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Incomodidad: “la ciencia se hace preguntas peligrosas que hacen tambalear lo establecido”

Viernes, Septiembre 19th, 2008
ENCUENTRO SOBRE POLITICA CIENTIFICA

Ciencia en debate

En relación con una polémica publicada por Página/12, profesores y alumnos discutieron sobre los científicos, el poder y la educación.

Por Julián Bruschtein

“Hay que formar profesionales con espíritu crítico”, fue la demanda que más se escuchó en el debate “¿Ciencia para qué?”, realizado en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, en el marco de un encuentro nacional de estudiantes de Física. Profesores y alumnos se reunieron para debatir sobre política científica, tomando como insumo un intenso debate publicado por PáginaI12 durante los primeros meses de este año, una discusión surgida a partir de una entrevista de este diario al ministro de Ciencia, Lino Barañao.

Para participar del encuentro, realizado en Ciudad Universitaria el fin de semana pasado, los estudiantes invitaron a varios de los académicos que intervinieron en aquella polémica. Entre otros, estuvieron la socióloga Norma Giarracca, el ex vicepresidente del INTI Jorge Se-ghezzo, los físicos Guillermo Dussel y Juan Pablo Paz, el filósofo Eduardo Glavich y el economista Miguel Teubal. Reunidos en el primer piso del Pabellón II, sentados en círculo, alumnos y docentes debatieron sobre cuál debería ser el rol de la ciencia y de los científicos en nuestra sociedad, además de puntualizar observaciones sobre las diferencias entre las ciencias duras y las blandas, un punto clave de aquella polémica desatada por los dichos de Barañao.

Glavich señaló que las distintas disciplinas científicas, duras y blandas, exactas y sociales, “se comportan como guetos cerrados, sin tener en cuenta que estamos en el mismo país, y tenemos los mismos problemas. Hay que terminar con los límites autoimpuestos”. Cuando le tocó el turno, Dussel recordó las tradiciones de la ciencia argentina expresadas por Oscar Varsavsky y Rolando García, y subrayó que el modelo de docente universitario debe estar “ligado necesariamente a la investigación”, porque así se promueve “un enfoque distinto que el de quien solamente enseña”. Uno de los estudiantes presentes le retrucó que había que “generar una alternativa a Varsavsky y García”, porque “como está la universidad hoy, sólo forma gente que sabe de Física”, de una sola disciplina.

Después, Giarracca celebró la realización del encuentro como un espacio fundamental para que surja un “cuestionamiento que no está presente. La ciencia sigue para adelante sin darse cuenta de que gran parte de la crisis tiene que ver con la hegemonía de la economía de mercado. El mercado colonizó todos los espacios de la vida y la ciencia no escapó a esto”, dijo, en coincidencia con Glavich, quien había destacado que “buena parte de los científicos del mundo trabajan del lado del poder”.

Una delegación de alumnos de Rosario mostró su preocupación porque “los científicos son parte de la sociedad y hace falta discutir el sentido de lo que hacemos, por qué la sociedad invierte en físicos y cómo retribuimos esa inversión”. Siguiendo el hilo, Seghezzo aseguró que “la ciencia se hace preguntas peligrosas que hacen tambalear lo establecido” y esto, para el esta-blishment, es un hecho “por lo menos incómodo”.

Federico, recién recibido, fue más allá y dijo que había que “aprovechar para repensar qué es un físico. Porque existe una tendencia a nivel mundial a generar una serie de técnicas que sirven para la ganancia. Hay una transferencia del sector público al privado y en esa política está el Ministerio de Ciencia”. Lo secundó un estudiante cordobés, que aseguró que “el conocimiento es una construcción social que están intentando llevar hacia el espectro privado”.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/universidad/10-111847.html

Ciencia y ficción en internet

Lunes, Septiembre 15th, 2008

¿Confía usted en todo lo que lee en internet? No debería hacerlo porque la desinformación en la red se ha propagado a niveles preocupantes.

Esa es la advertencia de Tim Berners-Lee, el “padre de internet”, creador de la WWW, (World Wide Web).En una entrevista con la BBC el experto afirma que es necesario buscar la forma de ayudar a la gente a separar los rumores de la verdadera ciencia en internet.

Porque estos rumores, afirma Berners-Lee, pueden llegar a ser perjudiciales.

Sus declaraciones fueron hechas en la semana en que el CERN, la Organización Europea para la Investigación Nuclear (donde el experto hizo su trabajo pionero sobre la red), “encendió” por primera vez su Gran Colisionador de Hadrones (LHC).

En días previos, internet fue usado para propagar rumores de que el LHC crearía un gran agujero negro que aspiraría a todo el planeta.

De igual forma, la red ha sido utilizada para sembrar temores de que la vacuna triple viral (SPR) contra sarampión, paperas y rubéola que se da a los niños en el Reino Unido, es perjudicial.

Etiquetas

Berners-Lee dijo a la BBC que es necesario establecer nuevos sistemas que permitan otorgar a los sitios web una marca o etiqueta de fiabilidad una vez que demuestren que su información es digna de confianza.

“En la red el pensamiento de las sectas puede extenderse rápidamente” dice el experto.

“Y de repente, una secta de 12 personas con profundos asuntos personales descubre una fórmula fácilmente creíble. Una especie de teoría conspiratoria que puede propagarse a miles de personas y que puede ser extremadamente perjudicial”, agrega.

(En la red) una secta de 12 personas con profundos asuntos personales descubre una fórmula fácilmente creíble. Una especie de teoría conspiratoria que puede propagarse a miles de personas y que puede ser extremadamente perjudicial
Tim Berners-Lee
Tim Berners Lee y sus colegas del consorcio World Wide Web, han estado investigando formas sencillas de poder clasificar a sitios web.Pero concluyeron que primero es necesario contar con toda una variedad de distintos mecanismos.

“No me gustaría otorgar a un sitio web una simple número como una especie calificación de coeficiente intelectual”, dice.

“Porque, igual que la gente, los sitios web pueden diferenciarse de muchas formas”.

“Lo que me interesa es que distintas organizaciones puedan otorgar distinto tipo de clasificaciones a los sitios web”.

La entrevista de Berners-Lee con la BBC se llevó a cabo con motivo del lanzamiento de su Fundación World Wide Web, que intenta mejorar la accesibilidad y la forma como funciona internet.

El objetivo, dice el experto, es hacer más fácil que la gente tenga acceso a la red, porque actualmente sólo 20% de la población mundial cuenta con internet.

“¿Acaso internet ha sido diseñado por Occidente para Occidente?” se pregunta Berners-Lee.

“¿Ha sido diseñado para el ejecutivo y el adolescente que viven en una ciudad moderna con un teléfono inteligente en sus bolsillos?”

“Si usted vive en una comunidad rural, ¿necesita un tipo diferente de internet con distinto tipo de instalaciones?”

Más democrática

La Fundación Web también explorará formas de facilitar el uso de internet en los teléfonos móviles.

Esto, dice Berners-Lee, podría aumentar su uso en África y en otras partes del mundo donde hay pocas computadoras pero muchos celulares.

