noviembre 24th, 2007

Ya no hay Dios
DE LAS ARTES PLÁSTICAS A LA FILOSOFÍA, EL AUGE DEL ATEÍSMO EN EL PAÍS,CÓMO SER APÓSTATA
por Diego Rojas

A pesar de la oposición eclesial, los laicos ganan terreno, obtienen premios y agotan ediciones. Las dificultades de crecer sin religión, la discriminación y el reclamo para que el Estado rompa su asociación con el catolicismo.
Opinan:
Leon Ferrari,
ArgAtea

Alejandro Rozitchner y Ximena Lanantuoni, autores del libro, Hijos sin dios

http://www.veintitres.com/index.php

Salir del closet: Los demócratas y los nuevos ateos

Viernes, Junio 15th, 2007

Crónicas norteamericanas

Por Mario Diament

Sábado 9 de junio de 2007

MIAMI.- El lunes pasado, los tres principales candidatos demócratas permitieron un atisbo de sus creencias religiosas, durante un foro organizado por un grupo evangélico y transmitido por CNN. Hillary Clinton, metodista, relató cómo la fe la ayudó a superar la humillación causada por la infidelidad de su marido, el ex presidente Bill Clinton. John Edwards, también metodista, confesó que oraba y pecaba todos los días y aunque expresó su “profundo y perdurable amor por Jesucristo”, sostuvo que Estados Unidos no debería ser descrita como “una nación cristiana”. Finalmente, Barack Obama, miembro de la Iglesia Unida de Cristo, elogió la presidencia de Abraham Lincoln por haber “reconciliado la guerra con la fe cristiana” y, aunque reconoció que el mal existe,
sostuvo que el peligro de utilizar la noción de bien versus mal en el contexto de una guerra “es que puede conducir a que uno no sea crítico de sus propias acciones”.
Fue la primera vez en la historia de las elecciones presidenciales norteamericanas en que aspirantes a la presidencia fueron cuestionados específicamente sobre su fe, y la disposición de los demócratas a participar en una debate de esta naturaleza revela hasta qué punto están preocupados y decididos a no permitir que los candidatos republicanos capitalicen la percepción de ser los únicos guardianes de la moral religiosa.  

Fatiga religiosa Si bien los dos primeros presidentes, George Washington y John Adams, especificaron en los tratados de paz que “el gobierno norteamericano no está de ninguna manera fundado sobre la religión cristiana”, en los últimos años, y especialmente a partir de la campaña que llevó a la presidencia al republicano Ronald Reagan, la derecha cristiana, agrupada en torno del movimiento Mayoría Moral, se convirtió en una fuerza política decisiva en los procesos electorales. Lo interesante es que al mismo tiempo que los demócratas buscan testimoniar su fe religiosa, una serie de manifestaciones abiertamente críticas de la religión ha estado ganando espacio en el mainstream norteamericano. Por lo menos cinco libros publicados en los últimos dos años -”El fin de la fe: Religión, Terror y el Futuro de la Razón” y “Carta a una nación cristiana”, ambos de Sam Harris; “Rompiendo el hechizo”, de Daniel Dennett; “El engaño de Dios”, de Richard Dawkins; y “Dios no es grande”, de Christopher Hitchens -han llegado al tope de la lista de best sellers , han sido comentados ampliamente por la prensa y sus autores han sido invitados a participar en los principales programas de televisión. Es cierto que el éxito de un libro (o de un conjunto de libros) no certifica necesariamente la presencia de una tendencia, pero en un país donde, según la revista Newsweek , el 91% de la población se declara creyente y donde el presidente no tiene empacho en afirmar que sus acciones están guiadas por Dios, esta repentina emergencia de un ateísmo combativo no puede dejar de registrarse. Otras encuestas y estudios, sin embargo, pintan un cuadro diferente de la religión del que surge de la encuesta de Newsweek . Como señala Ronald Aronson en su artículo “Los nuevos ateos”, publicado en The Nation , determinar con precisión el porcentaje de descreídos en los Estados Unidos no es tarea fácil, por la dificultad que tienen los encuestadores en elaborar preguntas que no le hagan el juego a los prejuicios prevalecientes respecto de la religión.  

Otras encuestas han establecido que uno de cada siete norteamericanos declara no profesar ninguna religión, y una reciente, realizada por The Financial Times y la empresa Harris, ubica la cifra de creyentes en la existencia de un Dios supremo en alrededor del 73%.  

“Confiamos en Dios” La emergencia de este fenómeno adquiere mayor relevancia si se piensa que la moneda norteamericana aún lleva la frase ” In God we trust ” (Confiamos en Dios) y que el ateísmo es considerado anatema por amplios sectores de la comunidad y frecuentemente asociado al marxismo. Tanto es así que en muchos de los foros de discusión del ateísmo que proliferan en Internet, los participantes hablan de la necesidad de “salir del closet”, tomando prestada la expresión usada por gays y lesbianas. ¿Se estarán equivocando una vez más los demócratas al enfatizar su fe precisamente cuando comienzan a aparecer signos de fatiga en el campo religioso?  

Probablemente no. Los no creyentes están lejos aún de tener los números como para definir una elección.  

Pero si algo han conseguido los nuevos ateos es instalar el debate en la sociedad norteamericana, en un momento en que los clamores de una “guerra santa” se agitan en todos los extremos del espectro religioso.  

Por Mario Diament

Publicado en: LA NACIÓN

SABATER: APOLOGÍA DE LA INCREDULIDAD

Lunes, Abril 16th, 2007
FERNANDO SAVATER
Apología de la incredulida

El filósofo Fernando Savater dedica su último libro, “La vida eterna”, a la crítica de las creencias religiosas desde un punto de vista político y antropológico.
Contra la fe dogmática propone una “incredulidad ilustrada”, capaz, sin embargo, de aproximarse a lo sagrado (pero “un sagrado material, no sobrenatural, no divino”).


Antes de llegar a la Argentina —la Feria del Libro porteña lo tendrá como protagonista— dialogó con Ñ sobre la fe, la razón y el incierto refugio del arte.

IVANA COSTA .
icosta@clarin.com

El problema no es tan simple. No es sólo cómo nos deshacemos de las religiones, de sus dogmas y prohibiciones, de sus deberes imposibles, del fanatismo de algunos clérigos y de muchos fieles. El problema es, más bien, qué ocurriría si no hubiera una fe como la fe religiosa, ni un sentimiento de gratitud —por la vida, por quienes amamos— o de recogimiento personal, que permitiera dar sentido y gravedad a nuestra existencia. Que nos haga responsables por ella, por el modo en que elegimos vivir. (Porque si no hay nada ni nadie a quien rendirle cuentas ¿por qué debería haber responsabilidad?) A la vez, si no queremos someter nuestra inteligencia al dictamen de lo irracional ni dejar abandonada nuestra vocación de trascendencia, ¿dónde hallaremos refugio? ¿En qué imaginaria República? ¿En la naturaleza? ¿En el arte?

