Brasil: la hora de los pentecostales
Jueves, Enero 24th, 2008Por Luis Esnal
Corresponsal en Brasil
El censo de 2000 indicó que en Brasil hay unos 130 millones de católicos. Pero si se busca entender las tendencias de la fe y sus relaciones con el poder polÃtico en Brasil, es hacia las religiones neopentecostales que se debe dirigir la mirada.
El presidente Luiz Inacio Lula da Silva fundó el Partido de los Trabajadores hace 26 años con la participación activa de la Iglesia Católica, muy identificada entonces con la TeologÃa de la Liberación. Al terminar su mandato de cuatro años, la Iglesia muestra un tono crÃtico en relación a Lula, mientras que las religiones neopentecostales se transforman en un firme respaldo en el Congreso y una fuente de votantes: en los últimos cuatro años creció el 59% el apoyo a Lula entre quienes se dicen seguidores de esas religiones.
Según el último censo, casi el 16% de los brasileños se declaran evangélicos. Y la percepción de que los cultos neopentecostales están en alta es evidente en el espacio electoral televisivo durante los 40 dÃas que anteceden a las elecciones: una multitud de candidatos a legisladores se presentan a la audiencia como “obispo”.
Además, no se puede pasar por alto el hecho de que el mayor partido de izquierda de América latina llegó al poder con un vicepresidente -José Alencar- que representa al Partido Liberal, el partido polÃtico de la Iglesia Universal del Reino de Dios, del obispo Edir Macedo. Alencar, que se pasó al Partido Republicano Brasileño (PRB, también vinculado a la Iglesia Universal), será otra vez en octubre próximo compañero de fórmula de Lula.
En Brasil no sólo existen partidos vinculados con las máximas autoridades de las religiones mencionadas. Los demás partidos tienen sus propios “bloques” y dirigentes identificados con religiones evangélicas, como una forma de no perder espacio en esos sectores. De hecho, en el Congreso estas corrientes -Iglesia Universal del Reino de Dios, Asamblea de Dios, Sana Nossa Terra Dios- se transformaron en un factor de poder que define votaciones. Son 61 diputados en total, o poco más del 10% de los 550 diputados. Si bien supuestamente la mayorÃa de los demás legisladores podrÃa ser identificada con el catolicismo, en realidad apenas 91 de esos parlamentarios se identifica con esa religión en forma militante. Y éstos no votan en bloque, como lo hacen los neopentecostales, que adquieren asà un mayor peso de negociación.
Ese peso es lo que fomenta el crecimiento de las nuevas iglesias. A cambio de apoyo polÃtico, las religiones evangélicas obtienen licencias para radios, concesiones de canales de TV en el interior, y personerÃas jurÃdicas que confieren legitimidad a cultos que son, en muchos casos, vÃas de enriquecimiento de sus “dueños”.
El caso emblemático es la Iglesia Universal. En Brasil ya controla más de 70 emisoras de TV en todos los Estados, más de 50 radios, un banco, varios diarios y tiene casi 3500 templos. Posee además aviones para transportar a sus obispos, siempre de traje y rodeados de guardaespaldas.
La Rede Record, que hoy disputa el segundo lugar en la audiencia -detrás de la TV Globo- es la empresa lÃder del grupo y factura poco más de 1000 millones de dólares al año.
En época de elecciones, como la actual, no hay polÃtico capaz de rechazar el apoyo de semejante conglomerado mediático, asà como no hay quien se atreva a enfrentarse a un adversario tan poderoso. Es más, nadie se atreve a enfrentar o cuestionar la estrecha relación entre religión, negocios y polÃtica que parece guiar a muchos de los cultos neopentecostales, cada vez con mayor poder polÃtico. Religión y Estado, en Brasil, nunca estuvieron tan cerca desde la declaración de la Independencia.