La organización analizará también cómo se pueden llevar los beneficios de la red a aquéllos que no pueden leer o escribir.”Estamos hablando de la evolución de internet -dice Berners-Lee- quizás ahora se tratará de utilizar gestos o señales”.

“Cuando un medio es tan creativo como la red, sólo nuestra imaginación puede imponer límites”.

Hay quienes piensan que internet se ha vuelto poco democrático, y que su uso está muy influenciado por las grandes corporaciones y los intereses personales.

Según Tim Berners-Lee, la fundación también analizará estas preocupaciones.

“Creo que este asunto es muy importante y deberá ser aclarado en los próximos años”, afirma.

“Una de las cosas que siempre me han preocupado es cómo lograr que este medio permanezca siendo neutral”.

“No sólo se trata de que me digan a qué sitio web ir para comprar mis zapatos, que es el incentivo comercial, sino a dónde debo ir para decidir por quién votar”.

“O adónde debo ir para decidir a qué tipo de religión quiero o no pertenecer. Y sobre todo, a dónde debo ir para distinguir lo que es la verdad científica, y lo que son sólo sandeces”, afirma el creador de la red.

Nota de BBCMundo.com:
http://news.bbc.co.uk/go/pr/fr/-/hi/spanish/science/newsid_7616000/7616435.stm

El LHC: Inician la “creación” del Universo

Miércoles, Septiembre 10th, 2008

Los científicos del Consejo Europeo para la Investigación Nuclear (CERN, por sus siglas en francés) echaron a andar el experimento de física más poderoso del mundo bajo los Alpes.

Los ingenieros hicieron circular los primeros rayos de partículas subatómicas alrededor de un túnel subterráneo de 27 kilómetros que contiene el Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés).

CMS (Cern/M. Hoch)

El LHC lleva en construcción unos 13 años.

El aparato, de casi US$10.000 millones, está diseñado para hacer chocar partículas con una fuerza cataclísmica y revelar señales de una nueva física tras el impacto.

Esto recreará las condiciones del Universo poco después del Big Bang cuando fue creado.

“Podremos ver adentro de la masa más profundo que antes”, expresó la doctora Tara Shears, física de la Universidad de Liverpool antes de que se iniciara el experimento.

Estaremos viendo de qué estaba hecho el Universo una mil millonésima parte de un segundo después del Big Bang. Eso es sorprendente, es fantástico
Tara Shears, Universidad de Liverpool

“Estaremos viendo de qué estaba hecho el Universo una mil millonésima parte de un segundo después del Big Bang. Eso es sorprendente, es fantástico”.

Al comienzo los expertos lanzaron un rayo que fue impulsando los protones alrededor del acelerador.

A continuación se lanza otro rayo en la dirección contraria. Al cabo de unas semanas los científicos cruzarán ambos rayos en cuatro puntos ocasionando el choque de protones.

Esto provocará el esparcimiento de desperdicio subatómico que será analizado en gigantescos detectores que actúan como grandes cámaras digitales.

Teorías

Los investigadores esperan que las partículas que observen puedan confirmar una serie de teorías, principalmente la explicación de lo que es la masa.

También esperan encontrar evidencia de nuevas partículas súper pesadas que podrían explicar la materia oscura y la energía oscura.

Pero algunos críticos de CERN están preocupados de que el poder concentrado en el LHC podría generar pequeños agujeros negros que podrían destruir el Universo.

Super conductor magnético

Los súper conductores magnéticos son enfriados con helio líquido.

Los científicos rechazan esos temores arguyendo que han realizado extensas pruebas de seguridad. Dicen que si algunos agujeros negros fueran creados estos desaparecerían en un instante.

El profesor Tejinder Virdee, que trabaja en uno de los experimentos de detección en el CERN, dice que la evidencia científica y natural demuestra que no hay ningún peligro.

“La naturaleza produce de manera rutinaria colisiones y rayos en la atmósfera superior que tienen niveles muchísimo más altos de lo que estamos haciendo. Así que el experimento ya lo ha realizado la naturaleza sobre la tierra unas cien mil veces y todavía seguimos aquí”, dijo el profesor Virdee a la BBC.

Los científicos reconocen no poder predecir qué aplicaciones prácticas pueden resultar del LHC.

Sin embargo, ya se está desarrollando un tipo de internet más avanzado llamado Grid para manejar toda la información que sale de las máquinas detectoras.

Steven Pinker: La materia de las ideas

Domingo, Julio 13th, 2008

El influyente científico estadounidense Steven Pinker presenta, en El mundo de las palabras, una atractiva introducción a las más recientes discusiones sobre la relación entre lenguaje y pensamiento
Sábado 12 de julio de 2008
Por Ana María Vara
El mundo de las palabras Por Steven Pinker
Paidós/trad.: Roc Filella/632 páginas/$ 118

Un curso acelerado de actualización en lingüística: de eso se trata el nuevo libro de Steven Pinker, ex profesor del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y actualmente en Harvard, donde es titular de una cátedra en el Departamento de Psicología. En sus más de 600 páginas, El mundo de las palabras. Una introducción a la naturaleza humana ahonda en las discusiones más recientes sobre la relación entre pensamiento y lenguaje, con gran dominio técnico de las especialidades que recorre -gramática, semántica, pragmática, psicología experimental, algo de filosofía- y una pasión didáctica que bordea la manía.

Nombrado entre las cien personas más influyentes por la revista Time en 2004 y entre los cien intelectuales destacados por la revista Foreign Policy , Pinker es un investigador embanderado con las explicaciones biologicistas de la condición humana. Ante la dicotomía nature-nurture (naturaleza-crianza) se coloca en el primer extremo. En 2002, fundamentó su postura en La tabla rasa , y en 2005 desafió la corrección política al defender las polémicas declaraciones del rector de Harvard, Lawrence Summers, cuando sostuvo que las mujeres tienen pocas aptitudes para la matemática.

Nada de esa irritante beligerancia llega a El mundo de las palabras , tercera obra de una trilogía que comenzó con El instinto del lenguaje , y Palabras y reglas , en las que exploró cuestiones como la gramática universal de Noam Chomsky y el funcionamiento de la memoria verbal. Pinker es sobre todo un estudioso del lenguaje como facultad innata. En este terreno se vuelve infinitamente más sutil y persuasivo que cuando habla de las bases genéticas de la vocación o de qué debería hacerse con los delincuentes que reinciden.

Ahora bien, ¿hay algo más que interés estético o académico en el análisis de las palabras? ¿Son las florituras del lenguaje tan importantes en el mundo real? El libro comienza con un ejemplo contundente: el juicio por el seguro de las Torres Gemelas, tras los ataques del 11 de septiembre de 2001. Decidir si la caída de los dos edificios representó uno o dos “sucesos” podía poner el costo de la indemnización al arrendatario en 3500 millones de dólares o en 7000.