Fernando Savater se ha puesto sobre los hombros esta tremenda cuestión (que —por otra parte— está de última moda).
Y en su último libro, La vida eterna, procura abarcar todos sus aspectos desde el punto de vista de un laico, demócrata, librepensador de la Unión Europea, que admite también, sin embargo, que “somos criaturas metafísicas”.

Su ensayo parte de una aspiración más o menos modesta: acallar a “esos embaucadores” que con mayor o menor pedagogía y con una firmeza avasallante pretenden explicar el curso del universo entero por medio de insólitos recursos a lo sobrenatural. Luego se interna en el origen de las creencias; allí, dice, hay siempre una flaqueza, un deseo —de inmortalidad, de perpetuarse, de ser reconocido por alguien, más allá— que debe ser conjurado. Hacia el final parece desandar el tramo inicial para recorrer nuevamente el camino de piedra hacia lo sagrado.

Las páginas de La vida eterna —escritas para ser comprendidas ampliamente— van del rechazo de las creencias más triviales hasta el análisis del vínculo entre Dios y la filosofía, entre religiosidad y humanidad. De la crítica a los usos políticos de la religión y la protesta contra el Papa, a la evocación de poetas y pensadores que, en tiempos inquisidores, pagaron con su vida el atrevimiento de la duda o dieron testimonio de su incredulidad sin jactancia. Con ellos se encontrará el lector al comienzo y al final del ensayo.

—En el origen de la fe, dice, hay siempre un deseo. Propone entonces, en vez de “tener la pretensión de comprender la realidad a partir de lo que deseamos, intentar comprender precisamente los mecanismos reales de nuestro furor deseante”. ¿Eso nos haría desear menos? «r—No, claro, no se trata de erradicar el deseo que tenemos más o menos oculto, que no nos confesamos del todo a nosotros mismos. Pero al ponerlo en claro contribuimos a racionalizarlo y a quitarle sus aspectos excesivos.

—El deseo religioso ¿debería tratarse terapéuticamente, como quienes proponen descubrir los mecanismos del deseo homosexual para “curarlo”?

—Los deseos están ahí, digamos, y uno no puede desear o no desear a voluntad. Lo que pasa es que al menos se debe comprender hasta qué punto ciertas creencias, ciertas ideologías, no son puras descripciones de lo real sino más bien proyecciones de nuestro deseo.

—Su planteo se dirige no tanto a la fe sino a la new age.

—Eso es probablemente porque las grandes creencias contienen otros elementos socializadores. Aparte de responder a un mecanismo de deseo, una fe puede ser un elemento socializador, unificador del conjunto de la comunidad; mientras que esos discursos más sectarios, más caprichosos están más directamente relacionados con nuestro deseo singular. Por eso distinguí en el libro entre fe y credulidad.

—Su libro comienza con una crítica de las creencias más vulgares y avanza hacia una visión cada vez más fina de lo sagrado No hay un rechazo de la fe.

—He intentado ir desde los aspectos más teóricos, abstractos y, en fin, quizás de las capas más pro fundas de la creencia religiosa hasta sus repercusiones más sociales, políticas e históricas, relacionadas con los acontecimientos que hoy padecemos. Por un lado, me parece importante intentar profundizar, no simplemente descartar la religión como un puro fenómeno sin importancia, sino tomarlo como algo muy enraizado en nuestra propia construcción simbólica: Nuestra vida no es sólo experiencia biológica sino también, sobre todo, aventura simbólica. Lo que pasa es que además de las religiones están las iglesias, los clérigos, los dogmas, las significaciones de enfrentamiento político y social, las inquisiciones… Eso no es simplemente religión pero sí una derivación de la religión.

—Desde ese nivel político señala que “se ha de respetar a los creyentes sean quienes sean mientras se sometan y no violen las leyes del país”. Pero esa afirmación no agota el análisis filosófico del hecho religioso.

—Crea uno lo que crea, lo importante es separar entre ese derecho del creyente a creer en sus creencias religiosas y el resto de la sociedad. Una cosa es que las creencias religiosas sean un derecho y otra, que se conviertan en un deber para todos. Lo malo del fanático es que constantemente está intentando convertir la religión que tiene derecho a tener en un deber para los demás: Eso puede llevar a situaciones de enfrentamiento violento: en una misma sociedad puede haber religiones diferentes, pero si cada una pretende convertirse en un deber para todos es inevitable el choque y la transgresión de leyes que se deben dictar de acuerdo con principios racionales, empíricos, y no de acuerdo con revelaciones religiosas que no están sujetas a control por parte de nadie.

—La “incredulidad realmente ilustrada”, que usted rescata como una forma válida de creencia, ¿no está naturalmente orientada a ejercer la crítica de cualquier sometimiento o de algunas “leyes vigentes”? Aun las de la democracia europea, que en su libro aparece como paradigma de convivencia racional.

—Bueno es que —¡hombre!— esa experiencia es la profundización en nuestra convicción simbólica. Se trata de la búsqueda de la dimensión sagrada, inmanejable, no meramente utilitaria, no meramente biológica, del ser humano. Se intenta profundizar en nuestra condición simbólica, en la “libertad” de los condicionantes biológicos. Esa capacidad simbólica es también capacidad crítica de leyes e instituciones: es una lucha contra la fatalidad. El concepto de lo natural está ligado a la idea de fatalidad y de leyes necesarias; en cambio la dimensión simbólica, sagrada, está ligada más bien a lo posible, a la búsqueda de la revocación de lo que parece fatal en pos de otras fórmulas más abiertas, más libres.

—El judaísmo o el cristianismo primitivo fueron también modos de oponerse a una vida institucionalizada —la esclavitud en Egipto, el imperio romano—, a un status quo con “leyes vigentes” que se deseaba revertir. Si identificamos la religión sólo con el fanatismo y no con modos de luchar contra poderes opresivos le quitamos un aspecto históricamente importante.

—Claro. Esa es la complejidad del fenómeno religioso: en él hay aspectos emancipatorios y otros dogmáticos, esclavizantes, y a veces es muy difícil discernir unos de otros. Evidentemente, hay una lucha emancipatoria; de hecho, teóricos de la utopía marxista como Ernest Bloch insistieron mucho en esa dimensión liberadora utopista que se encuentra en muchas religiones. Pero esas mismas religiones caen con facilidad en dogmas, inquisiciones e imposiciones. La historia del cristianismo lo muestra muy bien.

—En su análisis de lo sagrado analiza el fracaso del arte para brindar el amparo que antaño daban los mitos: “la masificación de las artes, su pérdida de aura reverencial —dice— compromete esta eficacia mítica” pues el arte va “más al entretenimiento que al discernimiento”. Pero el problema de lo sagrado ¿es con el entretenimiento o con el discernimiento? ¿Es posible conciliar lo sagrado y la racionalidad?

—Yo creo que sí es posible, dentro de un límite. La racionalidad llega hasta un límite más allá del cual hay todavía una prolongación del simbolismo en forma de anhelos, mitos: lo que llamamos sagrado. Si somos capaces de establecer los límites con cierta precisión y no transgredirlos, si no intentemos convertir en racional lo que no puede serlo (porque se refiere más bien a la imaginación y a la fantasía) y, por otra parte, si no dejamos de intentar sustituir la razón por imaginaciones o dogmas caprichosos, ambas pueden convivir. La razón es importante para el ser humano pero también lo son otros estímulos: impulsos simbólicos que no son meramente racionales. En tiempos de esteticismo, algunos pensaron que el arte iba a poder dar esa prolongación simbólica a la vida humana. Hoy eso es muy difícil: el arte es más ornamental, quizás lúdico, pero no tiene esa profundidad que el simbolismo puede alcanzar, de modo que no puede sustituir la experiencia de enfrentamiento con la muerte que lo sagrado desarrolla.

—La racionalidad no admite un criterio por fuera de la “manipulación” de sus propios “discernimientos”. Y los especialistas en discernir sobre el arte tampoco llegan a constituirse en un grupo de pertenencia espiritual.

—Si lo que se busca es un movimiento que abarque a una comunidad, a un grupo amplio de personas, esa búsqueda no estará en el planteamiento estético del arte moderno, que exige un comentario crítico para poder ser disfrutado como arte. El problema del arte moderno es que sólo sabemos que es arte después de haber leído comentarios que nos lo revelan como tal. No podemos disfrutarlo directamente. Los destinatarios de una catedral gótica vivían ese espacio a la vez como una experiencia religiosa, mística, artística sin necesidad de que alguien se las explicara.

—No precisaban el suplemento o la revista especializada.

— No necesitaban leer a ningún Cicerone que se los explicara. En cambio hoy nosotros sabemos que para disfrutar de Joseph Wilson, o esos artistas tan modernos, necesitamos que un experto nos venga a decir que realmente eso que estamos viendo es arte y no simplemente una broma.

—Por otra parte estamos buscando siempre el último hito, el gesto vanguardista más radical.

—Más que una revelación de fondo de nuestro destino como seres humanos, creo que tiene una dimensión de juego, de experimento más bien liviano. Hoy es difícil que alguien realmente crea que una obra de arte está revelando un destino; revela más bien una forma de expresión, un carácter del artista, nada más.

— Su ensayo también termina recurriendo al arte: un poema de William Butler Yeats, “La muerte”, y otro de Tadeusz Rózewicz, “Miedo”.

—Son unos poemas muy bonitos sobre miedos muy profundos, muy arraigados. El miedo no es algo malo a erradicar sino, en muchas ocasiones, un principio de cordura. Pero que se lo considere el punto de partida adecuado para la reflexión, eso ya es otra cosa.
Savater básico

SAN SEBASTIAN, 1947. FILOSOFO

Apasionado por el turf y por la historia de las ideas, reconocidísimo divulgador de la filosofía en habla hispana, se considera más “profesor que filósofo”.
Escribió casi medio centenar de ensayos, también novela, teatro y literatura infantil. Sus ideas, reunidas en un «zDiccionario filosófico personal«6, se enmarcan en una rebelión reflexiva, no exenta de humor e ironía.
Especialista en ética, disciplina que define como “la convicción de que no todo vale por igual, de que hay razones para preferir un tipo de actuación a otro”, ha dedicado a ella, entre otros textos, «zLa tarea del héroe«6 (1982), «zInvitación a la Etica«6 (1982), «zEtica como amor propio«6 (1988) y el célebre «zEtica para Amador«6 (1991), traducido a 18 idiomas. Incursionó en la televisión, con una exitosa serie de programas sobre “Los diez mandamientos” (que luego convirtió en el libro «zLos diez mandamientos en el siglo XXI«6, 2005). Su rotunda oposición al terrorismo en todas sus formas lo convirtió en objetivo militar de la organización armada ETA, del país vasco.

Así escribe: ¿Y si al final está Dios?

Ciencia y religión resuelven cada cual a su modo las cosas, la filosofía a lo más que llega es a curarnos en parte del afán de resolver a toda costa lo que quizá es (y no tiene por qué dejar de ser) irresoluble. De ahí que el propio Bertrand Russell escribió en alguna parte que todos los filósofos se instalan como pueden en la incómoda zona mental que separa el firme suelo de la ciencia del etéreo y enigmático cielo de la religión…

(…) Más que en cualquier otro de mis libros, en éste necesitaré la colaboración de lectores dispuestos a suplir con su curiosidad y agudeza razonante las deficiencias de quien va a plantearles todos estos temas. Se trata de apostar por la duda y el tanteo, no por las creencias que dispensan de seguir pensando. Pero ¿y si, a fin de cuentas…? Se lo preguntaron a Bertrand Russell: ¿y si, después de morir, despertase ante la Presencia definitiva, absoluta y resolutoria que siempre negó? Entonces ¿qué? Russell contestó: “Entonces diría: Señor, no nos diste suficientes pruebas” (cuando se le planteó recientemente la misma pregunta al novelista Francisco Ayala, días antes de cumplir cien años, repuso: “Le estrecharía cortésmente la mano, porque soy una persona educada, pero francamente quedaría muy sorprendido”). Situados nosotros mismos en ese momento imaginario — es decir, ya eterno — habría poco más que añadir por nuestra parte: de modo que aprovechemos en cambio para argumentar cuanto podamos antes, mientras dura el tiempo.

De “La vida eterna” (Ariel, 2007).
http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2007/04/14/u-00611.htm

Documentales de Richard Dawkins para ver en esta semana

Sábado, Abril 7th, 2007

The God Delusion (V.O. sub Spanish) “La ilusión de Dios”

The Virus Of Faith (V.O. sub Spanish) “El virus de la Fe”

Carmen Argibay, jueza de la Corte Suprema de Justicia de la Nación

Domingo, Marzo 11th, 2007

Carmen Argibay: La igualdad de la mujer no es absolutamente real

”Llevamos miles de años teniendo una sociedad que normalmente ha considerado a las mujeres como de segunda categoría”. Para Carmen Argibay, jueza de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, la sociedad todavía tiene asignaturas pendientes con la mujer. “No existe el concepto de la mujer como ciudadana con los mismos derechos que el hombre”, reflexiona al conmemorarse el 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer.