Se trata de “asuntos” no triviales. Como lo que llamamos “realidad” (”de qué forma los hablantes se comprometen a compartir una determinada interpretación de la verdad, y cómo sus pensamientos están anclados en cosas y situaciones del mundo”); la afectividad (”de qué modo las palabras no sólo apuntan a cosas, sino que están repletas de sentimientos, que pueden darles un sentido a la magia, el tabú y el pecado”); y las relaciones sociales (cómo utilizamos el lenguaje para negociar el tipo de relación que deseamos tener con los otros). Uno de los capítulos más acabados cuestiona la hipótesis Sapir-Whorf, o el determinismo lingüístico, según la cual el idioma que hablamos condiciona el pensamiento. El ejemplo clásico es la cantidad de palabras dedicadas a nombrar la nieve en lenguas como el yupik y el inuit: los habitantes del Ártico aparentemente “ven” entidades diferentes donde otras culturas no pueden hacer distinciones. Pinker considera este ejemplo una “observación banal”. Afirma que “la formulación o el encuadre no limita la mente de las personas” y sostiene que los habitantes del este de Estados Unidos acuñan de manera constante nuevas expresiones para describir tipos de hielo y nieve.

Más allá de sus conclusiones, el interés del análisis está en la sofisticada discusión de las diversas interpretaciones de la hipótesis y los experimentos realizados para ponerlas a prueba. Su posición -Pinker es un chomskiano que cree que, pese a las aparentes diferencias, todos hablamos una misma lengua universal- no le impide conceder importantes puntos a sus adversarios. Otra apuesta teórica es su propuesta sobre la concepción kantiana que subyace en el lenguaje. De allí viene el título original de la obra, tan shakespeariano: The Stuff of Thought , la materia del pensamiento. Los conceptos de sustancia, espacio, tiempo y causalidad tal como fueron caracterizados por Immanuel Kant “son el sustrato de nuestra experiencia consciente. Son el contenido semántico de los principales elementos de la sintaxis”, argumenta Pinker. Nos permiten pensar, pero también nos enfrentan a los límites del pensamiento: “Son artilugios del cerebro, más que lecturas de la realidad, de ahí que, cuando los empujamos hacia las fronteras de la ciencia, la filosofía y el derecho nos planteen una serie de paradojas”.

El capítulo más curioso es el dedicado a las malas palabras. Pinker comenta los trabajos que relacionan insultos y blasfemias con nuestro cerebro animal: las estructuras más primitivas, como los ganglios basales, están involucrados en las emociones. Personas que perdieron el habla por lesiones en la corteza pueden, sin embargo, maldecir. Y ciertas lesiones cerebrales convierten al paciente en una máquina de insultar. Tiene razón Enrique Pinti cuando defiende el poder liberador de las malas palabras; también los censores, cuando afirman que asaltan nuestra sensibilidad. Son poderosas: como los conjuros, están en diferentes lenguas, siempre vinculadas con el sexo, algunas funciones corporales y lo sagrado, “lo cual indica que proferir juramentos y obscenidades es un fenómeno neurobiológico coherente”.

También se disfrutan el análisis del testimonio de Bill Clinton sobre su becaria, y las palabras de George W. Bush que sirvieron para justificar la invasión a Irak. Y hasta el largo capítulo sobre los verbos, una de las inquietudes de Pinker, en donde juega el papel de profesor hasta la obsesión, acumulando ejemplos y explicaciones.

La traducción tiene baches, pero debe reconocerse que la tarea era descomunal. Por todo lo demás, se trata de una edición cuidada de un libro importante, que ofrece muchos momentos de iluminación y deleite.

http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1028516

De amor y de ciencia

Domingo, Junio 29th, 2008

¿Qué pasa cuando un embrión congelado en un tratamiento de fertilización asistida ya no se necesita? Un debate con aristas médicas, legales y filosóficas.

Por: texto Carola Birgin fotos Ariel Grinberg

En los centros de fertilidad y reproducción asistida, un detalle de la decoración se repite: fotos de bebés. Bebés solos. Bebés en pares idénticos. En tríos. Bebés que ríen y que lloran. Casi todos comparten el pasado: el óvulo y el espermatozoide que los concibieron se encontraron –mediante un procedimiento denominado ICSI – dentro de un tubito (cápsula de Petri). En muchos de los casos, además, los embriones estuvieron congelados durante algún tiempo antes de llegar a un vientre. El avance científico de los últimos veinte años hizo que nacieran oportunidades y también problemáticas nuevas gestadas en el vacío legal, los dilemas éticos y el desconocimiento. Una de ellas es qué ocurre cuando una pareja conserva embriones (o pre-embriones, según el cristal con que se mire) congelados con fines reproductivos y luego no puede o no quiere concretar el objetivo inicial.

Por una separación o porque alguno falleció, porque tal vez ya tuvieron varios hijos o porque quizá se dieron por vencidos en la búsqueda. ¿Qué pasa, entonces, con los embriones congelados cuando cambian los planes? Para evitar embarazos múltiples, hoy en los tratamientos se transfieren a la mujer sólo dos o tres embriones de los ocho que en promedio se generan por vez en una Fertilización in Vitro (FIV). En algunos centros, el resto se guarda para futuros intentos y para evitar el descarte.

La criopreservación consiste en colocar los embriones en pajuelas, sumergidas en tanques de nitrógeno a 196 grados bajo cero. La cuota anual de este procedimiento de ‘mantenimiento’ oscila entre $ 900 y $ 1.500. Las obras sociales y los planes de medicina prepaga no cubren ninguno de estos gastos. La esterilidad y la infertilidad, en este sentido, no estarían comprendidas como enfermedades. Hay contadas salvedades: Evangelina Sartirana y Natalio Talasconi, una pareja de Junín, lograron que un fallo judicial obligara a su obra social a solventarles todos los tratamientos necesarios para lograr un embarazo. Cuando una pareja recurre a esta técnica, acepta por escrito que, en caso de no utilizar los embriones para reproducción, se les dará un destino. Las alternativas son: cederlos para adopción, darlos para investigación o destruirlos explícitamente. No todos los centros avalan estas opciones. Y, llegado el caso, no todas las personas toman una decisión similar ni protagonizan la misma historia. Silvina y Matías (estos nombres no son reales) cedieron sus embriones por problemas económicos. Gloria Ramírez y Alberto Cimó también donaron, por solidaridad. Hay parejas, en cambio, que eligen descongelar aquellas células que ya no implantarán. Otros prefieren ofrecerlas para investigación y algunos, como Tamar y Simón Feigin, no se deciden por nada de esto y finalmente las “usan”.