Argibay el día de su jura, rodeada del resto de los miembros de la Corte.

Con más de 40 años en la Justicia, se aprobó su nombramiento el 7 de julio de 2004, tras un largo debate en el Senado que abordó cuestiones éticas y científicas sobre el aborto y la religión, debido a su “ateísmo militante” y su opinión en favor de despenalizar el aborto. “No hay nadie que sea partidario del aborto en el sentido de que no se está mandando a las mujeres a abortar o diciendo que es la mejor solución del mundo. Nadie debería pensar que una mujer se va a hacer un aborto como quien va a una fiesta. Todos sabemos que es un momento traumático y, en lo posible, una mujer va a tratar de no abortar”, afirma.

Para esta jurista -la primera jueza argentina en integrar el Tribunal Penal Internacional de La Haya-, “la mujer debe tener derecho a decidir cuándo quiere tener un hijo y cuándo no, o cuándo está en condiciones de tenerlo “.

Especializada en derecho penal, estuvo detenida en la última dictadura militar a disposición del PEN, de donde salió libre tras sufrir un preinfarto. Ocupó distintos cargos en la Justicia argentina hasta integrar, en 2001, la Corte Internacional de La Haya. Dejó este tribunal para convertirse en la segunda mujer miembro de la Corte Suprema en democracia, 10 días después del ingreso de Elena Highton de Nolasco.

“Desde la Justicia se pueden hacer cosas para tratar de igualar la diferencia que hay en el tratamiento de hombres y mujeres. El hecho de que haya una mujer en este cargo que puede hablar en favor de ellas, es un avance importante. Además sirve como un llamado para las otras mujeres de que acá hemos podido llegar, no sólo por mi esfuerzo sino por el esfuerzo de todas las que fuimos abriendo camino”, observa Argibay.

En 1993, organizó la Asociación Argentina de Mujeres Juezas como una rama de la Asociación Internacional, de la cual fue presidenta desde 1999 hasta 2000. A partir de su compromiso con la lucha por los derechos femeninos, también integró el Tribunal de Tokio, una corte de carácter simbólico para juzgar la esclavitud sexual impuesta por militares japoneses durante la Segunda Guerra.


Carmen Argibay el día de su nombramiento.

No tan iguales

“Todavía la igualdad de oportunidades no es absolutamente real aunque esté en los papeles. Todavía hay bolsones de discriminación, lugares en donde los sueldos no son los mismos para las mujeres que para los hombres. Se empieza a reconocer el derecho a la salud, a la educación, al trabajo, pero la igualdad de salarios no siempre es tal o la categoría del trabajo a menudo es inferior para las mujeres. Hay que empezar a trabajar para que la gente pueda acceder a cargos de mayor categoría no en virtud del género, sino en virtud de su capacidad”, asegura esta abogada que se abrió camino en un ámbito fuertemente masculino como el de la Justicia.

Siendo una mujer del Derecho, sostiene que “hay que buscar que la igualdad de oportunidades sea algo efectivo, que la podamos palpar y no que esté solamente escrita en las leyes”. Sin embargo, reconoce que hubo avances a partir de la irrupción de la mujer en la política y destaca el hecho de que hoy el país tenga una ministra de Defensa y una ministra de Economía.

Pero advierte que “la República Argentina no se termina en la General Paz” y que la situación de las mujeres varía mucho según la provincia de que se trate. “Depende de la influencia de las tradiciones; en algunas zonas se mantienen prácticas casi de la colonia y ahí se nota más la postergación de la mujer; en cambio, en otras provincias estamos más adelantados”, señala.

Un debate postergado

Su postura con respecto a la despenalización de aborto se conoció a partir de su designación como ministra de la Corte y fue muy cuestionada por grupos católicos. “Es un tema muy polémico y está ligado a las creencias religiosas pero es una discusión que la sociedad argentina se tiene que dar de una vez por todas, pero de forma desapasionada. Cada vez que una mujer dice que quiere tener derecho a decidir, le responden que es “una asesina” y evidentemente no lo es. Pero en esos términos nunca se puede dar un debate porque empieza a haber preconceptos, insultos y agresiones. Nos esta faltando una discusión serena y racional con argumentos que se puedan constatar”, reclama Argibay.

En el país mueren 100 mujeres al año por complicaciones de abortos realizados en forma insegura y clandestina, por no estar legalizado. El debate sobre su despenalización –que implica que la ley no castigue penalmente a la mujer o el profesional que lo practique- sigue pendiente.

¿Cuáles son las cuentas pendientes que tienen la sociedad respecto de las mujeres?

¿Qué derechos de las mujeres creés que todavía hace falta promover?

¿Qué situaciones de desigualdad siguen hoy sufirnedo las mujeres ?

Yahoo Groups borra una lista de ateos con + de 1000 subscriptores sin dar razones ni tiempo a responder

Jueves, Marzo 8th, 2007

http://meneame.net/search/cyberateos

Yahoo Groups borra una lista de ateos con + de 1000 subscriptores sin dar razones ni tiempo a responder

foro.cyberateos.org/
hace 2 horas 51 minutos

Al parecer alguien ha denunciado a esta lista aun no se sabe porque. Yahoo avisó en un mail de que había una infracción de su política y q si se reincidía la borraría. 20′ después la ha borrado sin dar explicación. Esta lista llevaba más de 4 años funcionando y era totalmente respetuosa con todas las ideologías. No hay un comunicado oficial por eso enlazo esa url. La lista estaba en es.groups.yahoo.com/cyberateos

etiquetas: censura, ateos, ateísmo

Union de Cyberatos

http://www.cyberateos.org/showpage.do

El foro principal de Cyberateos alojado en YahooGroups! ha sido cerrado por la administración de esa compañía, sin previo aviso y sin una explicación de los motivos (¿censura?). CyberAteos es la comunidad atea más grande la internet de habla española (más de 1000 miembros), y lleva funcionando desde 1999. Estamos investigando los motivos por los cuales esto ha sucedido, y también estamos buscando alternativas para alojar el foro con algún otro proveedor.

Mientras tanto les rogamos encarecidamente enviarle un mensaje electrónico a listas@carlosgrima.com para que podamos recuperar las direcciones de correo de los inscritos, y entrar al Chat de Cyberateos para seguir al tanto

RICHARD DAWKINS, ENTREVISTA APARECIDA EN “ALTER-NET” EL 18 DE ENERO DE 2007

Lunes, Febrero 5th, 2007

ENTREVISTA EFECTUADA POR TERRENCE MC NALLY A RICHARD DAWKINS ACERCA DE SU RECIENTE LIBRO “ THE GOD DELUSION” APARECIDA EN “ALTER-NET” EL 18 DE ENERO DE 2007.

(Traducción al castellano por Susana Tampieri)

ADVERTENCIA

En los últimos años, los norteamericanos han visto el lado oscuro de la religión. Los sucesos del 11 de Setiembre trajeron a casa, los extremos a los cuales algunos musulmanes radicalizados llegan, para derrotar a los infieles y lograr vírgenes. En nuestro país hemos observado agresiones a la separación de Iglesia y Estado y ataques a la enseñanza de la evolución y a la distribución de condones, que salvan vidas. Ahora, parece que los sin dios están retrucando.

Durante las últimas vacaciones, aparecieron importantes artículos sobre ateísmo en The New York Times y en el británico Financial Times y Telegraph, así como en un segmento del programa NPR All things considered. Richard Dawkins debatió sobre la eisyencia de Dios en el chat show londinense, The Sunday Edition. El libro The God Delusión de Richard Dawkins permaneció en el tope de las listas de los 10 best sellers, tanto del New York Times como de Los Angeles Times, numero uno de Amazon en Gran Bretaña y Canadá, y número dos, en Amazon.com. Letter to a Christian Nation de Sam Harris fue , hace poco, un best seller igualmente exitoso.

Un grupo que se autodenomina “El escuadrón de la respuesta Racional”, ha lanzado El Desafío de la Blasfemia, una campaña para captar jóvenes a que renuncien públicamente a su creencia en el Dios cristiano. Los participantes que graban en video-tape su blasfemia y la vuelcan en “You Tube”, reciben gratuitamente un DVD de The God who wasn’t There, un best seller, primero, del documental independiente, de Amazon.com.

Richard Dawkins enseña en la cátedra Charles Simonyi, para la Pública Comprensión de la Ciencia, en la Universidad de Oxford. Su libro,The Selfish Gene,(El gen Egoista) popularizó la visión evolucionista centrada en los genes e introdujo el término “meme.” En Enero de 2006, Dawkins fue anfitrión en el canal 4 de Gran Bretaña un documental, en dos partes acerca de los peligros de la religión, titulado ( contra su voluntad, debo agregar).The Root of All Evil ( La Raiz de Todo Mal). Su nuevo libro, The God Delusion, es un best seller internacional.

Terrence McNally: ¿Cuándo y cómo se convirtió Ud en ateo?

Richard Dawkins: Supongo que fue al descubrir el Darwinismo. Fui confirmado en la Iglesia de Inglaterra a los 13 años. Luego me torné bastante escéptico acerca de ella, pero mantuve algún respeto por el argumento del Diseño –el argumento que dice que los seres vivos parecen haber sido diseñados, así que probablemente, lo han sido. Luego aprendí la verdadera explicación científica de por qué parecen haber sido diseñados, y eso me bastó. Perdí, rápidamente, mis creencias religiosas.

TM: Cuál piensa Ud. es la explicación para el presente interés que provoca el ateísmo?

RD: Me encantaría pensar de que algo, realmente, se está moviendo-un movimiento en las placas tectónicas- y que por fin en Estados Unidos, el ateísmo se ha tornado respetable.; que uno puede declararse abiertamente y proclamarlo. Tuve algunos indicios de esto en mi reciente gira por los Estados Unidos. A sala llena adonde quiera que fuese. Por supuesto, yo predicaba al coro, pero me impresionó lo numeroso y lo entusiasta que fue. Una y otra vez, la gente se me acercaba luego para expresarme el agradecimiento de que Sam Harris, yo y algunos otros finalmente estaban exponiendo y diciendo las cosas que ellos deseaban decir, pero que no se sentían capaces de hacerlo.

TM: En el pasado reciente, Ud. comparó la experiencia de los ateos con la de los gays. ¿ Considera que es una comparación acertada?

RD: Considero que tal paralelismo es válido. Hasta hace poco nadie se atrevía a admitir que era gay. Ahora, se sienten orgullosos de hacerlo. En nuestros días, es imposible ser electo para un cargo público, si Ud. es ateo. Pienso que esto debe cambiar. El Movimiento de Derechos de los Gays logró reconocimiento. Inició la idea del Orgullo Gay. Creo que debemos tener un Orgullo Ateo, una Conciencia Atea. Pienso que resulta evidente que cierto número de miembros del Congreso deben mentir porque ninguno de ellos admite ser ateo. La probabilidad de que en un muestreo de 500 miembros instruidos de la Sociedad Norteamericana, ni uno de ellos sea ateo, es estadísticamente muy improbable. Así que ,algunos de ellos, por lo menos, deben estar mintiendo y es una tragedia que deban hacerlo.

TM: ¿ Puede Ud. referirse a algunas reacciones que veo en los medios, ya sea sobre el ateísmo en general, o sobre Ud. y su libro? Primera: la gente pregunta por qué los ateos están tan enojados?

RD: Es un concepto curiosamente errado. Se nos acusa de ser iracundos o intolerantes, pero si Ud. Observa las críticas de un partido político a otro…cuando los Demócratas critican a los Republicanos, o los Republicanos critican a los Demócratas, nadie dice:” Ud es intolerante o iracundo con respecto a los Republicanos” Se trata solamente, de una discusión fuerte y normal.

La gente se ha acostumbrado a la idea de que la religión dwebe ser inmune a la crítica que aún una leve o amable crítica de la religión resulta iracunda e intolerante. Esa es otra conscientización que está surgiendo y debemos adoptar.

TM: Usted y otros son acusados de ser arrogantes, condescendientes. ¿Qué puede decir sobre eso?

RD: Exactamente lo mismo. Nadie dice que un Demócrata que descarta las ideas Republicanas es arrogante. Se supone que eso es lo que hacen los políticos. Atacan las ideas de unos y otros en un aceptado, toma y daca.

Eso es, exactamente, lo que personas como Sam Harris y yo estamos haciendo, con respecto a la religión. Una vez más, la acusación de arrogancia procede de la religión, que ha adquirido esta extraña protección, según la cual no se está permitida la crítica.

TM: Ud. le concede mucho crédito a los norteamericanos. En los dos últimos años, quizás desde el 11 de setiembre, cuando la gente critica al Gobierno de Bush, son acusados de odiar a Bush. Pienso que están tratando de rodear a este Presidente y a su gobierno, del mismo tipo de halo protector, que tiene la religión.

RD: Ahora que lo menciona, he advertido lo mismo. Hay una tendencia a decir, que si se critica al Presidente Bush, se critica a los Estados Unidos, lo que es ridículo porque él fue electo por….

TM: –una minoría.

RD: –si es que en realidad fue elegido. Comparto su postura totalmente. Gracias.

TM: La gente, por ultimo, dice:¿Qué te importa? Por qué no ser un ateo si eso te satisface, y dejar que el resto de nosotros seamos tan religiosos, como nos plazca? Esto, creo, es pergeñado como un desafío a su imparcialidad y respeto por los otros. A Ud. Se lo considera: “un ateo fundamentalista”.