DEL SUEÑO A LA PESADILLA

Dentro de un tiempo tal vez nazca el/los hijo/s que a comienzos de este siglo querían tener y no podían. Silvina y Matías no van a enterarse porque no serán los padres. En el año 2000, después de una angustiosa búsqueda, el matrimonio logró, mediante una FIV, producir siete embriones. Cuatro se transfirieron en dos intentos. El último fue exitoso. Resultó una nena que hoy está en primer grado. El resto de los embriones quedó en criopreservación. Luego Silvina quedó embarazada otra vez. Ocurrió naturalmente y, con panza a cuestas, volvió al instituto. Quería retirar sus embriones: no podía seguir pagando la cuota y ya no los necesitaba. Pensaba deshacerse de las células pero sus médicos la invitaron a cambiar de idea. Admite que sintió miedo; pensó que uno nunca tiene el futuro asegurado. Y no lo hizo. Pero dejó de abonar la cuota. Acumuló una deuda que hoy le es imposible afrontar. “Si dono mis embriones me la condonan, porque los que los reciban la asumen como gastos –explica Silvina–. Y si quiero retirarlos para decidir yo el destino que les doy, tengo que pagar lo que debo. Pero no tengo con qué, ya son más de dos mil pesos.” No tenían ningún plan B. “Llegamos ahí con tantas ganas de tener hijos… y sin poder. Congelamos embriones sin pensar en cómo sería, si llegaba, el día en que ya no los precisáramos. Yo ni lo pregunté; no es fácil expresar que uno podría querer deshacerse de ellos. Por la condena social, ¿viste?”, dice Silvina. “Dimos nuestros embriones porque no tenemos plata”, resume Matías con resignación. Gloria Ramírez y Alberto Cimó están orgullosos de haber donado. Los conmueve contarlo: en ocho intentos de fecundación asistida no consiguieron excedente de embriones; apenas si se producía alguno con chance de prender y se lo transferían a Gloria en fresco. Al fin llegó un embarazo pero no prosperó. La lucha fue larga y difícil. Estaban por abandonar y, antes de iniciar los trámites de adopción, jugaron una última ficha. “Juntamos fuerza, coraje y dinero. Nos juramos que sería la última vez, pase lo que pase”, recuerda Alberto. La apuesta fue acertada y, además de los embriones que se implantaron (dos se convirtieron en las melli María Lourdes y María Emilia, que ya cumplieron 20 meses), sobró uno que fue congelado. Pase lo que pase… “Sabíamos que no era para nosotros, ni dudamos: lo donaríamos”, afirma Gloria, una supervisora de enfermería de 46 años. Les aconsejaron esperar y concretar la cesión cuando nacieran las nenas. “Firmamos poco después del parto”, celebra Alberto, un comerciante de 53 años, viudo de su primera esposa y papá también de Natalia (29) y Paula (27). “Nosotros conocimos la necesidad y la dificultad, sabemos lo valiosa que es una posibilidad, no podíamos desperdiciarla. Ojalá ya se haya convertido en una vida y le haya dado a alguien la felicidad que ellas nos trajeron.” Según la legislación argentina, la madre de un bebé es la mujer que lo pare. Es decir que donar un embrión es ceder la maternidad/paternidad. “Por eso es dación –puntualiza el especialista en fertilidad Sergio Pasqualini, director de Halitus–, al hacerlo nosotros aclaramos que ya no se puede volver atrás.” Además, la adopción prenatal carece aún de regulación, es una práctica que no está prohibida pero tampoco se realiza en el marco de una normativa explícita.

MOMENTO DE DECISION

En algunos países, como España, tras cinco años de congelamiento se insta a darle algún destino a los embriones. En la Argentina no hay plazos estipulados. Jorge Blaquier dirige el centro de medicina reproductiva Fertilab, donde se criopreserva. “Al cabo de algunos años solemos hacer un seguimiento para persuadir a la pareja de que tome una decisión. Aun así, si bien se desconoce la durabilidad máxima de los pre-embriones congelados, sabemos que perduran por lo menos diez años”, indica. Diez años seguro. Si no, que lo diga Tamar Feigin: en 1997 nació su primer hijo, tras un tratamiento. En la misma cepa en la cual se concibió Alan, había siete embriones más. Cuatro de ellos quedaron congelados durante una década. En ese tiempo, ella se acostumbró a visitar el centro médico. “Iba para marcar presencia. Confiaba pero igual temía que les dieran algún destino sin consultarme.” Esta grafóloga de 49 años recorría seguido las opciones que tenía: donarlos, tenerlos o destruirlos. Y subrayaba las que podía: donarlos o tenerlos. “Veía el cederlos como un acto de generosidad. Destruirlos me parecía inconcebible, terrible. Tenerlos tampoco era fácil: mi marido ya tenía tres hijos con el nuestro y no nos daba la economía. Pensaba en embriones para dar vida, así que no contemplé la idea de darlos para investigación. Creía que los donaríamos. Era una buena alternativa… Aunque ¡sería hijo mío también! Me torturaba fantasear que Alan un día se podía enamorar de una hermana sin saberlo. Como en las novelas…” Tamar y Simón eligieron “tenerlos”. Fue una nena. Magalí nació el 12 de marzo de 2007 y pasó a la historia como la primera beba nacida de un embrión criopreservado durante diez años.

CALLEJON SIN SALIDA

Claudia Olivera y Miguel Angel Calderón son de Charata, Chaco. Hace nueve años tuvieron a Aldana. Como no lograban darle un hermanito, pidieron ayuda en un centro de fecundación. Implantaron algunos embriones sin éxito y dejaron tres en criopreservación. “Creo que si no prendieron esta vez, con los congelados menos. Así que volveríamos a probar pero con embriones frescos”, proyecta esta ama de casa de 35 años. En tal caso, se llevarán del consultorio una pequeña bolsa con hielo seco. Adentro irá el tubito con sus tres embriones: “Quisiera descongelarlos, no me preocuparía hacerlo, pero no sé si se puede”. Claudia tampoco sabe dónde podría, si quisiera, darlos para investigar.

Como casi nadie sabe, porque es el gran tabú. Si bien se reconoce la donación para investigación como una opción válida, al preguntar por esto la respuesta es unánime: “Se hace pero yo no sé adónde”. “La donación para investigación es controvertida porque acepta implícitamente que se destruyan los embriones”, plantea Blaquier. El médico Sergio Papier es terminante: “La mejor solución para los embriones abandonados es la dación o adopción prenatal”.

Sin embargo, en el Centro de Estudios en Ginecología y Reproducción (CEGYR), que él dirige, ya no es posible donar. “Tuvimos que dejar de hacerlo porque el marco legal no está claro. Ahora si los titulares de embriones quieren llevar a cabo cualquier acción que no sea la transferencia para reproducción de éstos dentro de esa pareja, exigimos que pidan autorización a la Justicia.” Esto es así desde hace tres años. Un abogado ya retirado (Ricardo Rabinovich-Berkman) elevó una petición para “proteger los embriones congelados”. La causa obtuvo fallo en el Juzgado Nacional en lo Civil Nº 56 y, luego de una apelación, la Cámara confirmó que Rabinovich sería tutor de todos los embriones criopreservados (cuando el abogado renunció a su matrícula, la Defensoría del Menor asumió la responsabilidad) y que se realizaría un censo de embriones.