RD: “Fundamentalista” generalmente significa:”tomar el libro al pie de la letra”. Y así, un religioso fundamentalista vuelve a los fundamentos de la Biblia o el Corán y dice:” nada puede cambiar”. Por supuesto, éste no es el caso de ningún científico, y ciertamente no es el mío. De modo que no soy fundamentalista en ese sentido.

¿Por qué no vivir y dejar vivir? Por qué no decir, simplemente: “ “Bueno. Si la gente quiere creer eso, está bien.”Por supuesto nadie puede impedir que la gente crea lo que le da la gana. El problema es que no existe la misma tolerancia del otro lado.

Temas como: la oposición a las investigaciones de las células madres, al aborto, a los contraconceptivos—éstas son prohibiciones inspiradas por la religión, de lo que, de otra forma, sería libertad de acción, tanto de los científicos, como de las personas en general.

Hay personas religiosas que no aceptan decir:”Oh, bueno, mi religión no me permite usar anticonceptivos, pero estoy satisfecho de que cualquier otro lo haga.”En lugar de eso, tenemos prohibiciones inspiradas en la religión respecto a programas de ayuda en el extranjero, incluidas zonas donde el SIDA prolifera. Prohíben asistencia en toda forma que pueda ser usada como anticonceptiva.

Esa es la religión excediendo sus límites e interfiriendo en la libertad de otras personas. Así que la religión no respeta la filosofía de:”Vive y deja vivir”.

TM: En otras palabras, si fuera sólo una filosofía de creencias, que no tuviese impacto en el mundo, bien.

RD: Exactamente. No creo que Ud. encuentre muchas personas que critiquen una religión mansa, como el Jainism.( Rama del Budismo).

Otro tema es que, como científico y educador, es imposible ignorar el hecho de que, especialmente en EE.UU. hay una campaña vigorosa y virulenta para suprimir la enseñanza de la biología científica.

Estado tras estado se libran batallas en los tribunales. Los científicos deben abandonar sus laboratorios y perder su tiempo en responder a estos ignorantes que están procurando detener la enseñanza de la evolución o concederle el mismo tiempo al creacionismo o diseño inteligente, o como quiera que lo llamen.

Están, en efecto, tratando de interferir en la libertad de los niños de aprender ciencia y en la libertad de los maestros de ciencia de enseñarla adecuadamente.

TM: ¿Por qué escribió The God Delusion?

RD: La verdad me importa apasionadamente. Creo que la verdad sobre la existencia de Dios en el Universo es, posiblemente, la mayor verdad que existe. Sucede que pienso que es falsa, pero considero muy importante la pregunta.

También, porque sentí que el mundo, actualmente, se está inclinando, una parte al menos, hacia la teocracia de manera muy peligrosa. La educación en mi área de Biología Evolucionista está amenazada. Hay todo tipo de razones por las cuales uno debe preocuparse, acerca del crecimiento de la influencia religiosa, especialmente en los EE.UU y en el mundo Islámico.

TM: ¿Puede explicar la distinción que Ud. plantea entre el Dios de Einstein, según sus palabras, y el Dios sobrenatural? Ud. Aclara esto, al principio de su libro, para establecer qué definición de Dios considera un engaño.

RD: Algunas veces, cuando la gente oye que uno es ateo, dice cosas como éstas: “Oh , bueno, pero seguramente cree en algo” o.”’¿Ud. cree que el Universo es un lugar maravilloso?”. Y yo digo:”Claro, por supuesto que el Universo es un lugar maravilloso. Entonces dicen: , “Entonces. Ud. cree en Dios.” Y están usando “Dios”, en el sentido Einsteniano, de una especie de metáfora de aquello que es misterioso y bello en el universo. Y mientras más se adentran los físicos en los orígenes del Universo, más maravilloso parece tornarse. Sin duda, hay una causa allí, para algo que se aproxima a la devoción o reverencia, que emociona a científicos, tales como Einstein, y Carl Sagan, y a mi humilde manera, a mi mismo. A Einstein le gustaba mucho usar la palabra “Dios” para referirse a ese sentimiento de reverencia impersonal.

TM: Más allá de ese sentimiento, no lo usaba para referirse a esa existencia imponente que confrontamos?

RD: Sí. Lo hacía. Cuando Einstein quería decir algo como “Podría el Universo haberse generado de otra manera?””¿Hay sólo una clase de Universo?” El modo como lo expresaba era: “¿Tenía Dios una opción en crear el universo?” Ahora, para un feligrés común, sentado en el banco de una iglesia, eso sonaba como si Einstein creyera que un Dios personal había diseñado el universo. En realidad, todo lo que Einstein estaba haciendo, era preguntarse si podría haber más de una clase de universo, lo que constituye una cuestión científicamente respetable.

Creo que es muy desafortunado que Einstein haya elegido usar la palabra “Dios” para eso. El mismo Einstein se indignaba cuando lo interpretaban literalmente y la gente pensaba que él se refería a un Dios personal, tal como el de los cristianos o los Judíos. Pero creo que él mismo se ponía en problemas al usar la palabra “Dios”. Lo hizo un vez más, al referirse al principio de indeterminación de Heisenberg, que él odiaba. Expresó su odio diciendo:”Dios no juega a los dados.”

TM: De modo que Ud. distingue entre ese uso de la palabra “Dios” y el Dios que Ud. cree es un engaño?

RD: Un Dios personal. Un Dios que es una inteligencia consciente y deliberada, la clase de Dios que escucha sus plegarias, perdona sus pecados. Un Dios que se sienta como un maestro ingeniero o físico y diseña el universo, determina lo que debe suceder, se preocupa por los pecados, todo ese tipo de cosas.

TM: Puede Ud. responder brevemente, como lo hace en el libro, algunos de los argumentos acerca de este Dios sobrenatural, ordenador, personal. El argumento de la belleza…?

RD: La gente dice cosas como:” Si Ud. no cree en Dios, como explica a un Beethoven?” ¿Cómo explica la belleza de una puesta de sol? ¿Cómo explica a Miguel Ángel?” Es tan torpe como decir. Beethoven compuso hermosa música. Miguel Ángel pintó maravillosos cuados y esculturas. Si Dios existe o no, no agrega nada al argumento, aunque una increíble cantidad de personas piensan que lo hace.

TM: El argumento de las Escrituras…?

RD: Hay una gran cantidad de escrituras en todo el mundo y se contradicen entre sí. No hay una razón para suponer que solo porque algo que está escrito, es verdadero..Hay que preguntar quien lo escribió y por qué.