Por eso, semestralmente Adriana Mato, la jefa de despacho del juzgado, recibe reportes de algunos centros de reproducción. “Sólo nos informan cuántos embriones congelados tienen y cuántos han transferido. No nos brindan identidad de su procedencia”, aclara. Alfredo Vázquez y Juan José Partamian son directores del Instituto Francés de Reproducción. Ellos no congelan embriones para eludir la controversia, que ejemplifican con las cifras que difundió en mayo del año pasado la publicación Fertility and Sterility: en 1999 en España había 2.000 embriones criopreservados que no se sabía qué destino cursarían; hoy son 40 mil. “

¿Qué ocurre si decae el interés reproductivo de una pareja o si se adormece la conciencia de los progenitores y abandonan los embriones?”, cuestiona Vázquez. Por ahora, se respaldan en la elección del método: sólo transfieren embriones en fresco. ¿Y en la Argentina? En diciembre de 2007 había, declarados, 11.894 embriones congelados. Y en el último semestre del año pasado, se transfirieron 2.482. Esto, sólo en siete instituciones porteñas. Mato agrega: “El fallo indica que cualquier implantación que no fuera en el seno de la madre requiere una presentación anterior aquí”. Al Juzgado Nº 56 no llegó nunca una solicitud. Tampoco se registran litigios sobre el tema. ¿La razón? No hay leyes. Así lo explica el abogado Salvador Bergel, titular de la cátedra UNESCO de Bioética en la Universidad de Buenos Aires: “En la Argentina no hay leyes sobre fecundación y menos sobre embriones congelados. No hay prohibiciones explícitas, aunque sí interpretaciones posibles en base a algunas disposiciones del Código Civil y el Pacto de San José de Costa Rica, que si se toman muy rigurosamente al pie de la letra podrían otorgarle a los embriones los derechos de las personas. Pero es discutible”. Las discusiones no llegan a un cuerdo y, mientras tanto, hay personas que siguen intentando y que siguen decidiendo, personas que hacen lo que creen, lo que quieren o simplemente lo que pueden, a la deriva en un agitado mar de desconcierto e imprecisiones. Como Silvina y Matías. Como Gloria y Alberto. Como Claudia y Miguel Angel. Como Tamar y Simón. Como tantos otros…

http://www.clarin.com/diario/2008/06/29/sociedad/s-01704306.htm

La ciencia y dios

Domingo, Mayo 18th, 2008

Fuente: Página 12 - Por Leonardo Moledo

Yo, Galileo, florentino, de setenta años de edad (…) arrodillado ante vosotros, los Reverendísimos Señores Cardenales Inquisidores, luego de que me fuera intimado por el Santo Oficio…

“¿Qué tiene la ciencia con Dios?” se preguntaba José Pablo Feinmann en este mismo lugar, tal vez un poco atónito ante el costo del supercolisionador de partículas que se llevó consigo la friolera de 40 mil millones de euros y que estará dedicado a buscar el “bosón de Higgs”. La asociación de ideas se disparó por el hecho de que León Lederman (Premio Nobel de física en 1988 por haber encontrado el quark “top”) llamó al dichoso y esquivo bosón la “partícula divina” en un libro de divulgación.

En realidad, no parece que a esta altura del partido la ciencia tenga demasiados problemas con los dioses de las diversas religiones monoteístas, como no los tiene con Zeus o con Amón-Ra, aunque es posible que entre los científicos occidentales subsista cierta molestia y un, creo yo, justificado rencor asociado a las diversas persecuciones que sufrieron los científicos por parte del cristianismo, que van desde la quema de Giordano Bruno en 1600 en Campo dei Fiore, pasan por el juicio a Galileo (que tuvo, entre otros “efectos colaterales”, el que Descartes se abstuviera de publicar muchos de sus resultados) y siguen con el molesto papel de la Inquisición que hoy, con otro nombre, Congregación para la Defensa de la Fe (que el papa Ratzinger presidió durante mucho tiempo) se cansó de poner, sacar y volver a poner libros en el Index. Sin olvidar tampoco los problemas suscitados por la Teoría de la Evolución, que mueven todavía hoy a la extrema, reaccionaria y religiosa derecha norteamericana a pedir que se saque de los programas de estudio, a inventar “una ciencia cristiana” y el “diseño inteligente”.

…a efectos de que debería abandonar para siempre la falsa opinión de que el Sol se halla en el centro del mundo e inmóvil y que la Tierra no es el centro del mundo y se mueve…

La verdad es que, a la luz de la historia de los últimos 400 años, parecería que es dios quien tiene problemas con la ciencia, lo cual, dicho sea de paso, es bastante lógico: a pesar de que la mayoría de los científicos, por lo menos hasta el siglo XIX, fueron fieles creyentes (la gran excepción fue Darwin, que hacia el fin de su vida se proclamaba francamente ateo, aunque igualmente fue sepultado en la Abadía de Westminster), a medida que las teorías científicas avanzaban y se volvían más complejas, las habilidades divinas parecían diverger más y más del quehacer de los investigadores, por lo menos si uno se atiene a sus actividades en la Biblia: es muy difícil imaginarse a dios mezclado con neutrones, protones, quarks, chips o genes que, es de suponer, excederían por completo su capacidad. Bastante contento debería estar con que un científico se avenga a denominar “divina” a la partícula última de la naturaleza (si es que existe) del mismo modo que debería alegrarse de que la Historia del tiempo, el best seller de Hawking, termine diciendo que si tuviéramos una Teoría del Todo “podríamos leer la mente de Dios”. Esto es, de perdurar, aunque sólo sea como recuerdo, en la metáfora.

…con todo mi corazón y fe sincera abjuro, maldigo y detesto los predichos errores…

También ocurre que las teorías científicas actuales no muestran ninguna preocupación por ser coherentes con la religión, como sí lo hacían las de los siglos XVI, XVII y XVIII. Newton requería la acción divina para mantener siempre activa la fuerza de gravitación, Hutton –que sin embargo fue acusado de ateísmo– elaboró sus hipótesis geológicas justamente porque no aceptaba que un dios bondadoso pusiera en riesgo el futuro del planeta como, sostenía, lo hacían las teorías anteriores, y así. Esta honorable preocupación de coherencia religiosa desapareció hacia fines del siglo XIX, barrida en gran medida por la Teoría de la Evolución, que ofrece obstáculos insalvables al mito de la creación divina y no es raro que, por ejemplo, en los manuales que la Provincia de Buenos Aires está repartiendo en las escuelas, cuando se habla de las distintas concepciones sobre el Hombre (así, con mayúscula), no se mencione a Darwin, seguramente para no herir la fina sensibilidad de los colegios católicos. Ni se nombra a Freud, dicho sea de paso.

…y juro que en adelante no diré ni aseguraré verbalmente o por escrito nada capaz de propalar, más, sabiendo de alguna cosa herética o de persona sospechosa de herejías, lo denunciaré ante este Santo Oficio…

“La razón científica a menudo se arrogó el derecho de decidir de qué se puede estar seguro, relegando como indignas otras formas de conocimiento, y que la ciencia no ilumina”, decía el finado papa Juan Pablo II, en una carta dirigida a la reunión de la Amistad entre los Pueblos, reduciendo a la astronomía, la geología, la biología, la física, la química et caetera a la modesta función de una lamparita.

Lo cierto es que una de las derivaciones de la ya alicaída modernidad fue arrastrar a buena parte del pensamiento a posiciones anticientíficas y oscurantistas (con el viejo cuento de la multiplicidad y equivalencia de relatos). Posición peligrosa, en especial en un país “en vías de desarrollo”, para utilizar el elegante eufemismo, que necesita de la ciencia y de la técnica para salir adelante.

…Y en caso de que contravenga cualquiera de estas promesas o juramentos, me someto a todas las penas establecidas y promulgadas en los cánones sagrados y otras constituciones generales o particulares, contra tales delincuentes.
Galileo Galilei, 22 de junio de 1633.