Si Ud. le pregunta a alguien:”Por qué cree que su escritura es la palabra de dios?”, la respuesta es: “Oh, porque ahí lo dice.” Y uno pregunta:” Bueno, dónde lo dice?” Y ellos contestan: “En mi Escritura”. De modo que, la Sagrada Escritura, sea la que fuere: el Corán o la Biblia, o el Libro del Mormón, dice que es la palabra de Dios. Éste es un argumento circular que no puede tomarse en serio.

TM: El argumento de la experiencia personal …? En conversaciones nocturnas, durante mis días en la Escuela Secundaria, mis preguntas referidas a la existencia de Dios eran respondidas con un desafiante: “Tienes que experimentarlo.”

RD: Creo que ésta es una difícil, pero por otra parte, cualquiera que sepa algo de psicología, sabe que fábrica inmensamente poderosa de simulación, es el cerebro. Me impresiona el hecho de que cada noche de mi vida, mi cerebro conjura imagines y sonidos de cosas que nunca existieron, ni existirán. Son un total sin sentido. Es como si me volviera temporalmente loco cada noche de mi vida y a Ud. le pasa también. A todos nos pasa. Tenemos una simulación colorida y vívida de un mundo fantástico dentro de nuestras cabezas. Cuando eso pasa mientras dormimos, lo llamamos sueño.

Cuando nos sucede en la vigilia- de manera menos vívida- podemos considerarlo una visión de Dios o una visión de un ángel, o podemos decir: “Dios me habló.”Aún cuando de verdad vemos un ángel u oímos una voz dentro de nuestra cabeza, es una fácil proeza de simulación que logra nuestro cerebro. Creo que, cuando se trata de una especie de vago sentimiento de que Dios nos está murmurando, es bastante patético dejarse engañar por eso..

TM: Mi presidente sostiene que Dios le habla.

RD: Sí..Dios le dijo a su presidente que invadiera Irak. Lástima, que al mismo tiempo, no le advirtiera que no había armas de destrucción masiva.

TM: Yo también desearía que Dios hubiese sido más específico.¿Qué opina de recientes conversaciones científicas acerca de ciertos fenómenos, tales como los “nódulos de Dios,” en el cerebro?

RD: Hay una cierto volumen de evidencias de que partes específicas del cerebro tienen algo que ver con la así llamada experiencia religiosa.

He experimentado el trabajo del neurofisiólogo canadiense Michael Persinger. Él trata de imitar los efectos de la epilepsia en el lóbulo temporal pasando campos magnéticos a través del cerebro. En un ochenta por ciento de los experimentos, cuando él pasa los campos magnéticos, a través de ciertas partes del cerebro, puede inducir experiencias religiosas o místicas. Los detalles de la experiencia religiosa dependen de cómo fue educada cada persona. De tal modo, queso la persona era católica, se inclinaba a ver a la Virgen María u otra imagen similar. Yo resulté pertenecer al veinte por ciento para los que no resultó. Si hubiera resultado conmigo, probablemente hubiera experimentado una especie de experiencia mística de Unidad con el Universo..

TM:¿ Es universal la creencia en un Dios sobrenatural?

RD: Es universal en el sentido de que en todas las culturas humanas que han estudiado los antropólogos parece haber algo que corresponde a la creencia de alguna forma de divinidad..

A veces, son muchos dioses. A veces, es uno solo. A veces es un elenco de dioses animistas- el Dios de la Cascada, el Dios del Río, el Dios de la Montaña, el Dios del Sol. Los detalles varían pero parece ser algo humano universal, de la misma manera como el deseo heterosexual es humano universal, aunque no todos los individuos humanos lo sientan. Tal como el deseo sexual, sospecho que existe una especie de deseo de Dios.

TM: ¿Cómo explica su frecuencia?

RD: Cuando Ud. le pregunta a un Darwiniano como yo, cómo se explica algo, generalmente lo interpretamos como:”¿cuál es la utilidad de esto en la lucha por la supervivencia?”

Cuando nos preguntan sobre la supervivencia del valor “X”, resulta que no se debería preguntar sobre “X” en absoluto. Resulta que “X” es un sub-producto de otra cosa que resulta útil en la lucha por la supervivencia.

En este caso, lo que sugiero, como una de las tantas sugerencias que podrían hacerse, es que la fe religiosa, es un sub-producto de la tendencia infantil, de creer lo que nos dicen nuestros padres.

Es una buena idea que los niños crean lo que les dicen los padres. Un niño que descrea de lo que ellos le dicen , es muy probable que muera, al no respetar el consejo de los padres de no tocar el fuego, por ejemplo. De modo que los cerebros de los niños, según esta teoría, nacen con una regla empírica:” Cree lo que te dicen tus padres.”

Ahora, el problema con esto- donde interviene la idea como un sub-producto-es que es imposible diseñar un cerebro que crea los que le dicen los padres, sin creer cosas malas junto a cosas buenas. En teoría nos gustaría que el cerebro del niño filtrara un buen consejo como: “No te metas en el fuego”, del mal consejo como:”Adora a los dioses de la tribu.” Pero el cerebro infantil no puede discriminar entre esas dos clases de consejos. De modo que, inevitablemente, un cerebro infantil está pre-programado a creer y obedecer lo que sus padres le digan, es automáticamente vulnerable al mal consejo como “Adora al fetiche de la tribu.”

Creo que ésta es parte de la respuesta, pero se necesita otra: ¿Por qué algunos tipos de malos consejos, como el de adorar al fetiche de la tribu, sobreviven y otros no?

Creencias tales como las de “la vida después de la muerte” se esparcen porque son atractivas. A mucha gente le desagrada la idea de morir y prefieren la idea de que sobrevivirán a su muerte. Así es como el” meme”, si Ud lo prefiere, se disemina como un virus, porque la gente quiere creer en él.

TM: Aunque los niños tiendan a creer lo que les dicen sus padres, Ud. Afirma categóricamente que un niño no debe ser llamado: un niño católico, un niño musulmán o un niño judío.

RD: Sí. Soy muy, muy categórico en la idea de que los niños no deben ser etiquetados así. Regresamos al tema del crecimiento de la conciencia. Las feministas alertaron a nuestra conciencia, de diferentes formas, sobre el uso del idioma – cosas como decir “ de él o de ella”, en lugar de sólo “suyo”. De la misma manera necesitamos alertar la conciencia sobre tal etiquetamiento de los niños. No estoy diciendo que los padres no deben influenciar a sus hijos. Eso sería irremediablemente ilusorio. Los padres influencian a sus hijos de las más diversas maneras, pero considero que la religión es más o menos la única en adquirir la licencia de etiquetar a un niño. Ud. nunca hablará de “un niño Demócrata” o de “un niño Republicano.” Ud jamás supondrá que porque un profesor de literatura pos-moderna tenga un hijo, será-por lo tanto-un hijo pos moderno. Sería ridículo hacerlo, sin embargo, si un cristiano, un Judío o un Musulmán tiene un hijo, toda la Sociedad acepta la idea, de que Ud. pueda etiquetar a ese niño como: “ un niño judío”, “ un niño cristiano o “un niño musulmán”. Pienso que es una especie de abuso infantil. Pienso que concierne a los derechos civiles.