El Café de los científicos

Sábado, Mayo 17th, 2008

Fuente: Página 12

Libros y publicaciones

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EL CAFE DE LOS CIENTIFICOS: SOBRE DIOS Y OTROS DEBATES, Leonardo Moledo / Martín De Ambrosio, Buenos Aires, Capital Intelectual (“Claves para todos”), 2006, 112 páginas.

EL CAFE DE LOS CIENTIFICOS (II): DE EINSTEIN A LA CLONACION, Martín De Ambrosio, Buenos Aires, Capital Intelectual (“Claves para todos”), 2007, 112 páginas.

En 1926, el escritor austríaco Alfred Polgar publicó su ensayo Teoría del Café Central. En ese antro vienés convergían periodistas y científicos. Habría sido “una forma de organización de lo desorganizado”, un lugar donde “los que tiempo atrás habían perdido todo apetito por lo erótico recuperaban su hambre”.

El primero de los Cafés de los científicos, y cuyos resúmenes se publicaron puntualmente en este suplemento, organizados por el entonces director del Planetario porteño Leonardo Moledo, está dedicado, “obviamente”, al pastor etíope Kaldi, legendario descubridor de la planta del café. También el segundo volumen está bajo la enseña del café y ya anuncian un tercero.

En cada uno de los libros de la serie, los científicos beben sobrio café y dialogan organizadamente, ante un público no menos sobrio y bebedor. Los oyentes primero y los lectores ahora advierten que en verdad nunca habían perdido el hambre erótica por ese tipo de conocimiento llamado ciencia, que es de una cualidad y calidad especialísimas.

En Sobre Dios y otros debates, dieciocho científicos conversan en nueve cafés sucesivos. Los temas que los convocan se cuentan entre aquellos que representan lo más actual y “de punta” en muchas investigaciones recientes. Se cuentan también entre aquellos que más han disparado, con la obsesión de las artes o el apocalipsis aggiornado de los predicadores, la vasta imaginación popular.

Es así que José Latorre, Alberto Baldi, Andrés Carrasco, Lino Barañao, Diego Mazzitelli, Ricardo Piegaia, Moisés Burachik, Walter Pengue, Leonardo Levinas, Diego Harari, Osvaldo Podhajcer, Marcelo Rubinstein, Guillermo Lemarchand, Juan Carlos Forte, Alicia Massarini, Esteban Calzetta, Silvina Solman y Osvaldo Canziani hablan entre sí por orden de aparición y a veces discuten con lucidez cafeínica, sobre vacas locas y priones, hombres y clones, átomos y vacíos, orgánicos y transgénicos, uno y el universo, el genoma en su laberinto, terráqueos y extraterrestres, la vida y la muerte, el clima y el climaterio.

El subtítulo del libro, con su suave ironía, es cuando menos oportuno. Los científicos discuten Sobre Dios y otros debates. Sobre todas las cosas que pueden saberse, como era el lema del uomo universale renacentista Pico della Mirandola. Y sobre algunas más, como le agregó con malicia el español Francisco de Quevedo.

Otro tanto vale para De Einstein a la clonación. Aquí Martín De Ambrosio (durante muchos años colaborador de este suplemento) registra, comenta y presenta otros nueve cafés. Elvira Arnoux, Juan Carlos Calvo, Daniel Cardinali, Horacio Encabo, Gastón Giribet, Diego Golombek, Rodolfo Goya, Diego Hurtado de Mendoza, Roberto Kaplan, Diego Mazzitelli, Ricardo Miró, Roberto Perazzo, Daniel Salamone, Daniel Schávelzon, Mario Silveira, Antonio Tersigni, Juan Carlos Villalonga, Rosalía Vofchuk y el llorado Julio Nudler dirigen sus esfuerzos conversacionales, auxiliados por el estimulante, al dormir, acaso soñar, a la física después de la sucesión sin testamento de Albert Einstein, a la arqueología y el urbanismo, a la economía y sus falsos (y no tan falsos expertos), a las afinidades electivas y las relaciones peligrosas entre la ciencia y la guerra, al hoy, ayer y mañana de la clonación, a la vejez, el envejecimiento y la fuente de la eterna juventud.

Organizadores y compiladores han sabido darle a cada uno de los cafés, en su forma escrita, la necesaria concisión. Han procurado un equilibrio, siempre inestable, nunca desagradable, entre coloquialismo y redacción definitiva. Al encontrarse en público con sus colegas, los científicos se ven obligados a un esfuerzo paralelo de divulgación y exactitud, porque no pueden valerse de las comodidades de la jerga. Deben abandonar, siquiera por un momento, las “imprecisiones de la ciencia por las precisiones del lenguaje”, según decía el novelista Vladimir Nabokov. Que también era, como nadie ignora, un entomólogo, especialista en lepidópteras.

Contra lo que se podría creer, estos Cafés no invitan a ninguna credulidad en materia científica, sino al escepticismo. Y aun al escepticismo del escepticismo: “mirá lo que te espera si en mentiras no crées”, según la letra de un tango, también circa 1926, que cita Julio Nudler, periodista de periodistas, cuya triste ausencia, por cierto, se hace notar y todavía se lamenta.

Sergio Di Nucci

La teoría de la evolución de Darwin, en Internet

Sábado, Abril 19th, 2008

Fuente: Revista Eñe, Clarín

La versión original del más famoso estudio del naturalista inglés Charles Darwin (1809-1882), estará disponible a partir de ahora en Internet, junto a otros miles de documentos del científico.
MANUSCRITOS, documentación y fotografías relacionadas con el científico británico podrán consultarse online. El primer borrador del escrito se publicará junto a miles de documentos del científico que han sido colgados en la red por la Universidad de Cambridge (sur de Inglaterra). Los documentos pueden ser consultados, de forma gratuita, en esta página.

Según dijo un portavoz de la universidad a la agencia británica de noticias P

A, la publicación es la mayor de este tipo e incluye alrededor de 20.000 artículos y casi 90.000 imágenes.

“Además del primer borrador de su teoría de la evolución, la vasta colección de artículos relacionados con Darwin incluye miles de notas y borradores de sus escritos científicos, así como notas de su expedición en el barco Beagle”, añadió.En la página web pueden encontrarse, igualmente, fotografías de Darwin y su familia, recortes de prensa, críticas de sus textos e, incluso, un libro de cocina de su mujer, Emma Darwin.

Historia de un genio
Charles Robert Darwin nació en Shrewsbury (centro inglés) en el seno de una familia acomodada de la Inglaterra Victoriana. Hijo y nieto de médicos, estudió durante dos años medicina en Edimburgo para seguir luego estudios de teología en Cambridge, donde uno de los profesores, el naturalista John Stevens Henslow, despertó su interés en las ciencias naturales.

Por recomendación de ese profesor y con sólo 22 años se embarcó en el Beagle como naturalista de una expedición alrededor del mundo que iba a durar casi cinco años: desde el 27 de diciembre de 1831 al 2 de octubre de 1836.

Ese viaje, en el que recorrió las costas atlántica y pacífica de Suramérica, le permitió estudiar las aguas y corrientes oceánicas y la geología y vida silvestre de muchos lugares de América Latina, así como hacer expediciones para recoger especímenes de la flora y la fauna y ver como éstas variaban según los distintos lugares.