TM: Muchos sugieren que Ud. y otros ateos, quizás especialmente científicos, que son ateos, ignoran fenómenos que no pueden explicar. Por ejemplo: la experiencia subjetiva del significado, del consuelo o de la inspiración, que muchos sostienen recibir, de su creencia o relación con Dios…Si millones experimentan tales cosas,¿ no es una prueba de la fuente a la cuál ellos se lo atribuyen? Si no lo es:¿ puede aclararlo?

RD: Nadie discute que la gente obtenga bienestar y consuelo de la religión. Si un ser querido muere, por supuesto, es alentador sentir que está en alguna parte interesándose por uno y que algún día lo volveremos a ver. Pero, lo que es alentador no es necesariamente cierto, y es una especie de cobardía intelectual decir:”Debemos dejar que la gente se revuelque en sus ilusiones, porque eso los consuela”. Creo que eso es ser condescendiente.

TM: Ud. piensa que es como cuando las familias y aún los médicos, discuten si deben decirle a alguien, que su cáncer es terminal? Porque, al fin de cuentas, la vida es terminal…

RD: Ése es un buen ejemplo. Hay gente que prefiere que su médico le diga la verdad y lo respeto, pero eso no lo convierte en verdadero. Que Ud. quiera que su médico le diga que no tiene un cáncer terminal y que su doctor le haga caso mintiéndole, está bien; pero el hecho es que él le ha mentido. Del mismo modo Ud. Puede sentirse consolado por el pensamiento de que está protegido por un Dios, pero si no hay un Dios que lo proteja, y me temo que no lo hay, eso es todo.

No deseo imponer mis creencias a ninguno, pero me importa lo que es verdadero. Si Ud. quiere saber lo que pienso que es verdad, lea mi libro. Si Ud. prefiere no saber lo que pienso que es verdad, no lea mi libro.

TM: Muchos lo critican respecto a que la ciencia no puede responder algunos de los grandes temas o que la ciencia no desea o no puede ofrecer esas cosas significativas de las cuales hablábamos recién. Es honesto responder a su libro o a sus argumentos al señalar las insuficiencias de la ciencia?

RD: Hay cosas que la ciencia no sólo no puede contestar sino que no desea hacerlo. Cosas como: “¿ Qué está bien o qué está mal? O ¿“Cómo seré consolado?”. La ciencia no tiene nada que decir sobre el“bien” o el“mal”. La Filosofía moral lo hace.

Hay otra categoría de cuestiones que la ciencia tal vez no pueda contestar- las profundas cuestiones acerca de la existencia, como: “¿Por qué hay algo en lugar de nada?” o “¿ De dónde provienen las leyes de la Física, en primer lugar?” Es una cuestión abierta si la ciencia podrá alguna vez contestar preguntas como ésas.

Los Físicos, especialmente, están trabajando en temas tales como:

”¿ De dónde provienen las leyes de la Física?”Pero es una falacia decir que, porque la ciencia no puede responder a esas preguntas, significa, que la religión si puede hacerlo. Mucho más realista es afirmar:” Bueno, si la ciencia no puede responder a esos profundos temas, nada puede.”

TM: En EE.UU, oímos decir que somos más provincianos y religiosos que otros pueblos; que gran parte de Europa, aún países Católicos apostólicos romanos, como España o Italia, por ejemplo, son mucho más seculares…

RD: Sospecho que el dominio que se alega tiene la religión en EE.UU. ha sido muy exagerado. Si la gente que no es religiosa reconociera que no se trata de una minoría acosada, sino que actualmente son muchos más y potencialmente muy poderosos ….Si ellos salieran del anonimato y manifestaran reconociéndose mutuamente y se organizaran, sospecho que demostrarían que es una mentira que EE.UU. sea un país eminentemente religioso.

Creo que ha habido una especie de control de la vida política norteamericana por parte de intereses religiosos, creo que es muy triste que muchos lo hayan aceptado. Ud. verá aún a Demócratas inteligentes, congraciándose de modo servil por el voto religioso, sólo porque piensan que es tan poderoso. Ningún miembro del Congreso admitirá ser ateo, aunque obviamente algunos lo sean.

TM: En las urnas, la gente tiende a no votar a un ateo para cargos importantes. Aseguran preferir, por ejemplo, a un homosexual o a un musulmán….

RD: No me sorprende que los políticos estén asustados.

TM: No creo que podamos esperar que los políticos den el primer paso.

RD: La gente debe salir del anonimato y escribir a su congresista y decirle:” Mira, deja de adular al voto religioso. Para cambiar, adúlanos a nosotros. Mejor aún, no adules a nadie y habla de tus convicciones.”

TM: Una vez le pregunté a un miembro de Achuar- una tribu de la selva amazónica quien había tenido su primer contacto con el mundo moderno en la década del 70-“¿Cómo considera a los misioneros?”. Supuse que me diría: “Oh, mala gente”.Pero él contestó:”Fueron los que lograron que dejáramos de matarnos entre nosotros todo el tiempo.”.

Aunque gran parte de nuestros Padres Fundadores eran más bien Deístas que Cristianos convencionales, creían que una vez liberados de la monarquía y el papado, la gente necesitaría la religión para comportarse como una sociedad moral.¿ Está de acuerdo en que la religión es una fuerza civilizadora o moralizadora?

RD: Hay algo terriblemente protector y condescendiente en decir:” Bueno, por supuesto, nosotros no necesitamos a la religión, pero la gente común, sí.” Confío en que no sea algo tan torpe como eso.

En cuanto a que los misioneros fuesen una influencia civilizadora sobre tribus cuyo hábito era matarse entre ellos –presumo que si su primer contacto con Occidente, hubiese sido con policías, hubieran dicho_” Hasta que llegaron los policías, nos matábamos entre nosotros.”

A través de siglos de cambios, hemos reducido nuestra tendencia natural de matarnos entre nosotros. Pero durante mucho tiempo ha habido tribus donde matar es la norma y la manera de lograr éxito mundano. En nuestra sociedad hablamos acerca de “hacer su agosto”(making a killing) en Wall Street. El equivalente, en algunas tribus amazónicas, sería por ejemplo, literalmente liquidar a nuestros rivales sexuales.

El cambio se produce cuando tales tribus se ponen en contacto con la Civilización Occidental. El hecho de que, generalmente, sean los misioneros los que se aproximan, para atraerlos a la Civilización Occ