Ya de vuelta en su país, influido por el geólogo Charles Lyell y el economista Thomas Malthus, desarrolló su teoría de la selección natural: los seres vivos tienen una ascendencia común y la diversidad de especies es resultado de la acción de la selección natural a lo largo de los siglos.

A su libro más famoso, El origen de las especies, publicado el 24 de noviembre de 1859, siguió en 1871 El Origen del hombre, que aplica su teoría de la evolución al hombre, al que presenta como un animal emparentado con el mono.

El padre de la teoría de la evolución murió en 1882, y sus restos están enterrados en la abadía londinense de Westminster.

“El país puede progresar sólo si produce su propia ciencia”

Miércoles, Marzo 12th, 2008

Fuente: Página 12 - Por Emanuel Respighi

Entrevista al periodista y matematico Adrian Paenza

No quiere pecar de arrogante y se corre a la hora de definir su influencia en el “fenómeno” de la divulgación científica en la Argentina. Prefiere remarcar el clima general propicio, que incluye desde la política oficial hasta el rol de los medios.

Científicos, industria argentina (Canal 7) arranca el próximo lunes su sexta temporada.

Matemático y periodista, ambos por vocación, Adrián Paenza es un estudioso de los números. Para él, como para muchos otros investigadores y científicos con menor repercusión pública, los números y sus relaciones son una de las formas más ricas para desarrollar el intelecto y adquirir conocimiento, aunque sea en abstracto. Tal vez por esa razón de peso, los números –sean binarios, enteros, reales o decimales– son una obsesión para Paenza, al mismo nivel que el fútbol o el básquet. No es casualidad, entonces, que en la gacetilla de presentación del nuevo año de Científicos, industria argentina, lo primero que se lee es “Diez barra tres más ocho por siete a la sexta”. ¿De qué se trata? ¿De una nueva fórmula matemática? Nada de eso, o sí: es la fecha (críptica) de estreno del programa producido por El oso producciones, que el 10 de marzo a las 20 por Canal 7 iba a comienza su sexta temporada. Pero, se sabe, las fórmulas matemáticas no siempre son aplicables a la TV local, ya que Científicos…, en realidad, comenzará el lunes próximo, a las 20.

En el Año Internacional de la Enseñanza de la Ciencia, Científicos… vuelve a tumbar molinos de viento en su compromiso de mostrar con un lenguaje llano, entretenido y codificado los avances de la ciencia, las últimas investigaciones y el espíritu de los investigadores que trabajan a lo largo del país, en la mayoría de los casos sin reconocimiento y mucho menos presupuesto. “El programa no es nuestro, sino de la comunidad científica argentina, que lo abrazó como propio, lo siente propio, y es hincha de él. Esperan que vayamos con las cámaras, cooperan con el producto, nos enseñan a divulgar y promover lo que se hace en el país. Y cuando digo el país, lo digo con orgullo. Dimos vuelta la Argentina dos veces tratando de exhibir lo que se hace y se produce en materia de ciencia. Lo que no hicimos fue porque no tuvimos más tiempo o por nuestra propia impericia”, comenta Paenza, que llevó la ciencia y la matemática a los hogares, no sólo a través del programa sino mediante la saga Matemática… ¿estás ahí?, cuyas tres entregas se convirtieron en best seller en el país.

Además de continuar con las clásicas secciones (“Invasiones”, “Ciencia y ficción”, “Universos ocultos”, “Mirando al cielo”, “Sabías qué?” y los acertijos), el ciclo 2008 contará con la participación de nuevos columnistas: Alberto Kornblihtt, uno de los biólogos moleculares más reconocidos del mundo, explicará los secretos del ADN, y Carolina Vera, doctora en Ciencias de la Atmósfera, estudiará el inquietante panorama que propone el cambio climático. Se sumarán a Fernando Boro, que continuará abordando detalles poco conocidos de los hechos más destacados de la humanidad, Sebastián Apesteguía y el estudio de los dinosaurios, Galo Soler Illia y su obsesión por los mundo pequeños y Mariano Ribas en su inquietud por el espacio y la astronomía.

–¿Pensaba cuando comenzó con este proyecto que un programa sobre ciencia podía mantenerse seis años al aire de la competitiva TV argentina e incluso haber tenido una escala en la TV comercial (Telefé)?

–No, no sólo no lo pensaba sino que nunca me imaginé que un proyecto de estas características pudiera transformarse en el programa de mayor duración en el que trabajé en mi carrera, salvo Fútbol de Primera. Es decir: empecé a trabajar en televisión en febrero de 1972 (hace 36 años), y ningún programa que hice superó los cinco años, ninguno (salvo el fútbol). Pero me haría entonces otra pregunta: ¿cuántos programas en los últimos 30 años superaron el lustro de vida? Lo que también queda claro es que el compromiso que establecimos con Claudio Martínez (el productor general del programa) de que nunca dejaríamos que el rating fuera un factor (ni en Canal 7 ni en Telefé), se cumplió. Ni en nuestros dos primeros años en el 7, ni los siguientes dos en Telefé, ni el pasado y el presente otra vez en el 7, el rating fue un factor. Todos nos han dejado trabajar con comodidad y nos ayudaron y estimularon de distinta forma.

–¿Por qué cree que el programa se mantiene en el aire?

–Porque el país necesita tener no sólo uno, sino varios programas como éste. Desde ya que el canal público, que la televisión pública tiene que tener uno, pero debería ser un compromiso de todos los otros también. Así como hay un lugar para el entretenimiento y la información, no puede no haber uno para la formación. Creo que esto se está esparciendo como idea dentro de los canales, y en un futuro no muy lejano intuyo que todos los canales de aire del país tendrán un ciclo parecido.

–¿Que Canal 7 apueste nuevamente al ciclo de difusión científica en su programación responde a un hecho aislado o forma parte de una política estatal integral?

–Me parece que no sólo no es un hecho aislado sino que muestra que hay un proyecto, que no había antes o no estaba tan claro. Hubo siempre esfuerzos e intentos individuales, pero sonaba más a “un compromiso” que a una real convicción. Así como en su momento Claudio Villarruel y Bernarda Llorente apostaron en Telefé, desde que llegó la nueva administración a la televisión pública, con Rosario Lufrano y Martín Bonavetti, está claro que hay una idea, un objetivo y una propuesta de televisión pública. Les he manifestado reiteradamente a ellos dos que cuentan conmigo para lo que nosotros podamos hacer o aportar. Más aún: me siento muy orgulloso de participar de este proyecto. No quiero omitir la importancia que tuvieron en esto el ex ministro Filmus y también Tristán Bauer. La aparición en la escena televisiva del canal Encuentro va en la misma línea y muestra que “no- sotros también podemos”.

–¿Cree que el programa y los diferentes libros suyos rompieron con el prejuicio social y político acerca de que la ciencia es una rama destinada a que la entiendan sólo un grupo de aburridos nerds?

–Igual que antes, cualquier respuesta que intente dar a esa pregunta me hace sentir arrogante. En todo caso, programas como Científicos… y los libros, no sólo como los míos, sino todos los de la colección Ciencia que Ladra, no existieron antes porque no estaban dadas las condiciones. De hecho, yo podría haber escrito los tres libros hace veinte años. No lo hice porque ni yo estaba en condiciones (aunque tenía los temas que ya enseñaba en la facultad) ni nadie los reclamaba desde ningún sector. Es algo así como que hubo un tiempo de maduración.

–¿Siente que la sociedad y los medios finalmente comprendieron la necesidad y el atractivo de difundir la ciencia?

–Lo que va a pasar ahora será que habrá más y mejores programas, más y mejores libros. A eso tenemos que apuntar: a darle lugar a la gente más joven, con creatividad, con ideas, y a ellos hay que darles las oportunidades que no tienen. No sólo recurrir a las personas conocidas.

–¿Qué le parecen los canales científicos que existen en la TV por cable (NatGeo, Discovery, etcétera)? ¿Favorecen el acercamiento del público no académico a la ciencia o, por el contrario, lo alejan?

–Sí. No estoy en la Argentina la mayor parte del año, pero creo que cuantas más fuentes de información y formación haya, mejor. Todo lo que permita que una persona tome decisiones más educadas en su vida, que tenga mayor información, que pueda elegir mejor, que entienda de sus derechos, que los sepa defender, que pueda satisfacer sus curiosidades, que lo estimulen a descubrirlas, es mejor. Es siempre mejor saber que no saber. Lo que hay que hacer es romper con el mito de la ciencia como algo sólo accesible para un grupo de privilegiados elegidos. La ciencia es y debe ser para todos, sin distinciones de ningún tipo. El compromiso del Estado tiene que ser ése. Hay muchas formas de ignorancia, no sólo la de aquel que no sabe leer ni escribir.

–¿Cómo se desarrolla la difusión científica en los medios de Estados Unidos?

–Parecido a como se hace en la Argentina. Posiblemente, como hay mucha más gente, hay también muchas más posibilidades económicas (resentidas en el último tiempo), pero finalmente hay más posibilidades. Pero tampoco veo una gran diferencia en cuanto al acceso del público en general. Pero así como en nuestro país, hay algunos gigantes que se están despertando. Y eso es muy bueno.

http://www.pagina12.com.ar

¿Ciencia vs ética? Cuando en el debate se va la vida.

Jueves, Enero 24th, 2008
23/01/2008 07:33  

http://www.derf.com.ar

| Fuente:  23 de enero de 2008 Infobae-ei

El nacimiento de la beba española para favorecer el tratamiento contra la leucemia de su hermana encendió la polémica.
“Si pudiera salvar a un hijo y eso implica manipular células lo haría”, dijo un profesional consultado por Infobae.com.
El caso se dio a conocer al mundo esta semana. La pequeña Erine Cabrera tiene cuatro años y padece leucemia. Sus padre decidieron traer al mundo a Izel, su hermana, que nació para ser la donante de células madre provenientes de su cordón umbilical.

“Es un tema de debate; hoy la ciencia permite que una pareja que tiene riesgo de descendencia anómala pueda seleccionar un embrión sano y hacer que se convierta en su hijo”, explicó a Infobae.com el doctor Román Bayo, médico hematólogo y director médico de Matercell, el primer banco de células madre de cordón para uso propio de América del Sur.

El banco funciona en el país desde octubre de 2003 y su puesta en funcionamiento fue posible luego de que el profesional contara con un largo antecedente en trasplante de médula ósea.

“La sangre de cordón me pareció que era la fuente del futuro de provisión de células para trasplante”, contó Bayo, quien agregó que no tuvo demasiadas posibilidades de armar un banco público hasta pares suyos advirtieron que “estos bancos funcionaban en el ámbito privado” y lo desarrollaron.

Consultado acerca de las controversias que este tipo de procedimientos genera respecto al “uso” que se hace de la ciencia, el profesional destacó: “Si la ciencia permite –por ejemplo- cortar una cadena de transmisión anómala y que nazca una persona sin problemas es más que positivo”.

“Creo que lo que no está bien es no hacerlo si existe la necesidad de los padres de mejorar su descendencia”, destacó el profesional, quien preguntó: “¿Seleccionar un embrión para darle a un niño enfermo la chance de salvarle la vida, está mal?”

Para Bayo, otro tema a tener en cuenta será “cómo se sentirá el niño traído al mundo para salvar a su hermano”, por lo cual los padres deberán estar preparados para responderle –por ejemplo- cuando el menor se pregunte si lo querían a él o ansiaban tanto el bienestar del otro que fueron capaces de traerlo al mundo para salvarlo.

“Si yo tuviera un hijo gravemente enfermo y podría salvarlo lo haría aunque eso implique manipular células”, aseguró el médico sin dudarlo, a lo que agregó que “una persona no es un conjunto de células”, por más que le queramos dar esa categoría. Y explicó: “un embrión tiene la potencialidad de transformarse en persona, pero no lo es, a diferencia de cuando es feto que sí ya tiene vida”.

En ese sentido, Bayo consideró que “lo que uno no tendría que hacer es dañar; crear un feto para hacer uso de su hígado y después descartar el individuo me parece espantoso, pero si elijo entre un conjunto de células amorfas que no tienen sensaciones ni nada que se le parezca las más adecuadas para llevar adelante la generación de una persona completa no me parece mal”.

“Si no hay donante para mi hijo enfermo, ¿voy a dejarlo morir?”, insistió el profesional.

Por qué guardar células madre
Bayo observó que hace unos años, “la gente conserva las células madre porque tiene expectativas; porque saben que es importante y que la importancia va a ser más con el tiempo”.

“La utilización de células de cordón para regenerar células de medula ósea no es la mayor”, comentó el hematólogo, quien destacó que “la posibilidad de regenerar tejidos en general (cardiaco, renal, hepático) es la que más interesa”.

“Lo primero que se supo en la materia es que en la médula había células capaces de regenerar médula ósea y que tomando una porción pequeña de médula y trasplantándola a otra persona, ésta recuperaba su función de fabricar sangre”. Así fue que empezaron los trasplantes de medula ósea en los años ´60.

Así funcionaron las cosas hasta que se descubrió que ésas células eran “capaces de transformarse en otra cosa y que podrían servir no sólo para regenerar medula ósea sino tejido que podría ayudar a revertir una serie de patologías”.

“En la práctica, hay pocas personas que necesitan regeneración de medula ósea, en cambio muchas que necesitan regenerar tejidos neurológicos, cardiológico, endocrinológicos”, dijo Bayo quien concluyó: “La célula autóloga (la de la propia persona) es la mejor que puede recibir un ser humano, si es sana y funcional, por lo que si se la guarda es posible que sirvan para regenerarnos en el futuro y mejorar un estado de salud”.

El procedimiento
Tras el parto, se guarda la sangre del cordón umbilical, la cual se “recolecta en una bolsa similar a las de donación, con anticoagulante e identificada con código de barras”.

Luego se la lleva al laboratorio, donde, además de ver la calidad de la muestra, (a veces es escasa y no se congela porque no va a servir) se cuentan las células y se ven las características, al tiempo que se eliminan la mayor cantidad de glóbulos rojos y plasma.

“En el país tenemos una técnica estandarizada con la utilizada en los bancos de los EEUU”, puntualizó Bayo.